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    Un supuesto remedio para curar el COVID-19 se ha popularizado en América Latina. Se trata del dióxido de cloro, un peligroso compuesto químico no recomendado por los especialistas ni por las autoridades sanitarias a nivel mundial. Conoce qué es, cómo funciona en el cuerpo y por qué no debes consumirlo.

    El dióxido de cloro ha aparecido en varios países de América Latina como posible solución frente a la pandemia de COVID-19. El reciente caso de la muerte de un niño de 5 años en Argentina que bebió el compuesto químico sorprendió a las autoridades, que han empezado a advertir al respecto.

    Luego del trágico suceso, el Ministerio de Salud argentino recordó que es una sustancia peligrosa y que su consumo no está autorizado.

    ​Del mismo modo lo hizo luego el Ministerio de Salud de Uruguay, que advirtió que el compuesto es "sumamente peligroso". Semanas atrás, el Gobierno de México aclaraba también que el compuesto se encuentra entre los productos no recomendados para tratar la enfermedad.

    En Bolivia, sin embargo, el Parlamento aprobó una ley que permite utilizar dióxido de cloro, a pesar de las advertencias de varios organismos internacionales, como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que ha desaconsejado su uso.

    ¿Qué es el dióxido de cloro?

    Se trata de una solución química al 28% de clorito de sodio en agua destilada. Similar a la lejía o al cloro, se utiliza habitualmente como blanqueador para limpiar y descontaminar superficies.

    Según quienes lo recomiendan, si el compuesto se mezcla con un ácido suave, como el limón o el vinagre, se crea una sustancia que puede desinfectar de toda bacteria o virus, y reforzar el sistema inmunológico.

    Aun así, esta información no tiene ninguna clase de aval científico, y las instituciones sanitarias a nivel mundial han advertido acerca de la peligrosidad de ingerir dicha solución.

    ¿Qué le pasa al cuerpo al beber dióxido de cloro?

    Según define el Departamento de Salud y Servicios Sociales de los Estados Unidos, el dióxido de cloro y el clorito reaccionan rápidamente en el agua y los tejidos húmedos del cuerpo.

    "Si usted respirara aire que contiene dióxido de cloro gaseoso, podría sufrir irritación de la nariz, la garganta y los pulmones. Si usted tragara grandes cantidades de dióxido de cloro o clorito, podría sufrir irritación de la boca, el esófago o el estómago", dice un informe del departamento.

    Allí, se explica que si alguien se expone a cantidades muy altas de dióxido de cloro podría sufrir problemas respiratorios, ya que la sustancia dificulta la capacidad de la sangre para transportar oxígeno a través del cuerpo, lo que puede agravarse si se trata de niños.

    Del mismo modo lo señala la Sociedad Argentina de Pediatría, que emitió un comunicado de advertencia tras conocer el caso del niño muerto tras el consumo del compuesto. "La exposición en niños al dióxido de cloro gaseoso podría reducir la capacidad de la sangre para transportar oxígeno más rápidamente que en adultos", se expone en el documento. Esto puede alterar el intercambio gaseoso a nivel pulmonar, y generar hipoxia severa.

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