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    Qué datos privados regalamos a Google y a Facebook y cómo evitarlo

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    Este 24 de noviembre, el Instituto Nacional de Estadística (INE) de España rastrea más de 40 millones de dispositivos a fin de recopilar datos sobre movilidad de los residentes del país.

    "Nos interesan datos agregados de cómo se mueve la población en las distintas áreas del país y, de ninguna manera, al INE le interesa obtener datos individualizados tanto de terminales como de personas", según el director general de Productos Estadísticos del INE, Alfredo Cristóbal.

    Este estudio es parte de uno más amplio que comprende también días laborables del lunes 18 al jueves 21. Para rastrear los festivos, el Instituto va a analizar el movimiento de los residentes españoles el 25 de diciembre y un par de días en verano.

    Pese a esta declaración, mucha gente ha expresado su insatisfacción y falta de confianza. No creen que los datos vayan a ser anónimos. Hay quien ha expresado su deseo de ser excluido del estudio. Mientras tanto, lo que la gente suele olvidar es la vigilancia a la que se someten nuestros teléfonos móviles de forma constante y en silencio, escribe la abogada Paloma Llaneza en su libro Datanomics.

    Nuestro móvil recoge nuestra ubicación en cada momento

    Todo comienza cuando una aplicación nos pide permiso para conocer nuestra ubicación. Además de las aplicaciones como Google Maps, existen otras apps que también la necesitan y que no resulta tan evidente, como el bloc de notas, la cámara o la galería de fotos, aparte de todas las de Google. ¿Para qué hace falta decirle a Facebook, a Twitter o a Instagram dónde estamos?

    ¿Cómo deshacernos de este tipo de vigilancia? Hay que recordar que se puede denegar estos permisos o, por ejemplo, prohibirle a Google acceder al micrófono si no necesitamos el buscador por voz, aconseja Llaneza.

    El hecho de que los datos que recogen estén anonimizados no significa que nuestra privacidad esté protegida. Así, un estudio publicado en Nature demuestra que con 15 datos anonimizados se puede identificar a una persona con un 99,98 % de fiabilidad.

    Los datos que damos de manera gratuita se usan para obtener ingresos

    Dos de las empresas que recogen más datos de sus usuarios son Google y Facebook. Obtienen sus ingresos principalmente de la publicidad, y necesitan hacerla orientada a los clientes con la mayor exactitud posible.

    La información personal que guardamos en estos servicios normalmente se puede consultar dentro de los mismos. Así, en la sección Mi actividad de Google, podemos ver la lista de vídeos de YouTube que hemos visto y todos los sitios donde hemos estado si le habíamos dado el permiso de rastrearnos.

    Cabe recordar que Facebook, por ejemplo, además de nuestro nombre, edad y sitio de trabajo también dispone de todos los datos de WhatsApp e Instagram, plataformas ambas de su propiedad. Los asistentes de voz de Google, Amazon y Apple están en escucha activa siempre, y no solo cuando los activamos. También recogen información las pulseras de fitness como Fitbit. En los iPhone también hay una aplicación de salud instalada por defecto que registra muchos datos similares, advierte la abogada.

    Además, las conocidas cookies recopilan información anónima pero vinculada a nuestro navegador o a nuestro perfil de Google. Son ellas las que tienen la culpa de que nos topemos con anuncios persistentes de productos que hemos consultado en otras ocasiones.

    ¿Es posible borrar nuestros datos?

    Si eres europeo, el Reglamento General de Protección de Datos de la UE nos concede los derechos de acceso, rectificación, supresión, oposición, portabilidad, olvido y limitación del tratamiento de nuestros datos privados.

    Plataformas como Google y Facebook permiten consultar, limitar y borrar los datos desde sus propias páginas web y aplicaciones. Sin embargo, en su libro Llaneza recuerda que las compañías están obligadas a borrar los datos directos si lo pedimos pero no la información que han sacado de estos datos sobre las cosas que nos gustan o pueden interesar.

    En conclusión, Llaneza nos pide plantearnos si vale la pena sacrificar nuestro derecho fundamental al anonimato y nuestra privacidad por la comodidad que obtenemos al aceptar todas las condiciones que nos imponen los servicios de Google y las aplicaciones de nuestro teléfono.

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