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    Las poblaciones del Bajo Guadalquivir están bajo la amenaza de un mosquito común que puede contagiar la fiebre del Nilo. Los efectos de esta dolencia van desde el cuadro de una gripe normal a problemas neurológicos y la muerte. Por el momento, hay al menos 12 poblaciones, incluyendo Sevilla capital, afectadas.

    "Nadie le está dando la importancia que tiene al virus del Nilo, si te pilla, te mata o te deja con secuelas neuronales. Es más grave que el COVID–19, pero como hay menos contagiados, seguimos sin soluciones drásticas", clama Rafael Sosa desesperado. Su suegro ha sido la primera víctima mortal en la reaparición de la fiebre de West Nile (o comúnmente conocida como la fiebre del Nilo Occidental) en la provincia de Sevilla.

    Según datos de la Consejería de Salud y Familia de la Junta de Andalucía, el brote de meningoencefalitis ligado a la fiebre del Nilo afecta al menos a unos 12 municipios, incluyendo a Sevilla capital. Casi un millón de personas están en riesgo, si contamos con los entornos urbanos susceptibles de tener contacto con el mosquito.

    Por lo pronto, los datos a 1 de diciembre revelan que cuatro afectados permanecen en la UCI, entre ellos, una joven de 14 años, además, hay otros 15 hospitalizados. En total, el número de muestras positivas de esta fiebre es de 30. El pasado viernes 28, el virus se llevaba su tercera víctima mortal, un hombre de 70 años, también vecino de la comarca del Bajo Guadalquivir.

    "Estamos destrozados, perder al abuelo de esta manera, por la picadura de un mosquito, es algo muy difícil de explicar a los nietos. Era una persona muy activa, sana", cuenta Rafael Sosa sobre su suegro Victoriano.

    Agonía e incertidumbre

    Su caso, el de la familia de Victoriano, refleja la misma sensación que padece la comarca, con núcleos urbanos importantes como Coria del Río o la Puebla del Río. La familia de Victoriano pasó 24 días entrando y saliendo del Hospital Virgen del Rocío. Desde el primer momento, el diagnóstico fue errático: desde retención de líquidos hasta depresión. Sin embargo, los casos de similar sintomatología y procedencia se iban sucediendo, "hasta que un día nos preguntaron si a mi suegro le había picado algún bicho".

    La familia, tras el confinamiento, se había trasladado a la casa de campo, donde tienen huerta y varios animales. El cerco de la investigación médica se iba cerrando, para cuando los resultados del último cultivo llegaron, confirmando que Victoriano padecía la fiebre del Nilo, ya era tarde, "tenía un daño cerebral irreversible". El jueves 20 de agosto murió, convirtiéndose en la primera víctima de esta nueva aparición del virus.

    Un viejo conocido

    "Esto no es un virus nuevo, no es una invasión, ni ninguna novedad médica, ya lleva muchos años en la región", explica a Sputnik Jordi Figuerola, investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana.

    Figuerola lleva años predicando en el desierto sobre la presencia de este virus, investiga humedales y los entornos donde se desarrolla este virus, "desde 2003 tenemos evidencias de la presencia del West Nile en aves, mosquitos o caballos". La aparición en las marismas del Guadalquivir, como confirma la Junta de Andalucía, es recurrente. Después de todo, la zona que alberga —si no la mayor— una de las primeras concentraciones de arrozales en Europa y, por lo tanto, permanece durante varios meses inundada. Caldo de cultivo perfecto para la cría de larvas y mosquitos. El del Nilo ha sido tradicionalmente ligado a los caballos, la zona, también alberga diversas ganaderías que multiplican el efecto de las picaduras paralelamente en los equinos. De hecho, el Colegio de Veterinarios de Sevilla difunde información tanto para animales como para vecinos.

    Figuerola revela el mecanismo de este virus que portan las aves migratorias. Cuando el mosquito común entra en contacto con aves portadoras del virus, se convierte en portador y entonces, mediante su picadura puede contagiar tanto a caballos como a personas.

    "Pero la picadura no implica contagio, es más, mayoritariamente no hay afección. El 80% de las personas que han tenido contacto con estos mosquitos no desarrolla ningún tipo de síntoma y solo 1 de cada 150 personas desarrolla las afecciones más graves", tranquiliza Figuerola.

    Según el investigador, que lleva más de quince años analizando en la zona la evolución del virus, no hay transmisión de caballos a personas ni entre personas.

    ¿Por qué ahora?

    Pero si el virus no es nuevo y si no es especialmente contagioso, cabe preguntarse, ¿por qué ahora?, ¿qué tiene este 2020 de las maldiciones que atrae a todas las adversidades?.

    "Estamos hablando de una zona donde coinciden los mosquitos transmisores, culex perexiguus, con las aves infectadas y en amplios humedales, el espacio perfecto para que proliferen los mosquitos portadores. Sobre todo, porque este año hay mucha más proliferación de culex perexiguus cerca de núcleos urbanos debido a la primavera".

    La primavera lluviosa es propicia para la aparición de insectos, además, hay que sumar otro agravante: el confinamiento. "Si el agua se acumula se generan criaderos de mosquitos y si la gente no frecuenta las ciudades o realiza sus actividades en el campo, se generan muchos focos que antes no estarían. Por ejemplo, cualquier bidón lleno de agua, canaleta o desagüe se convierte en un criadero de mosquitos". No es un virus ni un mosquito nuevo, simplemente hay una confluencia de factores que agravan su presencia.

    No obstante, la gestión medioambiental del entorno también es objeto de crítica.  Coria y Puebla del Río, las localidades donde más están padeciendo la presencia del mosquito, —ambos son núcleos urbanos ribereños y ligados al arrozal— rezuman malestar. Los vecinos denuncian que la falta de fumigaciones en los arrozales están provocando este aumento de mosquitos. Otros, señalan a la reciente muerte de cientos de aves en la Dehesa de Abajo, declarada Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), a causa de la presencia de cianobacterias en el agua, aunque según fuentes ambientalistas consultadas por Sputnik, no hay vinculación entre este incidente y la fiebre del Nilo. Pero el malestar obliga a buscar explicaciones.

    Al atardecer, la ribera y los paseos del Guadalquivir, principal centro social de esta zona, están desérticos y las farmacias han tenido que reponer varias veces los repelentes antimosquito. "Primero nos quedamos sin papel higiénico y ahora sin flis flis", bromean los lugareños. Pero estas críticas, obligan a las administraciones a reaccionar.

    Mosquiteras y repelente contra una virus mortal

    ¿Qué hacer con este caldo de cultivo perfecto en el que se han convertido las marismas del bajo Guadalquivir?

    Las recomendaciones son bien sencillas. Figuerola apela a hábitos de higiene, "prestar atención al agua estancada, en verano, hasta el plato húmedo de una maceta en nuestro balcón puede ser un problema por la proliferación de mosquitos". Por otro lado, Juanjo Carmona, coordinador de WWF para Doñana, reseña que "no tenemos cultura de prevención, en América Latina si la tienen, allí te encuentras carteles y campañas informativas, pero aquí carecemos de ese vínculo preventivo con la naturaleza". Las recomendaciones continúan por el repelente antimosquito, usar mosquiteras y evitar las primeras horas de la mañana y el ocaso. Lo de siempre contra las picaduras.

    Pero estas medidas, cuando hay muertes de por medio, suenan a broma. "Nadie está actuando, como no somos miles de contagiados como sucede con el coronavirus", nos cuenta Rafael Sosa:

    "Nadie hace nada. No se habla de la enfermedad, de sus consecuencias, no hay medidas efectivas".

    Las medidas de fumigación, hasta ahora, habían sido llevadas a cabo por los Ayuntamientos con escasos medios. Por ello, en las últimas semanas, las acometidas de los Alcaldes afectados contra la Junta de Andalucía por su inacción han sido continuas. En la tarde del 31 de agosto, al fin, se reunieron representantes de la Junta de Andalucía con alcaldes y concejales de 15 municipios, incluida Sevilla capital y toda la región afectada por el virus. Ahora, la Junta se ha comprometido a fumigar mediante drones amplias zonas no urbanas de los arrozales y pantanales. Para algunos, como Victoriano, esta medida llega tarde.

    Etiquetas:
    Andalucía, fiebre del Nilo Occidental, virus del Nilo Occidental, mosquitos, España
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