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    Una persona estresada (imagen referencial)

    ¿Quién dijo que el estrés era malo? La evidencia científica te sorprenderá

    CC0 / Pixabay
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    Estar sometido a estrés no es necesariamente algo negativo. Esta afirmación puede resultar contraria al sentido común, pero el ser humano está preparado desde el nacimiento para enfrentar situaciones adversas. Entérate de cómo influye de manera positiva el estrés en tu vida.

    En los tiempos que corren, es prácticamente imposible mantenerse al margen de las situaciones que desafían al ser humano. Los escenarios que amenazan la tranquilidad se traducen en estrés, y pasan factura a las personas en afecciones físicas, preocupaciones y angustias.

    Sin embargo, el estrés de por sí no es necesariamente algo malo. Puede llegar a ser un aliado, ya que se trata de una capacidad que permite al hombre enfrentarse a la adversidad. En ese sentido, puede ser incluso saludable experimentar una determinada cuota.

    "El estrés es una respuesta normal del organismo ante situaciones que exigen un esfuerzo mayor de lo ordinario. Estamos construidos para hacerles frente y superar dificultades para desarrollarnos. Eso quiere decir que un cierto grado de estrés es necesario", explicó a Sputnik el José Luis González de Rivera, doctor en Medicina por la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Psicoterapia de Madrid.

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    El médico citó un antiguo experimento que el Ejército ruso realizó entre los años 50 y 60 comparando dos batallones de soldados: uno, entrenándose para el combate y expuesto a elevados niveles de estrés y otro, en total estado de reposo en los cuarteles. A ambos se les medía los niveles de cortisol y adrenalina, conocidos como "hormonas del estrés".

    Según el entrevistado, los análisis a los que se sometían los militares demostraron que aquellos en total quietud mostraban a partir del primer día "niveles de estrés elevados". En otras palabras, se podría decir que "el exceso de tranquilidad es estresante", ya que el ser humano "está construido para funcionar en un nivel de estimulación".

    Para entender mejor esto es útil separar el estrés en dos niveles. El primero es el externo e incluye a las situaciones que ponen a prueba y exigen la superación propia. El otro, interno, se corresponde con los mecanismos orgánicos y psicológicos para hacer frente y responder a la situación.

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    González de Rivera evocó los estudios de Hans Selye, un médico austríaco que desempeñó su carrera en Canadá y que hizo los primeros estudios sobre el estrés. El investigador lo dividió en dos: el 'eustress' —aquel beneficioso— y el 'distress' —el perjudicial—.

    ​"El 'distress' es perjudicial cuando supera los mecanismos de respuesta y entonces nos sobrecarga. Puede acabar teniendo efectos perjudiciales a corto o largo plazo. Sin embargo, el eustrés lo podemos entender como un entrenamiento, algo que nos fuerza para superar y desarrollar nuestra capacidad. Hay un punto crítico en el estrés a partir del cual se produce un fenómeno muy curioso: la reorganización del organismo desde el punto de vista psicológico", afirmó el entrevistado.

    Según el director del Instituto de Psicoterapia de Madrid, a partir de una crisis aguda de estrés, la situación posterior puede ser peor que antes y generar un daño. Pero también puede ser mejor y fortalecer a los individuos, a través del desarrollo de la personalidad y la adquisición de nuevos mecanismos de hacer frente a las dificultades. E incluso de encontrarse con respuestas a problemas en las que uno jamás hubiera pensado.

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    "Mi consejo es que ante una situación de estrés pensemos que más que una desgracia es una prueba, una oportunidad de entrenarnos para superar una dificultad. Y si no puedo, por lo menos he aprendido algo", aseveró González de Rivera.

    Para eso, lo principal es "mantener la calma" y después analizar la situación. Si uno se enfoca en sentirse desafortunado, "crea una segunda fuente de estrés": el descontento y las exigencias internas, que lo único que hacen es empeorar el panorama. Lo adecuado, entonces, es enfocarse y ver "cómo salir adelante y poner todas las energías a favor del progreso y la superación" en las circunstancias.

    "Hay veces que lo único que uno puede hacer es quedarse quieto, rezar y esperar a que la cosa pase, manteniendo la calma al máximo y procurándose el menor daño posible. Si es lo único que puede hacerse, no empeoremos las cosas con nuestras desgracias y nuestros autorreproches", ejemplificó el médico.

    Las respuestas físicas del ser humano al estrés fueron moldeadas a lo largo de la evolución. El hombre primitivo estaba sometido a situaciones como fieras salvajes, falta de comida y tribus enemigas. La reacción, entonces, debía ser "sobre todo física": la contracción de los músculos, el aumento de la presión arterial y del ritmo cardíaco, con un agudizamiento del estado de vigilancia, ira y miedo.

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    Hoy, no es usual que un ser humano se encuentre en la calle con un animal salvaje. Pero hay otras instancias que le pesan de igual manera, como "las dificultades laborales o el trato impersonal", que desencadenan reacciones que impactan en modo nocivo en la salud.

    "Llaman nuestra atención continuamente, no porque sean peligrosas, sino porque simbolizan algo. Todos los mensajes de móvil, las llamadas, las situaciones y decisiones que hay que tomar no son realmente de vida o muerte física como luchar contra un mamut o contra un tigre. Sin embargo, desde el punto de vista simbólico, la gente lo vive como situaciones de lucha. La respuesta fisiológica anticuada que tiene nuestro organismo no está pensada para esto", explicó González de Rivera.

    De acuerdo con el terapeuta, la solución está en "desarrollar y activar mecanismos de calma, relajación, creatividad y amplitud de la mente", para hacer frente a ese tipo de estrés.

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    Etiquetas:
    cortisol, adrenalina, organismo, aprendizaje, estímulo, cuerpo, estrés, salud
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