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    La denuncia por la Unicef de la muerte de 22 niños en un ataque contra una escuela en la provincia siria de Idlib conmocionó al mundo, acentuando una vez más los horrores de la guerra.

    No obstante, sin que se realice cualquier investigación, muchos políticos ya señalan al 'culpable' cómodo.

    Ola de acusaciones

    Washington, en las palabras del portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, responsabilizó a "Siria o Rusia" por el "mortífero ataque aéreo" que supuestamente causó la tragedia en Idlib.

    "No sabemos quién exactamente llevó a cabo el ataque, pero puede ser el Gobierno sirio o los rusos. En cualquier caso, Rusia es responsable porque es su apoyo lo que permite a Bashar Asad realizar ataques aéreos", afirmó categóricamente Earnest, citado por la agencia Reuters. A pocas horas de aparecer la información sobre el ataque.

    El ministro de Exteriores francés, Jean-Marc Ayrault, coincidió con la postura de su aliado norteamericano, alegando a que "la oposición siria no puede efectuar ataques aéreos por no tener aviones", pues, la culpa habría sido "de Siria o de Rusia".

    También reaccionó Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU, quien declaró quedarse "en estado de choque" por esta tragedia y alegó que "de ser deliberado, este ataque podría constituir un crimen de guerra".

    Otros políticos fueron más allá y hasta pidieron poner el caso del ataque, —"y toda la situación siria, en general"—, bajo la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, como Gordon Brown, emisario de la ONU para la educación global, citado por la misma Reuters.

    Reacción rusa

    Al ser informado de la tragedia, el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vitali Churkin, condenó el ataque, tachándolo de "horrible". El diplomático ruso se negó a señalar a alguna parte responsable hasta que se presenten más datos. 

    La cancillería rusa descartó la implicación de sus militares y llamó a una investigación detallada del suceso, con una  amplia participación de las entidades internacionales, antes de sacar conclusiones.

    El Ministerio de Defensa de Rusia, tras analizar los datos y enviar un dron de reconocimiento al lugar de los hechos, desmintió el ataque aéreo.

    Los militares rusos señalaron las discrepancias entre el estado actual del recinto y las consecuencias inevitables de la explosión de las municiones aéreas en el lugar que deberían haberse producido, como la falta de cráteres de impacto y el carácter 'selectivo' de las destrucciones.

    Así, la Defensa rusa tildó de "montaje" los materiales visuales acerca del ataque, lamentando que las entidades internacionales hubiesen sido "engañadas por los estafadores en cascos blancos", en referencia a un grupo de activistas sirios que opera en áreas controladas por las fuerzas antigubernamentales.

    Por su parte, los parlamentarios rusos reiteraron la postura del país respecto a la necesidad de una investigación detallada del ataque y advirtieron contra la intención de politizar el asunto en detrimento de la objetividad.

    "Es inadmisible usar estas tragedias con fines políticos ni culpar de inmediato a ninguna parte", comentó a RIA Novosti Konstantin Kosachev, el jefe del Comité de asuntos internacionales del Senado ruso —Cámara alta del Parlamento—.

    La parte rusa, precisó, siempre pide realizar investigaciones y basarse en las pruebas sólidas antes de responsabilizar a alguna parte mientras "los oponentes de Rusia suelen actuar de manera contraria":

    "En cualquier oportunidad de culpar a Rusia, lo hacen enseguida sin pensarlo dos veces", lamentó el parlamentario al añadir que exactamente esta postura impide el arreglo en el país árabe.

    Credibilidad de la fuente

    El mensaje más compartido sobre el ataque fue difundido por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), pero se basa en un reporte anterior que recopila las declaraciones de la llamada Defensa Civil Siria (SCD, por sus siglas en inglés), también conocida como 'los cascos blancos' —los activistas que actúan en las regiones sirias bajo el control de la llamada oposición moderada, como en Idlib, y en ciertos casos, ocupadas por los grupos extremistas, como en el este de Alepo—.

    Debido a su estancia en el terreno, son a menudo los primeros en llegar en los lugares de emergencia, pero al mismo tiempo suelen ser los últimos ya que tanto los opositores como los radicales prohíben la entrada en sus territorios a los que no les apoyan. Por eso, es casi imposible verificar independientemente la veracidad de las informaciones proporcionadas por el grupo de activistas.

    Oficialmente, el grupo declara su imparcialidad en el conflicto sirio. No obstante, en 2014 la delegación de la SCD se reunió con los representantes de la ONU, solicitando ayuda para su causa en Siria y cuestionando la decisión de EEUU y sus aliados de abstenerse de atacar las fuerzas gubernamentales sirias, según recopiló New York Times.

    Además, son partidarios de la introducción de la zona de exclusión aérea en Siria, un paso que, según las estimaciones de Rusia, Siria y varios expertos internacionales, favorecería el avance de los terroristas contra Bashar Asad y debilitaría al Gobierno legítimo, aumentando el riesgo de la desintegración de Siria a estilo de Libia e Irak.

    Los 'cascos blancos' están financiados desde el extranjero. Entre sus donantes más notables se destacan la estadounidense Usaid, los Gobiernos británico, alemán y danés, entre otros, así como otras entidades y donantes individuales. La Usaid, de hecho, es el mayor benefactor del grupo, aportando hasta 23 millones de dólares en los últimos dos años.

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    Unicef, Jean-Marc Ayrault, Josh Earnest, Vitali Churkin, Konstantín Kosachov, Ban Ki-moon, Siria, Rusia
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