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    MOSCÚ (Sputnik) — El presidente ruso, Vladímir Putin, pasó casi un mes guardando un profundo silencio sobre los acontecimientos en Bielorrusia, pero por fin se pronunció al respecto en una entrevista sorpresa, grabada la noche del 26 de agosto y transmitida este mismo 27 de agosto.

    Aunque sí que hubo comentarios de su portavoz, Dmitri Peskov, en las últimas semanas personalmente el presidente de Rusia no se pronunció ni sobre la detención de los rusos en Bielorrusia antes de las elecciones presidenciales, ni sobre las manifestaciones poselectorales en el país vecino.

    Todo ello pese a que ambos temas están muy ligados a Putin. 

    Así, las autoridades bielorrusas afirmaban que los rusos detenidos eran miembros de la "empresa militar privada Wagner", que el propio presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, asoció con el empresario ruso Evgueni Prigozhin, al que numerosos medios identifican como amigo cercano o "cocinero de Putin".

    El propio Kremlin jamás confirmó de una manera explícita esta conexión, pero siempre ha declarado el carácter cercano de las relaciones entre Lukashenko y Putin. El presidente bielorruso dijo en una entrevista concedida antes de las elecciones que Putin para él es "hermano mayor". Así que para muchos fue sorprendente que Putin se limitara solo a unos comunicados oficiales emitidos por el Kremlin a la hora de comentar la situación en el país vecino.

    Los rusos detenidos, una trampa de Kiev y Washington

    A la hora de anunciar la entrevista de Putin con la cadena Rossiya 1, su portavoz Peskov adelantó que el mandatario se pronunciaría "sobre los momentos más importantes de la agenda" y daría "muchas estimaciones que antes no han sido reveladas". Una de estas fue la explicación de la detención de 33 ciudadanos rusos en vísperas de las elecciones presidenciales en Bielorrusia.

    Putin expresó la certeza de que la detención de los rusos fue "fruto de una operación conjunta de los servicios secretos de Estados Unidos y Ucrania".

    Esos rusos "debían viajar a otros países, en América Latina y Oriente Próximo, para un trabajo legal. Pero en realidad fueron metidos en el territorio de Bielorrusia y presentados como una posible fuerza de combate para desestabilizar la situación en la campaña electoral, lo que no corresponde a la realidad", afirmó.

    Putin subrayó que los servicios fronterizos de Rusia no les dejaban salir del país, y al final cruzaron la frontera usando documentos falsos.

    En principio, el Comité de Investigación de Bielorrusia acusó a esos rusos de llegar al país con el fin de organizar disturbios. El cónsul ruso en Minsk, Kiril Pletnev, afirmó que los ciudadanos detenidos estaban en Bielorrusia de tránsito y debían volar de Minsk a Estambul y de ahí a América Latina.

    La Fiscalía General de Ucrania comunicó que Kiev preveía solicitar la extradición de 28 de los rusos detenidos en Bielorrusia, para juzgarlos por su supuesta participación en el conflicto en Donbás. Lukashenko afirmaba que el destino de los rusos detenidos debía ser decidido por los fiscales generales de Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

    Pero luego el Kremlin comunicó que Lukashenko y Putin en una conversación telefónica acordaron resolver la situación "en el espíritu de entendimiento mutuo", y más tarde, el 15 de agosto, 32 de los rusos detenidos fueron entregados a Rusia. Kiev lamentó esta decisión.

    Violencia 'moderada' en Bielorrusia

    Preguntado por los casos de violencia durante la actuación de los servicios del orden bielorrusos en las manifestaciones poselectorales, Putin comentó que los agentes de seguridad "se comportan de una manera bastante moderada, a pesar de todo".

    En los primeros días que siguieron a la votación del 9 de agosto en Bielorrusia, los agentes de seguridad dispersaron con gas lacrimógeno, balas de goma, cañones de agua, granadas aturdidoras e incluso fusiles con acción de bombeo a los manifestantes que protestaban por las irregularidades electorales, que Luskahenko rechaza pero la UE da por probadas, pues no reconoce esos comicios.

    Según los datos del Ministerio del Interior, unas 6.700 personas fueron detenidas en los primeros días de las protestas, y una vez liberados días más tarde, numerosos detenidos relataron casos de violencia policial durante la detención, incluyendo golpizas, torturas e incluso agresiones sexuales.

    Los datos de la ONU apuntan a que unos 60 participantes de protestas "mayoritariamente pacíficas" se acusan de actos criminales, al menos ocho personas se dan por desaparecidas y cuatro fallecieron.

    La Unión Europea prometió sanciones por la violencia policial durante las protestas y declaró persona no grata a Lukashenko. Estados Unidos también condenó el uso de la fuerza desproporcionada.

    Incluso el entrevistador Serguéi Briliov afirmó que "muchos se sentían incómodos" en los primeros días de las manifestaciones.

    "¿Acaso se sentían cómodos cuando en algunos países europeos casi a diario murieron personas? ¿Se siente cómodo cuando un hombre desarmado recibe disparos en la espalda, justo en el momento en que en su coche están tres hijos suyos?", comentó Putin, en una referencia clara al reciente caso del afroestadounidense Jacob Blake.

    El presidente ruso subrayó que "ninguno de aquellos que echan culpas al presidente Lukashenko condena" la actuación de las fuerzas de seguridad en otros países.

    "Esto hace pensar que no se trata de lo que está pasando en Bielorrusia, sino que alguien está interesado en influir en esos procesos y conseguir soluciones que se ajusten a sus intereses", afirmó.

    Apoyo militar ruso

    Putin destacó que en comparación con los países de la UE y Estados Unidos, Rusia se porta "con mucha mayor contención y neutralidad con respecto a los acontecimientos bielorrusos".

    De hecho, el Kremlin ha sido bastante cauteloso en lo que respecta a la situación en Bielorrusia, exceptuando el hecho de que Putin fue uno de los primeros (y pocos) líderes en felicitar a Lukashenko por la reelección. Precisamente hoy el 27 de agosto, el principal símbolo de la oposición y excandidata a la presidencia de Bielorrusia, Svetlana Tijanóvskaya, declaró que no ha visto "ninguna otra evidencia de apoyo" por parte de Putin al Gobierno de Lukashenko.

    Putin destacó que Rusia no puede observar con indiferencia lo que está pasando en Bielorrusia, porque es un país muy afín en los aspectos lingüístico, cultural, religioso y muchos otros. Subrayó que "si hay gente que sale a las calles, hay que reaccionar a ello y escucharla", y recordó que "el presidente bielorruso está dispuesto a examinar la posibilidad de ejercer una reforma constitucional, adoptar una nueva Carta Magna, celebrar nuevas elecciones".

    Putin reiteró que "los problemas que han surgido hoy en Bielorrusia deben resolverse de forma pacífica". O con el apoyo de la fuerza rusa, si resulta necesario.

    El presidente ruso explicó que Rusia tiene compromisos en materia de seguridad con Bielorrusia, y en el marco de estos Lukashenko le pidió formar "una reserva de agentes de servicios de seguridad" rusos, que se utilizaría si la situación "se sale de control".

    "Esa reserva no se va a utilizar hasta que los elementos extremistas en este país se pasen todos los límites y comiencen a hacer fechorías escudándose en consignas políticas, cometan delitos, prendan fuego a vehículos e intenten ocupar edificios administrativos", aclaró.
    Etiquetas:
    relaciones bilaterales, apoyo, Bielorrusia, entrevista, Rusia, Vladímir Putin
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