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    Solo unos meses antes de la firma del acuerdo SALT I, el cual limitó el número de misiles nucleares de las dos superpotencias más grandes del mundo, EEUU estaba a punto de iniciar la operación 'Ivy Bells', una de las más atrevidas y peligrosas de la Guerra Fría, según el artículo de Matt Blitz para la revista Popular Mechanics.

    "En la profundidad del mar de Ojotsk, el submarino nuclear estadounidense Halibut escucha en silencio las conversaciones secretas de la Unión Soviética. Los buzos de la Marina emergen de un compartimiento oculto y caminan a lo largo del fondo del mar en completa oscuridad, escuchando las conversaciones telefónicas que pasan por las líneas de comunicación de la Unión Soviética bajo el agua", escribe el autor.

    Según Blitz, EEUU estuvo escuchando este cable de comunicación soviético durante una década o más, y muchos de los detalles todavía permanecen clasificados.

    En las profundidades del mar

    No es un secreto que EEUU y la URSS pusieron en marcha una guerra de inteligencia silenciosa que se prolongó durante décadas y es probable que continúe hasta nuestros días, incluso después de la caída de la Unión Soviética, señala el autor.

    La operación 'Ivy Bells', entonces sin precedentes, demuestra a qué profundidad, literalmente, podría bajar el Gobierno de EEUU para espiar a su rival de la Guerra Fría.
    Según Sherry Sontag, coautor del libro 'Blind Man's Bluff' (La gallina ciega, en español), fue el capitán James Bradley quien consideró por primera vez la posibilidad de una operación de escuchas telefónicas bajo el agua.

    Bradley creía que una línea telefónica sin cifrar conectaba la base de submarinos de Petropavlovsk (cerca de la punta de la península de Kamchatka) y la parte continental de Rusia, y que era probable que corriera bajo el mar de Ojotsk.

    La misión submarina

    Según el periodista, Bradley enfrentó tres obstáculos en el camino de poner a la práctica su teoría.

    En primer lugar, el área de búsqueda de 611.200 millas cuadradas de agua necesitaba ser reducida de manera significativa para tener alguna posibilidad de encontrar los cables. Según la información de dominio público, la solución llegó a Bradley una mañana en su oficina del Pentágono. Soñando con su juventud en el río Misisipi, Bradley recordó que había señales de advertencia cerca de las costas para que los navegantes no anclaran debido a las líneas de servicios públicos en el fondo del río. Se dio cuenta de que si había señales de ubicación de este tipo en Estados Unidos, sin duda, las habría también en la URSS.

    Bradley tuvo razón. El Halibut recorrió la costa de Siberia y encontró señales de advertencia para que los pescadores evitaran determinadas zonas.

    "Los soviéticos no trataban de ocultar (los cables)", dice Sontag, "No tenían idea de que podríamos llegar tan cerca…".

    En pocos días, la Marina de EEUU encontró lo que estaba buscando. Pero ahora tenían que idear la manera en la que los buzos iban a permanecer bajo el agua las horas necesarias para completar la intervención telefónica. La respuesta fue el helio, que tiene un peso molecular menor que el nitrógeno y sale del tejido humano más rápidamente, lo que es perfecto para una técnica de buceo conocida como buceo de saturación.

    El tercer obstáculo fue la separación de las voces de distintas conversaciones que sonaban a la vez y se convertían en una cacofonía imposible de entender. Sin embargo, con el avance de la operación, los técnicos de comunicación lograron separar las señales y voces particulares. Según el autor, todavía no se sabe cómo lo consiguieron, puesto que esta parte de la operación 'Ivy Bells' sigue clasificada.

    El secreto de 40 años

    David LeJeune, actualmente retirado, fue buzo de saturación de la Marina que participó en varias misiones. Blitz señala que LeJeune no pudo responder a la mayoría de preguntas, pero aseguró que la información que él y sus compañeros descubrieron llevó al final las negociaciones sobre los acuerdos SALT II, finalmente firmados en 1979, que restringieron los sistemas de armas nucleares de ambos países.

    Durante una década, EEUU estuvo recibiendo información secreta muy valiosa desde el fondo del mar.

    Pero en 1980, un exempleado de la NSA —Agencia de Seguridad Nacional— de EEUU, Ronald Pelton vendió la información sobre el funcionamiento interno de 'Ivy Bells'a la Embajada soviética en Washington por 35.000 dólares. Así, la operación terminó abruptamente, cuenta el autor.

    Más de tres décadas después, este tipo de escuchas telefónicas se considera obsoleto. En la era digital hay medios mucho más eficientes, más fáciles y menos arriesgados de espiar las comunicaciones de alguien, asegura Blitz. Sin embargo, estos cables submarinos todavía existen y son de gran importancia.

    Pero, a pesar de que este tipo de inteligencia puede estar pasado de moda, Craig Reed, autor del libro Red November (Noviembre rojo, en español) opina que es posible que siga existiendo hoy en día. "Los submarinos todavía tienen la capacidad de realizar este tipo de misiones y hay personal capacitado para cumplirlas", cita el autor a Reed.

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    Etiquetas:
    submarinos, escuchas, guerra fría, EEUU, Rusia
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