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    Toda España avanza en el proceso de desconfinamiento (185)
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    La nueva normalidad condiciona el modo en que los españoles se aprestan a pasar el verano y comenzar sus vacaciones. El control del aforo y el respeto a las normas sanitarias se impondrá en playas y cines. La pandemia modifica las preferencias en cuanto al tipo de transporte para desplazarse, mientras se sigue mirando a los madrileños con recelo.

    Tras el fin de la vigencia del estado de alarma el pasado 21 de junio, el país intenta retomar la actividad dentro de la llamada nueva normalidad. Recién comenzada la estación de verano, la temporada vacacional por excelencia en España diferirá en varios aspectos de todo lo que hasta ahora se conocía para el periodo estival.

    Aunque según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) pocas personas emprenderán un viaje para disfrutar de su periodo vacacional, quien lo haga deberá respetar las reglas impuestas por el Ministerio de Sanidad, que comprenden medidas tales como acceder a las playas por turnos o hacer un uso escrupuloso de las mascarillas. En el avance de su barómetro de junio, el CIS constató que hasta un 65,7% de los españoles no tiene previsto irse de vacaciones. Y del exiguo 27,2% que afirma que sí lo hará, un aplastante 89,9% contesta que se desplazará por España.

    Las cifras no dejan lugar a dudas; menos vacacionistas y preferencia abrumadora por el turismo interno. Esta expresión de la nueva normalidad se ve igualmente acompañada de las encarecidas recomendaciones profilácticas del Ministerio de Sanidad, que insiste en recordar que el virus todavía "no se ha marchado". De ahí que las autoridades sanitarias sigan insistiendo en lo que denominan regla DI-MA-MÁ, especie de acrónimo que designa la obligación de guardar la distancia de seguridad, el uso de mascarilla y el lavado regular de las manos.

    El mensaje trata de fomentar la recuperación de las actividades cotidianas dentro de un marco donde impere la profilaxis y el civismo. Al respecto de las vacaciones de verano, Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, declaró en rueda de prensa ante los medios el 18 de junio:

    "No tenemos que vivir angustiados. Las cosas van bien, pero podremos mantener esa calma si seguimos las medidas de control de la transmisión para que el riesgo residual no se convierta en una una onda epidémica".

    A la playa por turnos

    Hasta un 52,6% de los españoles tiene previsto desplazarse a la costa, según el CIS. Los diferentes municipios costeros han establecido una serie de reglas para garantizar que las playas no se masifiquen. En principio, empleados municipales vigilarán que no se sobrepasen los aforos limitados.

    Dispositivos de vigilancia, como cámaras y sensores, ayudarán a controlar las playas españolas, muchas de ellas parceladas según un criterio por edades y grupos de riesgo. Algunos ayuntamientos incluso han puesto a disposición de la ciudadanía aplicaciones digitales para que sus usuarios puedan conocer en tiempo real el nivel de ocupación de estos espacios. En el caso de Benidorm, emblemática localidad turística en la provincia de Alicante, con tres grandes playas y destino preferido del turismo inglés y nacional, sus autoridades han lanzado una plataforma digital con la que reservar plaza. En el País Vasco, en la localidad vizcaína de Baquio, se ha determinado que los sábados y los domingos sean "dinámicos"; es decir, que el acceso a la playa sea para darse un chapuzón, pero no para quedarse tumbado al sol.

    Preferencias en el transporte

    Todas las empresas de transporte consignan el uso obligatorio de mascarilla para acceder a sus vehículos, donde ya no hay límite de plazas y los asientos son contiguos. De esta circunstancia, la de compartir un espacio cerrado con otras personas, también da cuenta el CIS, que refleja un recelo.

    El 82,9% de los potenciales veraneantes confiesa que viajará en su automóvil particular, frente al 13% que lo hará en avión. Tan solo el 3,4% y 2,2% optarán por el tren y el autobús, respectivamente, pese a ser medios de transporte tradicionalmente más solicitados para viajar por el interior del país. Las opciones de vehículo utilitario compartido, como la que ofrecen empresas como BlaBlaCar, presentan novedades: los conductores pueden ofertar viajes con un único asiento disponible en la parte trasera del vehículo.

    Por lo que respecta al transporte aéreo, aquellos viajeros que se desplacen al extranjero se someterán a tres controles primarios cuando aterricen en España: un control de temperatura, otro visual, y la cumplimentación de una ficha con los datos de su paradero e información sobre si se ha padecido COVID-19. Algunas regiones, como Madrid o Canarias, estiman las medidas insuficientes y han solicitado al Ministerio de Sanidad instaurar la realización de pruebas de diagnóstico PCR en origen y destino.

    Segundas residencias y 'madrileñofobia'

    La mayoría de los españoles pasarán sus vacaciones en sus segundas viviendas. Así lo estima el 27,8% de los encuestados por el CIS, frente al 26,3% que tiene previsto hacerlo en un establecimiento hotelero.

    Sin embargo, al albur de la pandemia, estas pautas han generado un sentimiento de rechazo ante todo turista proveniente de Madrid, dado que la capital de España es el gran foco de la pandemia de coronavirus en el país. Esta madrileñofobia (que en algunos lugares de España no es nueva), se acrecentó en vísperas de la instauración del estado de alarma, cuando muchos habitantes de la capital se trasladaron a sus apartamentos o segundas residencias situadas en la costa mediterránea para escapar de una ciudad que se iba a cerrar.

    De resultas, varios hospitales comarcales de la zona levantina quedaron rápidamente colapsados, habida cuenta de la afluencia extra de pacientes provenientes de Madrid y el País Vasco. El caso de un anciano madrileño de 88 años que viajó en tren hasta Murcia infectado de coronavirus, caldeó los ánimos. En la localidad gaditana de Tarifa, incluso se instalaron barricadas en los accesos a la ciudad para evitar "la entrada de madrileños".

    Y ahora, con la posibilidad de desplazarse a otras comunidades autónomas, son frecuentes los casos de madrileños que siguen experimentando el rechazo. Sucede en el Levante, en Galicia e incluso en pueblos de la provincia de Zamora. Como en Sanabria, donde un habitante capitalino no ha podido acceder a su vivienda en esa localidad tras comprobar que las cerraduras estaban obstruidas con silicona. En otras comunidades, como Asturias, cifran en unos 300 millones de euros el coste de espantar a los turistas madrileños, habida cuenta de que el turismo extranjero será casi testimonial.

    Reapertura de cines

    ¿Y cómo puede esparcirse la masa que prefiere no viajar a ningún sitio en verano con motivo de minimizar el riesgo de infección a toda costa? Algunas opciones lúdicas vuelven a ponerse en funcionamiento, como es el caso de los cines.

    El 26 de junio reabren en España las salas de cine. Algunos ya lo habían hecho antes, como los autocines al aire libre. Como si se tratara de una película de suspense, un halo de nerviosismo, intriga y hasta miedo rodea a la noticia. El sector muestra mucha preocupación, dada la incertidumbre a varios niveles que impregna la reapertura de las salas de exhibición en la mayor parte del país. Para celebrar la vuelta del séptimo arte al gran público, muchos cines del país han programado proyectar la inolvidable obra de Giuseppe Tornatore Cinema Paradiso, un homenaje al cine en sí misma.

    El mundillo subraya la seguridad que ofrecen los protocolos establecidos de acceso a los locales, con aforo limitado, dispensadores de gel hidroalcohólico y desinfección de las salas tras cada pase. Pero la oferta es escasa, casi tanta como las expectativas de recuperación de este sector de la cultura en España.

    Muchas salas optarán por exhibir las cintas que disfrutaban de una buena acogida entre el público antes de que se decretara el confinamiento. Así pasó con Invisibles, de la directora española Gracia Querejeta. Su filme apenas llevaba una semana en cartelera cuando los cines cerraron. "Y ahora no creo que el reinicio sea tan potente como aquel arranque”, admite la directora al diario La Vanguardia. En las carteleras se ven pocos estrenos, pues ante la incertidumbre, los exhibidores han optado por retomar títulos antes que hacer campaña de los nuevos filmes. No en vano, el retorno a las salas es gradual.

    Cada comunidad autónoma fija los límites de los aforos. En Cataluña se marca un metro y medio de distancia entre espectadores, Madrid y País Vasco limitan los aforos al 60%, y comunidades como la balear, la valenciana o la gallega lo estiran hasta el 75%. En suma, un verano con restricciones y aforos en función del progreso de la pandemia no garantiza la recuperación de un sector que ya cifra sus pérdidas en 200 millones de euros y que, si todo va bien, calcula alcanzar los niveles de asistencia de 2019 solo entre septiembre y fines de 2020.

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    Etiquetas:
    verano, vacaciones, playas, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), Blablacar, Fernando Simón, Ministerio de Sanidad de España, pandemia de coronavirus, turismo sostenible, turismo, cine
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