En directo
    Rusia
    URL corto
    Por
    611337
    Síguenos en

    El 25 de diciembre de 1991 el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, pronunció un discurso televisado en el que anunció que dejaba su cargo. Esa intervención marcó el fin de la existencia de la Unión Soviética. Sputnik recuerda cómo fueron los 'últimos suspiros' del gigante comunista.

    Las opiniones en cuanto al mandato del primer y último presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, en los antiguos países de la Unión varían considerablemente. Según un sondeo realizado en 2016 en Rusia por la encuestadora FOM, solo el 9% de los encuestados tienen una "buena" percepción del último líder de la URSS, mientras que el 42% son "indiferentes" y el 39% tiene una percepción "negativa" de Gorbachov.

    Pero ¿a qué se debe la gran percepción negativa hacia el exmandatario soviético? Para muchos —en gran medida, para las personas adultas y de la tercera edad— Gorbachov es el culpable de la disolución del país comunista. Precisamente él dio inicio a los cambios drásticos en la vida de los ciudadanos de la URSS con el proceso conocido como la perestroika. Él también allanó el camino hacia la mejora en las relaciones con Estados Unidos.

    Al fin y al cabo, la perestroika y los procesos secesionistas en las repúblicas de la Unión resultaron en la disolución del país y la aparición de 15 países independientes. La mejora en las relaciones con EEUU y la caída de la Unión Soviética tuvieron como consecuencia la derrota de Moscú en la Guerra Fría. No obstante, sería incorrecto decir que la perestroika solo tuvo consecuencias negativas. Esto explica por qué hay muchas personas indecisas a la hora de evaluar las acciones de Gorbachov.

    La perestroika trajo consigo valores democráticos y muchas libertades a los ciudadanos del país que estaba a punto de desintegrarse. Justo por estos logros de la política de Gorbachov hay quienes incluso tienen una relación positiva hacia el último dirigente de la nación comunista. Aun así, también hay quienes creen que fue posible modernizar el país, traer valores democráticos y preservar la integridad de la Unión, todo a la vez. Pero Gorbachov no lo logró, dicen.

    La independencia, pese a la voluntad del pueblo

    La caída de la Unión Soviética fue condicionada por la insubordinación de los líderes de las repúblicas constituyentes. El conflicto entre el dirigente de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, Borís Yeltsin, quién con el paso de tiempo se convertiría en el primer presidente de Rusia, y el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, fue bien conocido por muchos y tuvo un carácter abierto.

    Yeltsin y los líderes de Ucrania y Bielorrusia, Leonid Kravchuk y Stanislav Shushkévich, firmaron el 8 de diciembre de 1991 —dos semanas y media antes del discurso de Gorbachov— el Tratado de Belovezha, que efectivamente oficializó la disolución de la Unión Soviética. Los tres líderes tomaron una decisión sin hacer caso a la voluntad de las cúpulas gobernantes de algunas otras repúblicas de la Unión y sin hacer caso a la voluntad de los pueblos de la URSS.

    Y el pueblo de la Unión Soviética sí había expresado su voluntad. El 17 de marzo de 1991 se celebró el referéndum sobre el futuro de la Unión Soviética. La pregunta que se planteó ante los votantes fue: "¿Usted considera necesaria la preservación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como una federación renovada de repúblicas soberanas iguales en la que serán garantizados plenamente los derechos y las libertades de una persona de cualquier etnia?".

    El 77,8% de los votantes expresaron su deseo de preservar la URSS en una nueva forma de federación, es decir, la mayoría de los habitantes de la nación comunista no querían que sus repúblicas se separasen. Solo el 22,2% de los votantes se mostraron en contra. El voto a favor de la preservación de la Unión fue más fuerte en las repúblicas constituyentes de la región de Asia Central. Las repúblicas bálticas, Moldavia, Georgia y Armenia no participaron en la votación. 

    En verano boreal de 1991 las autoridades soviéticas elaboraron un proyecto de la creación de la nueva URSS —Unión de Repúblicas Soberanas Soviéticas— o UES —Unión de Estados Soberanos—. Estaba previsto que este sería un Estado unido en forma de una federación más descentralizada en comparación con la antigua URSS. Sin embargo, todos los planes resultaron ser en vano porque el proceso de la reorganización fue saboteado. 

    Por ende, se proclamó la Comunidad de Estados Independientes, una organización supranacional que no juega ningún papel importante y menos aún se parece al proyecto de la federación que iba a reemplazar a la URSS. Al fin y al cabo, el proceso de desintegración terminó para finales de 1991. Pero los países de la Unión tuvieron que pasar por inmensas dificultades y algunos pagaron un precio muy caro por su independencia e integridad territorial.

    Heridas sangrantes

    Las primeras repúblicas en proclamar su soberanía de la Unión Soviética fueron los actuales países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania. Tallin proclamó su soberanía en 1988, mientras que Riga y Vilna lo hicieron en 1989. 

    Pero solo en 1990 estos países anunciaron que dejaban la Unión. La primera en hacerlo fue Lituania: Estonia y Letonia siguieron su ejemplo. Estas repúblicas pasaron a formar parte de la URSS solo en 1940 y nunca fueron muy leales a Moscú pese a las enormes inversiones que la Unión hizo para mejorar el nivel de vida en estas tres. El 6 de septiembre de 1991 la URSS reconoció la independencia de los países bálticos.

    La RSS de Georgia proclamó su salida de la URSS en abril de 1991 y tuvo que pasar por un período de inestabilidad política y dificultades económicas. Tiflis luchó dos guerras: una contra la región independentista de Abjasia y otra, contra la región independentista de Osetia del Sur. Además, el país se sumergió en una guerra civil. Solo décadas después Tiflis alcanzó una relativa estabilidad que de vez en cuando es interrumpida por breves crisis políticas.

    La RSS de Azerbaiyán proclamó su salida de la URSS en agosto de 1991 cuando ya estaba sumergida en una sangrienta guerra contra la región autónoma armenia de Nagorno Karabaj. El eco de esta guerra volvió a sonar en 2020 cuando Azerbaiyán lanzó una ofensiva exitosa contra este enclave armenio. Azerbaiyán vivió un período de crecimiento económico al firmar el Contrato del Siglo en 1994 que sirvió para empezar a vender su petróleo.

    Conflicto en Nagorno Karabaj (1989)
    © Sputnik / Sergey Titov
    Conflicto en Nagorno Karabaj (1989)

    Armenia anunció su salida de la URSS en septiembre de 1991 y también vivió un período de crisis políticas y económicas. Estuvo involucrado en la guerra en Nagorno Karabaj al brindar apoyo y ayuda a los armenios de la República de Artsaj.

    Moldavia, Ucrania y Bielorrusia anunciaron su salida de la URSS a finales de agosto de 1991.

    Moldavia vivió un conflicto armado con la región de Transnistria que estuvo en contra de separarse de la URSS y en contra de la posible incorporación de Moldavia en Rumanía. También tuvo problemas con la región de Gagauzia, pero este conflicto se solucionó pacíficamente. El Estado moldavo, que prosperó durante la época de la URSS, hoy tiene uno de los niveles de vida más bajos en toda Europa.

    Ucrania celebró el referéndum de independencia después de proclamar su salida de la URSS. En el plebiscito del 1 de diciembre de 1991, el 90,32% de los votantes se mostró a favor de la independencia. Luego, este país estuvo sumergido en graves crisis económicas y la inestabilidad política en cuanto a su vector de la política exterior. 

    Tras el golpe de Estado de 2014 Kiev optó por acercarse a la UE y la OTAN, dando la espalda a Moscú. Como consecuencia de la crisis política, Crimea se incorporó en la Federación de Rusia, mientras que partes de dos regiones muy desarrolladas, Donetsk y Lugansk, proclamaron sus independencias. El conflicto en Donbás sigue activo hasta hoy. 

    Además, en los años de su independencia Kiev desperdició el poder industrial que había acumulado durante la época de la URSS.

    Bielorrusia ha sido relativamente estable tras la disolución de la Unión. En 1994 Alexander Lukashenko llegó al poder y ha permanecido como presidente del país hasta el día de hoy. Su administración preservó el legado industrial soviético

    La Federación de Rusia anunció su salida de la URSS en diciembre de 1991. En los años 1990 vivió graves crisis económicas, pero a partir de los 2000 su economía ha crecido y el nivel de vida mejoró. La epidemia secesionista no solo afectó a la URSS, sino que también socavó la integridad territorial de Rusia. Moscú luchó dos guerras contra los separatistas chechenos y tuvo problemas con los independentistas tártaros. Pese a estas dificultades, Moscú logró preservar la integridad del país.

    Las repúblicas de Asia Central —Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán— también pasaron por períodos inestabilidad económica tras proclamar su independencia en 1991. El único país que vivió un conflicto armado fue Tayikistán donde se desencadenó una guerra civil. Con la ayuda de Rusia se logró evitar la llegada al poder de movimientos islamistas

    Protestas en Tayikistán durante la guerra civil (1992)
    © Sputnik / Ratushenko
    Protestas en Tayikistán durante la guerra civil (1992)

    Kazajistán fue la última república en proclamar su salida de la URSS. Hoy es la nación más estable de Asia Central.

    El 26 de diciembre —el día siguiente al discurso televisado de Gorbachov— Moscú reconoció la independencia de todas las repúblicas constituyentes y de esta manera oficialmente puso fin a la existencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Así se acabó la historia de un gigante comunista que existió casi siete décadas.
    Etiquetas:
    comunismo, Rusia, Borís Yeltsin, Mijaíl Gorbachov, URSS
    Normas comunitariasDiscusión
    Comentar vía SputnikComentar vía Facebook