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    En 1977, durante cuatro días un avión de Lufthansa en el aire no pudo aterrizar en ninguno de los aeropuertos de Europa y Oriente Medio, y solo pudo repostar. Al quinto día la capital de Somalia le dio permiso. Pero una vez en tierra, en la proa del Boeing detonó una granada deslumbradora.

    El vuelo salió de las Islas Baleares con dirección a Alemania el 13 de octubre. Además de la tripulación, a bordo del avión había casi 100 pasajeros. Entre ellos, algunos iban armados con granadas y con una bomba plástica.

    La columnista de Sputnik Olga Bugrova escribe que los secuestradores eran terroristas de la Fracción del Ejército Rojo, también denominada banda Baader-Meinhof (llamada así por los apellidos de dos de sus principales líderes), una de las organizaciones terroristas revolucionarias más activas de la Alemania Occidental en la posguerra.

    "El mes de octubre de 1977 supuso el auge de su actividad", afirma el profesor titular del departamento de Historia General de la Academia de Economía Nacional y Administración Pública, Ilia Zhenin.

    El catedrático explica que se trataba de una organización de extrema izquierda que apareció en Europa durante los disturbios estudiantiles de 1968 y que fue dolorosamente recibida sobre todo en Alemania, ya que la izquierda radical criticaba a las autoridades porque muchos políticos alemanes habían empezado su carrera durante el período del Tercer Reich

    Primero los miembros de la fracción lo discutieron, luego fueron a destrozar las catedrales del capitalismo: quemaron supermercados y robaron bancos, afirma Zhenin. Y al mismo tiempo añade que su actividad militar consistía en secuestros con el fin de recibir un rescate y llevar a cabo asesinatos.

    El secuestro del avión fue organizado por los extremistas alemanes con sus cómplices de la Organización para la Liberación de Palestina, quienes prometieron fusilar a los pasajeros si el canciller alemán, Helmut Schmidt, no cumplía con dos requisitos. El primero era pagar 15 millones de dólares por el presidente de la Unión de Empresarios secuestrado. El segundo era liberar a 12 terroristas de las cárceles. El empresario fue fusilado por no haber sido rescatado. 

    Las autoridades prometieron dejar en libertad a los terroristas, e incluso persuadieron a los secuestradores de que sus compañeros ya estaban en libertad y que esperaran un encuentro en Somalia. Pero para aquel entonces ya habrían asesinado al comandante del Boeing.  

    En aquel entonces Somalia era el único país que permitió a Alemania llevar a cabo una operación antiterrorista en su territorio, aunque no lo hizo gratis. El avión fue atraído por la noche. En el aeródromo en Mogadiscio fueron encendidos fogatas de bienvenida, lo que en realidad resultaron ser parte de una maniobra de distracción. 

    Cuando las puertas del Boeing empezaron a estallar y unas voces alemanas ordenaron a los pasajeros que se tiraran al suelo, los terroristas cometieron el error de no mezclarse con ellos e intentaron oponer resistencia. En siete minutos tres de los cuatro fueron eliminados, y este último quedó gravemente herido. El mismo día en Alemania murieron cinco radicales que formaban parte del núcleo de combate de la Fracción del Ejército Rojo. Las circunstancias en las que murieron, apunta Bugrova, siguen sin estar claras.

    Etiquetas:
    Tercer Reich, atentado, secuestro, aviones, Somalia, Alemania
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