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    El maestro Sasha, un ruso que educa a futuros actores mexicanos

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    El Instituto Ruso Mexicano de Cine y Actuación Serguei Eisenstein supone un vivo ejemplo de la atracción mutua entre Rusia y México que celebran este año el 120º aniversario de las relaciones diplomáticas. Su plantilla multinacional incluye a más de 20 profesores, entre ellos, el ruso Alexander Minchenko, o Maestro Sasha, en cuyas clases de expresión corporal los futuros actores aprenden a manifestarse a través del movimiento.

    El Instituto Ruso Mexicano de Cine y Actuación Serguei Eisenstein supone un vivo ejemplo de la atracción mutua entre Rusia y México que celebran este año el 120º aniversario de las relaciones diplomáticas. Su plantilla multinacional incluye a más de 20 profesores, entre ellos, el ruso Alexander Minchenko, o Maestro Sasha, en cuyas clases de expresión corporal los futuros actores aprenden a manifestarse a través del movimiento.

    “El teatro no verbal es de por sí bastante difícil, entre otras cosas, porque nadie escribe obras para este género. Mis alumnos no serán mimos ni bailarines pero, igual, trato de enseñarles que ningún movimiento tiene sentido, a menos que nazca de un impulso interno. Cada gesto, cada movimiento de un actor debe ser igual de inteligible que su palabra”, explicó Alexander Minchenko en una entrevista con RIA Novosti.

    En su trabajo, el profesor usa el método de Konstantín Stanislavski y Mijaíl Chejov, dos pilares de la escuela de actuación rusa.

    Nacido en la zona de los Urales en 1953 y graduado en la Universidad Estatal de Cultura de Moscú, Alexander Minchenko fue solista del Teatro Dramático de Danza de Gedrius Matskiavicius, una compañía que en la época del 1970-1980 hizo mella en el panorama cultural de Moscú. Visitó una decena de países con este grupo, en el que interpretó entre otros el papel protagónico en “Fulgor y muerte de Joaquín Murieta”, de Pablo Neruda.

    En 2002 se instaló en la Ciudad de México por invitación del Instituto Serguei Eisenstein donde imparte clases de expresión corporal y actuación. Montó varios espectáculos, entre ellos, “El Alfarero”, “Estación de…”, “Diálogos de amor y odio”, “Color blanco sobre música japonesa” y “TocoTín” que pasaron a formar el repertorio del Teatro no verbal para niños y jóvenes, compañía que organizó en 2005 y con la cual recorrió todo México, además de viajar a Colombia e Italia.

    Alexander, o Maestro Sasha que es como le llaman cariñosamente aquí, confiesa sentirse muy a gusto en México. Admira la diversidad cultural de este país pero, sobre todo, la amabilidad de su gente: “Aquí todos son muy amables, vas por la calle y, si necesitas ayuda, personas desconocidas siempre se detienen para echarte una mano”. Otra cualidad que aprecia mucho en los mexicanos es “su capacidad de disfrutar el momento” sin preocuparse demasiado por el futuro.

    En plano profesional, Minchenko se siente realizado en su nueva patria: “No siempre damos muchas funciones, tampoco ganamos un montón de plata pero dudo de que en otra parte haya logrado crear tantos espectáculos en tan poco tiempo. Aquí nadie me pone trabas”. Por encima de ambiciones personales él coloca el desarrollo creativo de sus alumnos. Cada espectáculo se monta a la medida de estos jóvenes, con los que Alexander realiza al menos dos ensayos semanales, de hora y media o dos horas de duración. Siempre busca nuevas cosas, afirman sus alumnos.

    “Mi objetivo es generar ideas que les ayuden a realizarse”, dijo el maestro. Entre sus planes futuros está la confección de un nuevo programa de actuación para el Instituto y la creación de un espectáculo que se va a titular probablemente “Arco iris sobre espejo negro”.

    El fotógrafo italiano Antonio Ancarola, quien ha colaborado con Alexander Minchenko en varias ocasiones y organizado en Florencia una exposición dedicada a su teatro, señala que “en cada imagen se nota una escena bien construida, una especie de cuento dentro del cuento que se desarrolla ante los ojos con extrema elegancia y pasión gracias al espléndido trabajo de los actores”. Son "obras ideales para un fotógrafo", porque "han sido concebidas y ejecutadas a partur de las mismas reglas que una sesión de fotos: llevan armonía, simetría, dinamismo, ritmo y contenido, es decir, los elementos que, si se combinan bien, pueden expresar cualquier condición de la naturaleza humana sin el uso de la palabra".

    Erick Fonseca, autor y presentador  del programa “La lista de Erick” en la cadena rusa de televisión hispanohablante RT, atendió a las clases de Minchenko hace varios años, antes de viajar a Rusia. “Plantarme en el escenario y tener confianza en sí mismo es lo primero que me ha enseñado Alexander”, confesó Erick, a quien aquella experiencia ayudó mucho en Moscú cuando aún no hablaba ruso pero ya tenía que hacer primeros ejercicios en la Escuela Teatral Schukin.

    Gracias a Minchenko aprendió a “ser orgánico en cada contexto”, “sentir el ritmo” que mueve cada espectáculo. “También la flexibilidad. Un actor no tiene que ser fuerte, hecho de músculos, sino flexible porque la flexibilidad es mucho más expresiva y, de repente, un movimiento, un detalle bonito de algo dan mucho”, explicó en una entrevista con RIA Novosti.

    Victoria Santaella, quien acaba de graduarse en el Instituto Ruso Mexicano, afirma que es el Maestro Sasha quien le enseñó a trabajar en equipo. A día de hoy, Victoria colabora en diversos proyectos de teatro independientes y también participa en “TocoTín”, un espectáculo conmovedor y didáctico en el que Minchenko muestra a cinco niños de origen social y nacionalidad diferentes integrándose poco a poco a través del juego.

    Es un ejemplo perfecto del “teatro en que la palabra es innecesaria por una u otra razón”, según Victoria. La palabra “maestro” para esta joven actriz engloba muchas cosas pero “entregado” y “noble” son los primeros calificativos que se le ocurren hablando de Minchenko, a quien define como “artista”.

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