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    Un pueblo indígena en Guatemala

    Joven rusa funda clínica en Guatemala

    © AFP 2019 / Johan Ordonez
    Salud
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    Victoria Valikova, una joven médica rusa, viaja a Guatemala para prestar asistencia médica gratuita a los habitantes de un pequeño pueblo.

    El afán al trabajo y el deseo de ayudar a la gente ha llevado a una joven médica rusa de 26 años a la pequeña aldea Pojom de Guatemala, lugar de residencia de indígenas maya.

    “He decidido construir una clínica para pobres en una región guatemalteca alejada de las grandes ciudades. No tengo nada más que fe en que todo va a salir bien”, escribe Valikova en su blog.

    Victoria Valikova se dedica al tratamiento de enfermedades infecciosas. La joven médica está convencida de que no hay “nada más interesante que las infecciones, sobre todo, las tropicales”. Victoria empezó su carrera en un hospital de Ufá (Rusia), pero a pesar de que todo iba bien, decidió dejar el trabajo para viajar por Asia, evitando la rutinaria vida del médico. Visitó Indonesia, Camboya, Singapur entre otros países. Ha viajado por todo el mundo como turista, voluntaria y estudiante de medicina. Más tarde, fue invitada a continuar sus estudios en un instituto de enfermedades tropicales de Amberes (Bélgica). Mientras Victoria estudiaba, encontró trabajo en Guatemala, donde buscaban un médico voluntario. Sin pensarlo dos veces, la joven aceptó la propuesta y se dirigió al país de América Latina.

    Victoria Valikova, fundadora de una clínica en Guatemala
    © Foto : Victoria Valikova
    Victoria Valikova, fundadora de una clínica en Guatemala

    “Ese trabajo era como mi ilusión. Cuando fui a Guatemala, creía que esa experiencia solo sería un pequeño avance en mi carrera, pero ha sido algo totalmente diferente. Me di cuenta de que no podía dejar a esa gente", comenta la galena en su entrevista a Mediakorset.

    Ahora Victoria está en su casa en Ufá. Pero pronto volverá a Guatemala para construir allí una clínica junto con otros voluntarios rusos. Ya tiene programado el plan del trabajo, el diseño del edificio y parcialmente solucionado el financiamiento. La clínica cuesta alrededor de 10 mil dólares, este precio no incluye los equipos médicos. Mucha gente apoyó esta buena iniciativa, donando dinero, grabando vídeos y creando las páginas web. Por eso el proyecto va avanzando poco a poco.

    Mucha gente pregunta a Valikova, ¿por qué ella no ha elegido alguna remota aldea de Rusia para construir la clínica, sino un pueblo en Guatemala?. Sin embargo, ella explica que en Guatemala la situación es más grave, porque muchos no tienen acceso a la asistencia médica adecuada. Su experiencia demuestra que la gente local se enferma y muere de diarrea y neumonía. Y además, muchos niños nacen con patologías y mutaciones. La gente que vive en los lugares alejados de las ciudades grandes y no dispone de suficientes recursos económicos, no tiene la oportunidad de consultar al médico. En este contexto, el proyecto es particularmente importante.

    La idea principal de este grupo de voluntarios se centra en ayudar a la gente, no en ganar dinero con este proyecto.

    “No puedo trabajar en clínicas privadas, cobrando dinero a la gente que está enferma” declara la joven médico.

    Victoria explica que el mayor problema de los médicos tropicales, y en general, de todos los médicos provinciales, es que muchos medicamentos tienen un solo ejemplar y es difícil decidir a quién dárselo, “¿a una persona que casi está viva o a la que casi está muerta?”. Estas cuestiones éticas “son mucho más complicadas que cualquier problema relacionado con una enfermedad concreta”. “Todo esto me hizo pensar que lo estoy haciendo bien, que es mi camino”, asegura Victoria.

    Su vida “está llena de momentos felices, lugares maravillosos y gente estupenda”, porque ha entendido que “la felicidad radica en hacer feliz a otra gente”. Victoria está segura de que “cada uno tiene derecho a la salud, no importa su sexo, color, nacionalidad, religión o ingresos”.
    La joven galena confiesa que no todos entienden su camino.

    La meta de la mayoría de las mujeres rusas es casarse y tener hijos, mientras que el hombre aspira a ganar mucho dinero y ascender en el trabajo, explica Victoria. “Si tu objetivo es diferente al de la mayoría, siempre va a haber gente que te dirá que lo estás haciendo mal. Que eres tonta, que hay que tener hijos. Pero yo estaré muy alegre si mi experiencia resulta útil para alguien. Tenemos solo una vida. Y cada uno tiene derecho a decidir qué hacer, no importa lo que digan los demás”.

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    Etiquetas:
    medicina, voluntarios, Guatemala, Rusia
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