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    Carlos J. Finlay se ganó la gratitud internacional gracias a sus aportes a la ciencia en pleno siglo XIX, cuando la fiebre amarilla cobraba miles de vidas en el Caribe. El reciente brote de esta epidemia en Brasil evidencia la importancia del aporte de Finlay y de la vacunación preventiva, otro hecho en el que Cuba ha sido pionera en el mundo.

    La fiebre amarilla o vómito negro se conoce en el continente americano desde 1648, aunque algunos estudiosos remiten sus orígenes a la antigua civilización Maya y otros creen que vino de África. Pero solo se identificó en esa fecha, tras una epidemia en Guatemala y Yucatán.

    Rápidamente se propagó a Cuba y en pleno siglo XIX murieron sólo en La Habana casi 7.000 personas, ocasionando una elevada morbilidad que ha sido registrada como la mayor de todos los tiempos en la Isla.

    Pero nada de esto trascendió hasta que el epidemiólogo cubano Carlos J. Finlay anunció en 1881 su suposición de que el mosquito era el agente trasmisor de la enfermedad. Esto fue comprobado por la Cuarta Comisión Médica del Ejército de Estados Unidos en territorio cubano en 1900.

    ​La teoría de Finlay parecía descabellada pero no era nueva, ya que en 1790 el médico irlandés John Crawford  había relacionado el contagio de la fiebre amarilla con la transmisión a través de insectos, teoría que fue reconocida y retomada por Finlay en su nueva presentación.

    ​Tras las respectivas comprobaciones, Finlay fue reconocido como creador de la Teoría Metaxénica que explica el contagio de esta enfermedad desde un sujeto enfermo a uno sano a través la hembra del mosquito 'aedes aegypti', lo que completaba la cadena epidemiológica de la transmisión.

    El sabio cubano fue presentado como candidato al Premio Nobel de Medicina y Fisiología. Carlos J. Finlay debió ser el primer cubano en recibir ese premio, tras siete nominaciones con el respaldo de varias personalidades de la época, pero el Instituto Karolinska de Estocolmo nunca le dio ese reconocimiento.

    El trabajo de Finlay trascendió en la historia de la ciencia no sólo por sus aportes en relación con la fiebre amarilla, sino porque también descubrió y solucionó el terrible problema del tétanos infantil.

    ​​​Finlay también investigó otras enfermedades epidémicas, como el cólera, aunque sus apuntes sobre este padecimiento fueron censurados por el entonces Gobierno español e ignorados por los académicos durante años. Más adelante, científicos cubanos retomaron estos aportes para el estudio y erradicación de dicha enfermedad en la Isla.

    En 1902, Finlay ocupó el cargo de Jefe de Sanidad de la República y Presidente de la Junta Superior de Sanidad, puesto máximo de la época para dirigir la salud en la Isla.

    Con las orientaciones de Finlay, los salubristas cubanos de entonces lograron disminuir la mortalidad por tétanos infantil en 1903 y Cuba erradicó la fiebre amarilla finalmente en 1908.

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    Carlos J. Finlay nació en el centro de la Isla el 3 de diciembre de 1833, fecha en la que se celebra el Día de la Medicina Americana, en homenaje a este ilustre epidemiólogo cubano. También, la Orden Carlos J. Finlay es actualmente la máxima distinción que se entrega en la mayor de las Antillas a personalidades de la medicina.

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    Etiquetas:
    fiebre amarilla, mosquito, historia, pandemia, epidemia, América Latina
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