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    En el mundo moderno, en el que estamos rodeados de situaciones estresantes diariamente, casi todos nosotros con mayor o menor frecuencia 'comemos nuestros problemas'. ¿Por qué, en momentos de estrés, empezamos a ingerir todo lo que encontramos y cómo detener este comportamiento?

    El hábito de comer en respuesta a algún estado de ánimo —habitualmente de carácter negativo—, sin tener en cuenta la sensación de hambre fisiológica, es conocido como alimentación emocional.

    A menudo, los alimentos son utilizados como una distracción de los problemas o una manera de tranquilizarnos en situaciones de estrés. De la misma manera que algunas personas usan el alcohol, las drogas, el sexo, las compras e incluso la televisión como formas de alejarse de los sentimientos difíciles que puedan estar experimentando, otras utilizan los alimentos para este fin.

    De hecho, numerosas investigaciones ya han demostrado que la comida puede provocar algunas reacciones neurológicas idénticas a las generadas por las drogas, aunque en menor medida. Los carbohidratos y azúcares son capaces de activar los centros de placer del cerebro e incluso liberar hormonas que nos hacen sentir bien.

    Pero al igual que las drogas y el alcohol, la alimentación emocional es una solución temporaria para el estrés, con posibles consecuencias, y no una cura. Una respuesta más saludable a las emociones negativas es encontrar formas sostenibles de enfrentarlas.

    ¿Cómo saber si me alimento emocionalmente?

    Mientras que algunas personas devoran paquetes de galletas y engullen barras de chocolate deliberadamente después de un día difícil, otras comen emocionalmente sin siquiera darse cuenta. Para evitar este comportamiento, es importante comprender la diferencia entre el hambre emocional y el hambre fisiológico.

    Antes de devorar tu próxima bolsa de papas fritas, detente y evalúa cómo te sientes física y mentalmente.

    Si bien el hambre se manifiesta de manera diferente en cada persona, a menudo suele estar acompañado de síntomas físicos como gruñidos del estómago vacío, poca energía y dolor de cabeza. Si tienes antojos de bocadillos, pero no identificas ninguno de estos signos físicos, es posible que simplemente estés buscando un consuelo o una distracción

    ¿Cómo combatir la alimentación emocional?

    Si te encuentras en una situación de estrés, existen muchas distracciones que pueden ayudarte a no recurrir a la comida para aliviarla. Salir a caminar, respirar aire fresco, hacer una meditación rápida o escuchar tus canciones favoritas son solamente algunas de las opciones.

    Beber agua también puede ayudar a combatir la alimentación emocional. Las personas, a menudo, confunden las sensaciones de hambre y sed. Además, el líquido nos proporciona una cierta sensación de saciedad. 

    Por otro lado, hábitos saludables como la práctica de ejercicios, el sueño de calidad y una dieta equilibrada ayudan a controlar el estrés y, por ende, la alimentación emocional.

    Sin embargo, a largo plazo, lo más importante es encontrar la razón por la que te alimentas emocionalmente. Si constantemente luchas contra tus impulsos de comer por estrés, tal vez debas buscar la ayuda de un profesional para ayudarte a llegar a la raíz de los problemas.

    Es importante recordar, sin embargo, que, a veces, tus emociones van a vencerte y que no debes sentirte culpable por ocasionalmente elegir comidas no tan saludables para lidiar con el estrés.

    Etiquetas:
    estrés, dieta, alimentación
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