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    En 1991, tras la caída de la Unión Soviética, las regiones de Crimea, Donetsk y Lugansk le pidieron al entonces presidente ruso, Borís Yeltsin, que las mantuviera como parte de Rusia y no las entregara a Ucrania, reveló el jefe de la Administración presidencial en aquella época, Serguéi Filátov.

    Las regiones, habitadas tradicionalmente por rusohablantes, deseaban formar parte de Rusia, pero la difícil situación vivida en el país tras el fin de la Unión Soviética hizo que terminaran bajo el mando de Ucrania, detalló Filátov en una entrevista al periódico ruso Vzglyad.

    "Por supuesto, originalmente era nuestra tierra, simplemente se la dieron a Kiev. [Crimea, Donetsk y Lugansk] comprendían que estaban en condiciones desiguales con los ucranianos; en Ucrania, el nacionalismo se desarrollaba con mucha fuerza", dijo el jefe de la Administración de Yeltsin.

    Al preguntarle si el presidente necesitaba haber insistido en las negociaciones con Kiev para que estas regiones tuvieran derecho a realizar un referéndum acerca de su destino, Filátov puso de relieve que el equipo de Yeltsin "no tenía tiempo" para lidiar con esta situación, porque había otras prioridades.

    "Entonces, la preocupación era cómo iba a sobrevivir Rusia en general. Antes de que comenzaran las reformas de Gaidar, no había pan en muchas áreas; durante varios días no hubo harina. Y quedaron 120.000 millones de dólares en deudas de la URSS. ¿En qué pensábamos en ese momento, en Ucrania o en nosotros y nuestra gente?", concluyó Filátov.

    Crimea se separó de Ucrania y se reincorporó a Rusia tras celebrar en marzo de 2014 un referéndum en el que la mayoría aplastante de los votantes —más del 96%— avaló esa opción. Kiev, sin embargo, considera que Crimea es un territorio ucraniano "temporalmente ocupado".

    Etiquetas:
    Borís Yeltsin, Ucrania, Rusia, Crimea
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