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    En plena epidemia del coronavirus, el mundo vuelve la mirada a China, que a pesar de las dificultades ha podido solucionar el problema de falta de mascarillas gracias a la celeridad y eficacia de las acciones del Gobierno. Xi Jinping como modelo de gestión de crisis sanitarias, en el que se fija incluso el propio Trump.

    Los Liu, en China, son una familia que llevaba 10 años dedicándose a la producción de productos de higiene infantil en la ciudad de Quanzhou. En febrero, el coronavirus azotó el país asiático, y la fábrica optó por centrar su producción en las cada vez más demandadas y escasas mascarillas. En poco tiempo, la fábrica del clan Liu se situó en niveles de producción diaria de máscaras de 200.000 unidades.

    La de Liu es una más de las muchas fábricas de toda China que tomaron la decisión de reorientar su producción hacia las máscaras para cubrir el claro déficit de estas que acusaba el país ante la pertinaz epidemia de coronavirus. Estos esfuerzos transformaron la cantidad anterior al brote de 20 millones de máscaras producidas al día en el país asiático a la estratosférica cifra de 116 millones diarios para finales de febrero.

    Un resultado tan sorprendente no habría sido posible sin la ayuda del Gobierno de Pekín que, consciente del problema, bajó algunos impuestos y habilitó subsidios estatales, todo dirigido a cubrir la falta de material sanitario que amenazaba al país, tal y como informa el portal chino South China Morning Post.

    En consecuencia, se ha producido una sorprendente movilización: se aventuraron a producir mascarillas empresas tan dispares como Chengdu Aircraft Industry Group, dedicada al ensamblaje del caza J-20, o una fábrica cuya actividad está centrada en el montaje de iPhones.

    "Este resultado recuerda al 'esfuerzo de guerra' que se realizó en EEUU y Europa occidental a mediados del siglo pasado, pero hoy en día, posiblemente, ningún otro país podría poner en marcha una transformación similar tan rápida", recoge el diario.

    La fuerza de China, ¿ejemplo para Occidente?

    La efectiva respuesta que está dando el gigante asiático a la crisis del SARS-CoV-2 pone de relieve el gran potencial que muestra la economía china cuando refuerza su base industrial. De hecho, el mundo empieza a depender de China para garantizar un mínimo de material esencial para afrontar la epidemia.

    Por ejemplo, Italia, el segundo país más afectado por el virus, ha cerrado con Pekín un trato por el que recibirá del país asiático máscaras, trajes protectores y otros materiales. Así, China se alza "como el principal exportador global de bienes de consumo público mientras que EEUU no puede ni quiere ser líder" en este ámbito. De hecho, el país norteamericano se está quedando sin material sanitario a un ritmo preocupante.

    En este sentido, el experto en China del think tank washingtoniano Brookings Institute, Rush Doshi, comenta, citado por el mismo medio: "La lección para Washington no es que tengamos que emular el modelo económico Chino, sino más bien que debemos administrar mejor la base industrial en sectores clave".

    Desde la perspectiva de Trump

    Si en la campaña presidencial de 2016 Donald Trump prometía traer de vuelta a EEUU los empleos manufactureros a cargo de China, ahora la crisis global provocada por la falta de mascarillas evidencia lo difícil que será para EEUU revertir la hegemonía de China sobre el proceso de producción global, tal y como escribe el medio asiático.

    De hecho ahora el presidente de EEUU se está planteando implementar una ley sobre la producción militar que permita al Gobierno ordenar a las compañías reajustar su producción para garantizar las existencias de bienes imprescindibles en situaciones excepcionales, como ocurre en China.

    En cualquier caso, también habrá que tener en cuenta que en un país como es EEUU es difícil que un presidente pueda sacar con éxito a la nación de una crisis semejante de forma autónoma.

    "Por eso, en mi opinión, Trump mira a Xi con envidia (…). Y es por eso que a Trump le gusta relacionarse con Putin y con Xi: porque ambos pueden mover montañas [con su poder]. Yo pienso que Trump envidia mucho esa capacidad", reflexiona Harry Broadman, presidente de la práctica de mercados emergentes en Berkeley Research Group y alto funcionario del Gobierno de EEUU en las décadas de 1980 y 1990.
    Etiquetas:
    Xi Jinping, máscara, Donald Trump, EEUU, China
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