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    MONTEVIDEO (Sputnik) — El nuevo coronavirus acapara portadas de los medios de todo el mundo por un tenebroso récord: haber acabado con la vida de más de 340.000 personas en nada menos de cinco meses.

    El virus que causa la enfermedad COVID-19 se destaca por ser fulminante y rápido, con alta capacidad de contagio.

    Pero otros males aquejan desde hace décadas al sistema respiratorio humano sin tanto exhibicionismo: con sigilo, el humo del cigarro mata a 8 millones de personas por año en los cinco continentes.

    Lo más preocupante es que si estos dos asesinos llegan a encontrarse pueden actuar en complicidad.

    Lo corrobora la doctora Elba Esteves, de la Sociedad Uruguaya de Tabacología, al afirmar que los fumadores tienen más posibilidades de contagiarse del SARS-Cov-2.

    Con ella concuerdan diversos estudios, entre ellos uno reciente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, que señaló que quienes fuman habitualmente tienen casi dos veces más posibilidades de progresión grave de la enfermedad COVID-19.

    Para esto hay dos razones fundamentales, según Esteves:

    1. En primer lugar, explica a Sputnik, "porque los virus están en las partículas que salen de la vía aérea de las personas infectadas y pasan directamente a nuestras manos u objetos como los cigarrillos o vapeadores que al llevarlos a la boca ingresan a nuestra vía aérea".
    2. En segundo lugar, las defensas respiratorias "son la primera barrera biológica para los gérmenes (virus o bacterias) que llegan a la vía aérea, y si estas fallan tiene más posibilidad de generar una infección del aparato respiratorio".

    Con ella concuerda la Organización Mundial de la Salud (OMS), y aporta datos adicionales. "El acto de fumar significa que los dedos (y posiblemente los cigarrillos contaminados) están en contacto con los labios, lo que aumenta la posibilidad de transmisión del virus de la mano a la boca", señaló el organismo en un comunicado difundido en abril.

    Además, "los productos para fumar, como las pipas de agua, a menudo implican compartir boquillas y mangueras, lo que podría facilitar la transmisión del COVID-19 en entornos comunitarios y sociales".

    "Los fumadores también pueden tener una enfermedad pulmonar previa o una capacidad pulmonar reducida, lo que aumentaría enormemente el riesgo de padecer manifestaciones graves", agrega.

    Fumar más o menos

    Sin embargo, estos dos asesinos podrían estar amenazados por el mismo verdugo: la cuarentena.

    Contra todo pronóstico, el encierro y el distanciamiento social podrían ayudar a algunos fumadores a tirar para siempre las cajas de cigarrillos, a pesar de que la incertidumbre sea el escenario perfecto para que reine la ansiedad.

    La psiquiatra especialista en cesación de tabaco, Ana Cabezas, cuenta a esta agencia que para los fumadores sociales, este puede ser un buen momento para dejar el hábito.

    No obstante, reconoce que para las personas que están experimentando síntomas de ansiedad o depresión no será tan fácil, y hasta podrían estar fumando más que antes.

    Para dejar de fumar, "con pandemia o sin pandemia, hay que tratar de que la persona que tiene un trastorno de ansiedad o depresión esté compensada", porque si no, la cesación puede ir directo al fracaso.

    "Si estamos ansiosos es más difícil dejar porque en el imaginario colectivo creemos que fumar nos baja la ansiedad, pero hay estudios que afirman que, a la larga, el cigarrillo la aumenta", explicó Cabezas.

    A pesar de que el distanciamiento social, la incertidumbre y el descontrol generalizado por la pandemia pueden producir niveles más altos de ansiedad, dejar de fumar también puede ser considerado por la persona como una de las cosas que sí puede controlar y aferrarse a eso.

    Expertos del Centro de Investigación para la Epidemia del Tabaquismo de Uruguay admiten que esto no es fácil, pero explican a esta agencia que "en algunas personas se activan mecanismos saludables y se puede tomar como desafío".

    La estrategia con más fama para dejar de fumar es la de los grupos de ayuda mutua.

    Con el distanciamiento, los encuentros presenciales se cancelaron, pero no hubo recaída de quienes estaban en tratamiento transitando la abstinencia. ¿La estrategia? Llamadas desde las policlínicas a los pacientes y recetas electrónicas para repetir la medicación.

    En todo caso, esta crisis sanitaria podría ayudar a vencer el tabaquismo. Al fin de cuentas, es un hábito y como tal hay esperanzas de cambiarlo.

    Como dice la experta Cabezas: "No nacemos fumando, aprendemos a fumar".

    Etiquetas:
    coronavirus, salud, fumar, tabaquismo, tabaco
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