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    Las personas se dividen entre las que diferencian el sabor del agua y las que no. Lo que para algunos es simple vanidad, para otros es una cuestión vital, ya que pueden saborear el agua y con solo probarla entender si es de calidad o no.

    Pues parece que el segundo grupo de personas está en lo correcto: el agua sí tiene sabor y depende tanto de su origen como del tratamiento que se le da. A pesar de que en muchos países el líquido vital que sale del grifo no es potable, en naciones como España es perfectamente normal consumirlo directamente de la llave.

    Y es allí donde para muchos está el meollo del asunto: ¿vale la pena comprar agua embotellada si se puede tomar directamente del grifo? La diferencia radica en que la que viene en botella tiene sabor y la que sale de la llave no. Esto no quiere decir que la calidad sea mejor o peor, simplemente nos habla de las condiciones en las que fue extraída y posteriormente embotellada.

    El agua que sale por la llave es, en su gran mayoría, un agua tratada, usualmente con cloro, para que pueda ser consumida. Mientras que las embotelladas suelen no tener ningún químico añadido.

    Las diferentes aguas envasadas

    Es importante señalar que no todas las aguas embotelladas son iguales, de allí que muchos sientan los diferentes sabores que pueden tener dependiendo de su origen. Los sommelier de agua pueden fácilmente reconocer si es mineral natural o de manantial.

    Mientras que el agua mineral natural procede del subsuelo y tiene que pasar por un proceso administrativo y ambiental, las aguas manantiales son las de origen subterráneo que emergen espontáneamente en la superficie de la tierra o se captan mediante labores para similar este proceso.

    Las minerales son aguas puras de origen. No son tratadas, ya que deben llegar al consumidor con las mismas propiedades que en la naturaleza. Por su parte, las de manantial deben llegar al comprador con sus características naturales de pureza intactas, para este fin se protege el acuífero contra cualquier riesgo de contaminación.

    Las aguas minerales representan el 98% de las aguas embotelladas que se consumen en España. Las autoridades pueden tardar hasta cuatro años en conceder esta denominación, es un proceso muy exigente", explicó Irene Zafra, secretaria general de la asociación de Aguas Minerales de España, citada por ABC.

    El tercer tipo de agua embotellada es, de acuerdo a la legislación española, el agua preparada. Esta puede proceder de aguas subterráneas o de la red de abastecimiento. La diferencia principal con los dos tipos de agua señaladas anteriormente es que obligatoriamente debe pasar por algunos tratamientos fisicoquímicos que garanticen su potabilidad.

    Toda la información debería estar detallada en el etiquetado, tanto su origen nacional como los tratamientos realizados en caso de ser agua preparada.

    Allí mismo también debería estar la composición con los minerales disueltos y los residuos secos. Es justo estos minerales como el calcio, magnesio y el sodio los que le dan el sabor del agua.

    "Esto es lo que se conoce como mineralización, que puede ser fuerte, media, débil o muy débil. Más que la calidad, lo que realmente cambia según este aspecto es el sabor y su uso. Este viene tras las palabras 'análisis químico (mg/L)' y nos indicará conductividad, bicarbonato, calcio, magnesio y sodio, y dependiendo del envasador podemos tener más datos interesantes como la cantidad de flúor, nitratos, sulfatos etc", señala Luis Riera, director de Consultoría en Seguridad Alimentaria.

    El sabor del agua

    Hay personas con mayor susceptibilidad a la composición química del agua y son precisamente ellas las que pueden detectar los sabores de las diferentes marcas comerciales de agua embotellada. La dureza del agua, que básicamente está determinada por la cantidad de calcio y magnesio, es lo que la gente suele percibir en primera instancia. Es importante señalar que esto no quiere decir nada acerca de la calidad de la misma, de acuerdo con Riera.

    Además, las papilas gustativas también pueden ser sensibles a ciertos minerales, lo que puede hacer que ciertas aguas gusten más que otras.

    "La composición de las aguas es variable y tienen distintos minerales que pueden aportar sabor. También afecta el cloro que se añade en la potabilización, pero esto no afecta a las aguas embotelladas de las que estamos hablando, porque no pueden someterse a tratamientos de desinfección", concluye la experta en seguridad alimentaria
    Beatriz Robles.

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