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    Golpear el agua con un palo, llorar o escupir son algunas de las antiguas 'profesiones' con las que se ganaban la vida muchos rusos hace unos siglos, cuenta María Anísimova, autora de un artículo para la página web del canal Moya Planeta.

    Los escupidores de semillas de nabo

    El 'don' de saber escupir con maestría podía garantizar una vida lejos de la pobreza. Para llevar a cabo su trabajo, el profesional tenía que llenar su boca con las semillas del cultivo más popular de la antigua Rusia: el nabo.

    Nabo
    © Foto : Pixabay
    Nabo

    Hasta el siglo XIX, cuando un decreto estatal promovió el consumo de la patata, el nabo era el alimento básico en las mesas rusas. Se añadía a sopas y guisos, se cocinaba al horno, se comía crudo, servía para rellenos y se guardaba para el crudo invierno ruso.

    Las malas cosechas de nabo tenían consecuencias muy directas y en ocasiones trágicas para las familias. Por lo tanto, sembrar correctamente este tubérculo era extremadamente importante.

    Las semillas de nabo eran tan pequeñas que un millón de ellas pesaba solo 1 kilogramo. Por lo tanto, resultaba muy difícil sembrarlas correctamente con las manos.

    Entonces, los granjeros empezaron a escupirlas para que se repartieran mejor sobre la tierra. Los buenos escupidores eran muy apreciados y enseñaban su arte a otros, para que también pudieran escupir las semillas mejor que nadie.

    Cazadores de sanguijuelas

    Estos profesionales pasaban horas golpeando la superficie del agua con un palo. Las sanguijuelas pensaban que aquellas vibraciones las producía el paso del ganado y se acercaban para alimentarse y poder disfrutar de su deliciosa sangre. El propio 'cazador' se metía entonces en el agua y sus piernas se cubrían rápidamente de sanguijuelas, que recogía tranquilamente después arrancándolas de su propia piel.

    Sanguijuelas
    © Foto : Pixabay
    Sanguijuelas

    Tradicionalmente, las sanguijuelas se utilizaban con fines médicos. Desde la antigüedad, la hirudoterapia era muy popular y los doctores recetaban "retirar la mala sangre" en caso de cualquier enfermedad. Todo comerciante de hace unos siglos sabía que el mejor remedio para combatir la resaca eran unas cuantas sanguijuelas colocadas detrás de las orejas.

    Rusia exportaba con éxito estos chupadores de sangre. Tanto, que antes de la revolución, Europa importaba anualmente 120 millones de sanguijuelas rusas. Un suculento negocio para las arcas del Estado, que daba buenos unos ingresos al Tesoro equivalentes a los de la venta de pan.

    Fabricantes de rabos

    Esta no era solo una profesión, sino también todo un negocio.

    Todo empezó en un duro invierno, cuando muchas manadas de lobos abandonar los bosques y empezaron a atacar al ganado y a las personas. Las autoridades tomaron entonces medidas contundes para acabar con aquella amenaza: se estableció una recompensa de 5 rublos por el rabo de cada lobo cazado.

    Lobo
    © Sputnik / Egor Eremov
    Lobo

    La 'pequeña fortuna' que suponían 5 rublos en aquella época hizo que la gente se lo tomara muy en serio, y consiguiera reunir 100.000 colas de lobo, por las que cobraron 500.000 rublos. Sin embargo, a nadie se le escapó que aquella cantidad era demasiado abultada, y tras una investigación, se reveló que en una fábrica de Moscú producían rabos de lobo.

    De un pellejo de estos animales sacaban entre 15 y 20 rabos, lo que hacía más que rentable su negocio.

    Plañideras

    Las plañideras profesionales existían en la antigüedad en Egipto, Grecia y Roma, donde se las invitaba a los eventos tristes, como los funerales, para que crearan una atmósfera adecuada con el ritual.

    En los pueblos de la antigua Rusia también había plañideras, pero trabajaban no solo en los funerales, sino también en las bodas, dado que la novia debía abandonar la casa de sus padres para mudarse a la de la familia de su marido llorando y profundamente triste.

    Además:

    Las luchas medievales de la Rusia antigua en el siglo XXI
    Etiquetas:
    profesiones, Rusia
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