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    España prorroga el estado de alarma por el coronavirus (165)
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    La necesidad de atajar la pandemia de COVID-19 y las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías allanan el terreno para la instauración del control biométrico en todos los aspectos de las relaciones humanas. El exceso de vigilancia de la sociedad es un riesgo evidente, pero también una oportunidad para desarrollar una industria propia.

    El virus SARS-CoV-2 obliga a cambiar hábitos y adquirir conocimientos. En apenas un mes la población ha incorporado a su vocabulario términos como EPI o PCR, cuyo significado y uso casi todo el mundo tiene ahora claro. El siguiente vocablo a extenderse en el habla de la ciudadanía tal vez sea biometría, una palabra de raíz griega que alude al estudio estadístico de procesos o fenómenos biológicos.

    La toma de datos de las personas, ya sean sus características físicas o su estado de salud, se antoja esencial para establecer métodos con los que reanudar la actividad humana en todos los órdenes minimizando el riesgo de contagio. Pero, ¿de qué tipo de aparatos y procedimientos estamos hablando? ¿Se trata solo de paliar la falta de nuestra presencia física allá donde antes era necesaria?

    Una tecnología que ya existía

    A fin de garantizar la seguridad personal y favorecer la salud pública, se está acelerando la implantación de diversos sistemas de control y verificación de identidad. En algunos casos la actividad económica puede proseguir mediante el teletrabajo, pero no basta. Tanto en Corea del Sur como en China la proliferación de aplicaciones móviles con códigos QR y función de geolocalización ha obrado el seguimiento y control de la población en aras de cortar la propagación de la infección.

    Gracias a algoritmos sofisticados y un desarrollo práctico de la llamada inteligencia artificial, es posible obtener mediciones de la temperatura corporal en lugares públicos, así como los datos de su identidad. Aunque lleves una mascarilla cubriéndote medio rostro. Empresas españolas ya comercializan terminales de control de acceso biométrico con reconocimiento facial y medición de la temperatura corporal. Es el caso de ProFace X, de alta velocidad y que no necesita contacto. O SpeedFace-V5L, con verificación múltiple y huella digital, que incorpora tecnología deep learning. Ambos modelos son de la empresa PSD Security, que los comercializa en España bajo la marca ZKTeco. Estaciones, aeropuertos, hospitales o colegios podrían ser su emplazamiento natural. Se trata de evitar la exposición al virus de empleados, clientes y público mediante la imposición de protocolos de protección sanitaria.

    Biometric Vox es una empresa española radicada en Murcia y Madrid, dedicada al desarrollo de algoritmos que integran sistemas de autenticación de la identidad por la voz y de firma documental por reconocimiento de voz. En declaraciones a Sputnik, su director de Negocio, Carlos Gavilán, explica que la empresa produce software que pueda utilizarse con micrófonos de índole comercial, no necesariamente con sensores especiales. Este ejecutivo informa de un aumento muy notorio en las consultas en todo lo relacionado con sistemas biométricos. "Es una cuestión de tasa de conversión", dice. "Si hay más interés, al final habrá más ventas".

    Esta empresa española ofrece ya productos como CheckVox, un motor de biometría vocal, o FirVox, para la firma biométrica vocal con plena validez jurídica. "Ahora, por motivos obvios, muchísima gente necesita poder autenticar a sus clientes, a sus proveedores, y hacerlo a distancia. Pero no todo el mundo tiene un sensor en su casa. Por eso están funcionando bien las biometrías faciales y vocales, porque todos tenemos cámaras y micrófonos", explica. En esta compañía creen que habrá que ver el estado en que se encuentran las empresas una vez se levanten las restricciones a la actividad económica. "Porque si se levantan la semana que viene, nos disparamos. Pero si tardamos un mes más, igual algunas de las que ahora nos están preguntando ya habrán desaparecido o estarán más preocupadas en recortar personal que en innovar", comenta este ejecutivo.

    Según él, la parte de autenticación de firma ("que no es exactamente biometría") ya se ha disparado. "Es una necesidad actual, de ya mismo, poder firmar contratos", asegura. Por otra parte, Gavilán advierte del uso alegal de la biometría en el que se puede estar incurriendo. "Yo te dejo entrar en Zoom [sistema de videoconferencia] desde tu casa, para ver información corporativa, aunque no has firmado acuerdos y ni siquiera sé si eres tú. Esto es algo que después no se permitirá", declara.

    Los potenciales usuarios

    Las autoridades sanitarias muestran un creciente interés por tecnologías biométricas para evitar contactos. En España, las Consejerías de Sanidad de las diversas autonomías no son una excepción. "Preguntan mucho por la detección precoz; es decir, cómo aplicarlas para ayudar a detectar enfermos y su gravedad", constata Gavilán, recordando que los productos resultantes no son puramente biométricos, sino que están basados en este conocimiento. "Se está adquiriendo como una ayuda a la investigación: dame todas tus bases vocales y la algoritimia que tienes para buscar patrones", explica.

    La identificación de los asistentes a una clase virtual, ahora que muchos centros educativos recurren a la teleenseñanza, es otro aspecto que las tecnologías biométricas pueden asegurar. Los sistemas de control de horario también experimentan un auge. Se trata, en definitiva, de que las empresas adopten soluciones antes de parar la actividad.

    Riesgo y oportunidad

    El carácter de las tecnologías biométricas no es neutro. Con biometría se puede extraer de las personas un volumen ingente de datos que ofrecen información exhaustiva. El derecho a la intimidad y a la imagen, preceptos garantizados constitucionalmente, pueden verse socavados, ya sea tanto por una tentación de control social como de tipo mercantil.

    Los pasaportes biológicos de los atletas incorporan datos biométricos y la ciudadanía, en general, hace tiempo que no sólo acuerda ceder parte de su privacidad en Internet, sino que la airea a través de redes sociales. En este contexto, la biometría podría suponer una vuelta más de tuerca. Porque los recelos de importar desde China o incluso Corea del Sur sistemas de control biométricos que en el fondo son intrusivos, parecen justificados en Europa. Pero España y otros países habrán de asegurarse más pronto que tarde su soberanía biométrica, pues los datos médicos derivados son en realidad privados y el procesamiento debe entenderse como propio.

    "Si tú mañana me cuentas datos de un ciudadano mío, yo quiero saber si es verdad. Es decir, aunque la información se comparta, va a tener su propio procesamiento. La biometría es autenticar personas; es trazarte de forma fidedigna, confirmar que tú estás en un momento dado haciendo tal cosa", detalla Carlos Gavilán.

    "Y si además estás geolocalizado o puede saber qué tipos de transferencias realizas, te estoy hipersegmentando", resume, asumiendo que la dimensión de esta información conlleva un retroceso, "en el sentido de que podemos volver a un mundo de bloques".

    Viene para quedarse

    La pandemia acelerará la instauración y uso de aplicaciones y sistemas biométricos. "La biometría es como una bola de nieve. Cuando algo funciona, es imparable. Por eso necesitamos una masa crítica de usuarios", dice Gavilán, apuntando la inevitabilidad del riesgo inherente.

    EEUU, Rusia y China son las grandes potencias biométricas, pero también conforman bloques que compiten entre sí. "China tiene unos datos de altísima calidad por su acceso a la población sin ningún tipo de freno y Europa está más descolgada porque es más garantista", afirma Gavilán, que cree que la pandemia posibilita competir en este terreno, y "no comprar los desarrollos a terceros, por si llegara un día en que nos quedamos fuera de ese conocimiento". Él apunta similitudes con el uso masivo que se hace del GPS. "Todos colaboramos ahora, pero se trata de que si me apagas, yo pueda seguir funcionando".

    "El reconocimiento facial y vocal funciona muy bien, pero es el sistema multicanal el que va a triunfar. Ahora mismo puedes tener en casa asistentes virtuales, pero no tienen cámara. Aleksa se vende mucho por Navidades, pero luego casi nadie lo usa. Le preguntas el tiempo, te pone música y poco más. No te permite personalizar",  matiza Carlos Gavilán, quien afirma que los sistemas multicanales van a imponerse muy pronto, "pero por bloques de países".

    "La contrapartida es el hipercontrol. Y hay que distinguir el uso civil. Se va a usar en videoconferencias, donde la privacidad tiene un peso enorme. Por ejemplo, la cotización de Zoom cayó un 30% por un problema en este aspecto. Y eso que vivimos en una sociedad en la que hemos cedido privacidad por comodidad", concluye.
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    verificación, identidad, privacidad, reconocimiento, control, pandemia de coronavirus, coronavirus en España, coronavirus
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