00:52 GMT +313 Diciembre 2017
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    Vista a la ciudad rusa de Arjánguelsk

    El tesoro escondido de Arjánguelsk

    © Sputnik/ Alexei Kudenko
    Rusia
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    Natasha Vázquez
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    Contrario a lo que pudiera parecer a primera vista, el mayor tesoro de la ciudad rusa de Arjánguelsk no tiene que ver con los ricos mercaderes del pasado, ni siquiera con su helada belleza.

    El tesoro escondido a las puertas del Ártico es su gente.

    De esto nos convenció Marina Smirnova, profesora de ciencias humanitarias en la Universidad del Norte de Medicina y devenida nuestra mejor guía por la antigua ciudad, de la que conoce cada rincón y cada secreto.

    Marina Smirnova, profesora de ciencias humanitarias en la Universidad del Norte de Medicina
    © Foto: Сentro de turismo de Arjánguelsk
    Marina Smirnova, profesora de ciencias humanitarias en la Universidad del Norte de Medicina

    Y es que la pasión con la que Marina (y otras personas que conocimos) hablan de su tierra, denota el orgullo por un pasado y una historia gloriosa y las ganas de hacer grande el presente de su ciudad.

    No todo es miel sobre hojuelas. Vivir en el Ártico es todo un reto y Arjánguelsk ha conocido momentos de mayor esplendor. El trabajo a veces escasea y puede motivar a emigrar a unos cuantos.

    "Hace unos años mucha gente se dedicaba al negocio de la madera, no solo a la tala, sino a procesarla", cuenta. "Pero muchos combinados cerraron y otros fueron automatizados, por lo que el trabajo manual es escaso".

    Pero comienza a verse ahora, según Marina, el fenómeno inverso. Muchos de los que un día se alejaron empiezan a regresar.

    "Son muchos los que han probado suerte  en otros lugares y han vuelto ahora. Yo misma viví en San Petersburgo (entonces Leningrado) y regresé. Mis dos hijos se fueron a Moscú a estudiar y ahora viven y trabajan de nuevo en Arjánguelsk", explica.

    ¿Por qué regresan, qué echan de menos?, queremos saber.

    "Nuestras costumbres y nuestra forma de ser. Somos personas abiertas, muy sociables y eso no lo encuentras en las grandes ciudades, donde muchas veces no conoces al vecino de al lado. Aquí somos todos como familia y conservamos tradiciones que ayudan a que así sea. Por ejemplo, a pesar de tener duchas en los apartamentos, todos suelen ir a la 'banya', donde además de tomar un baño se puede socializar", explica.

    Y nos consta, no lo de la banya, pero sí lo amistoso de los habitantes de Arjánguelsk, a los que el frío ártico no parece haberles afectado su calidez humana.  

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    Etiquetas:
    Arjánguelsk, Rusia
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