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    Una isla rusa de Kuriles (imagen referencial)

    Un ruso se hizo con una isla privada en el Lejano Oriente y creó un centro de aventuras

    © Sputnik / Ekaterina Chesnokova
    Rusia
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    El programa del Gobierno ruso 'Hectárea en el Lejano Oriente' va cobrando fuerza. Según la página web del programa, casi 45.000 hectáreas ya han sido otorgadas y otras 78.000 solicitudes están pendientes. Sputnik conversó con un nuevo propietario que logró convertirse en dueño… de una isla privada.

    Solo un 26% de los solicitantes planea organizar una producción agrícola en su hectárea gratis, según los datos del Ministerio ruso de Agricultura. Eso quiere decir que la mayoría restante baraja otros usos para sus tierras.

    Entre las ideas quizá más originales se destaca la de Narek Oganesián, un exmoscovita que optó por trasladarse al Lejano Oriente con una idea peculiar: abrir un centro turístico para aventureros.

    Este emprendedor logró recibir una isla entera situada en el mar de Japón (conocido también como mar del Este). A pesar de tener experiencia en el sector bancario y no en el turístico, Narek optó por crear una agencia de eventos especializada en 'Robinsonadas' —viajes semisalvajes destinados a experimentar la naturaleza, inspirados por la famosa novela de Daniel Defoe—.

    "Es una oferta única para Rusia y, francamente, para el mundo también. Al menos aquí no veo ninguna competencia. Es una verdadera isla, no hay gente, hay bosques salvajes, playas y un buen clima en verano. Y todo a unos 300 metros del continente", explicó el 'hectáreano', como suelen llamarse los solicitantes de las tierras gratuitas.

    Antes de solicitar derechos como propietario, Narek pidió a los vecinos de las localidades aledañas que organizaran 'una misión de reconocimiento' de la isla. Estos 'exploradores' revelaron que es un lugar idóneo para el turismo, ya que hay una fuente de agua dulce, no hay ni animales salvajes ni insectos peligrosos.

    Oganesián finalizó los trámites de posesión tan solo el marzo pasado, así que esta temporada no pudo organizar ningún viaje. No obstante, no perdió tiempo y se ocupó de la promoción del inusual servicio, por lo que creó una página web básica (disponible en ruso) para acumular solicitudes.

    Hasta la fecha, afirma haber recibido unas 3.500 peticiones, algo suficiente "para varias temporadas".

    Por el momento no se prevé ninguna construcción en la isla, pero el propietario no descarta que en el futuro algunos edificios puedan ser construidos. Mientras tanto, Narek planea aprovechar la infraestructura de la localidad cercana de Lazarev, donde existe la infraestructura necesaria. En este sentido, su proyecto también impulsará el desarrollo de la localidad existente.

    Otro enfoque que Oganesián está tomando en cuenta es la limpieza. Su plan de negocios, aprobado por el Ministerio del Desarrollo del Lejano Oriente, prevé el control de los desechos y el uso de contenedores especiales para quemar la basura.

    Así, de la noche a la mañana, un empleado bancario moscovita se convirtió en dueño de una isla privada a una distancia de más de 6.000 kilómetros de su casa.

    Más: Los viejos creyentes de América Latina reciben terrenos en el Lejano Oriente ruso

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    turismo, negocios, tierra, Lejano Oriente, Rusia