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    El plan piloto para llevar a las Islas Baleares a turistas alemanes y comprobar de antemano la fiabilidad de un turismo sin riesgos de contagio, provoca el enojo de buena parte de la opinión pública española, al entender un agravio comparativo. Las fronteras no abrirán hasta el 1 de julio y la movilidad sigue limitada.

    La experiencia piloto se enmarca dentro de un plan que las autoridades de Islas Baleares solicitaron al Gobierno de España para ensayar la apertura general de fronteras prevista para el 1 de julio. El objetivo es reactivar el turismo en el archipiélago, el cual no reporta ninguna víctima mortal por COVID-19 desde hace días.

    Pero la afluencia a las islas de 10.900 turistas alemanes dos semanas antes de que lo puedan hacer los propios españoles, crea una situación donde las comparaciones son odiosas, pues el contingente teutón arribará antes de que los habitantes del país puedan siquiera moverse libremente entre las distintas comunidades autónomas de la península. Además, los turistas centroeuropeos se repartirán tanto en hoteles como en sus segundas residencias, habida cuenta de que muchos de los inmuebles isleños son de su propiedad. Esta circunstancia también es motivo de polémica, pues las restricciones aún vigentes en España a causa de la pandemia prohíben los desplazamientos a las segundas residencias situadas en comunidades autónomas (e incluso provincias) que no sean las del domicilio habitual. Y los alemanes llegarán a Baleares procedentes no de otra provincia, sino de otro país.

    ​Los protocolos de actuación ante la llegada de los turistas (medición de temperatura, cuestionario) y durante su hospedaje (seguimiento telefónico) buscan garantizar una estancia libre de riesgos de contagio en todo momento, la cual habrá de redundar en una imagen positiva de cara a los mercados internacionales del sector turístico y obrar la afluencia de más turistas a partir del 1 de julio. En este punto, muchos se preguntan si esa buena imagen exterior puede conseguirse a cuenta de menoscabar la confianza en el turismo interior, pues son numerosas las voces que demandan su potenciación en estos tiempos.

    Mallorca acogerá a la mayoría de estos primeros turistas. A tal fin allí se habilitarán cuatro establecimientos hoteleros entre el 16 y 30 de junio, dos de ellos en Palma (el Cristina, de la cadena Iberostar, y el Playa Park o el Concordia, de Riu). Se da la circunstancia de que el Concordia plantea ocupar no más del 50% de sus plazas durante este año. Otros dos hoteles, de las cadenas Viva y Garden, acogerán a turistas alemanes en Alcudia. Las islas de Menorca, Ibiza y Formentera habilitarán un hotel cada una.

    El motivo del plan piloto

    La razón por la que el Govern balear ha elegido a Alemania como el país de procedencia de turistas para esta experiencia piloto, es sencilla: históricamente, es la principal fuente emisora de turistas a estas islas.

    Por otra parte, la incidencia de la pandemia en el país teutón arroja datos epidemiológicos similares a los registrados en Baleares, donde hasta la fecha se contabilizan sólo 226 fallecidos entre una población total de algo más de 1,1 millones de habitantes. Y si Alemania es un país cuyas cifras de incidencia del virus son parejas a las locales, no sucede otro tanto con las de Reino Unido, cuyos turistas conforman el otro gran flujo vacacional que habitualmente reciben las islas. Las estadísticas británicas, tanto de contagios como de mortalidad, son muy superiores a la del archipiélago balear, por lo que su opción para integrar la experiencia piloto quedó descartada de inicio.

    Su rastreo y estancia

    Los cuestionarios de obligado relleno a la llegada de los turistas a los aeropuertos tienen como objetivo la recogida de cuantos más datos mejor sobre su localización en todo momento durante su estancia.

    Su estado de salud se controlará de forma periódica vía telefónica. Si desarrollaran síntomas compatibles con COVID-19, serán derivados a la red local de centros de salud. Algunos hoteles incluso estarán acondicionados para proceder a su aislamiento, en caso necesario. Pero también este aspecto ha suscitado la polémica, pues el Ministerio de Sanidad ha dado el visto bueno al requerimiento del Gobierno balear de renunciar a efectuar pruebas de diagnóstico de tipo PCR a los turistas alemanes. Inicialmente previstas en el protocolo, se contemplaba el aislamiento de estas personas durante seis horas, hasta obtener los resultados de los tests. Pero ahora, el listón de seguridad sanitaria queda así un tanto rebajado y se fía únicamente a la toma de temperatura y el seguimiento posterior.

    Por otra parte, los paquetes turísticos comercializados en Alemania incluyen un mínimo de cinco pernoctaciones y se han vendido por un valor que oscila entre los 600 y los 1.000 euros semanales. El gremio hotelero mallorquín, en conjunción con los touroperadores germanos, ha sido decisivo para avanzar en la propuesta, que ya cuenta con el visto bueno del Gobierno español y su Ministerio de Sanidad.

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    Palma de Mallorca, riesgo, pandemia de coronavirus, coronavirus en España, coronavirus, COVID-19, turismo, Gobierno de España, las Islas Baleares
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