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    La historia de una ciudad indomable: más de 640.000 víctimas en el bloqueo de Leningrado

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    Rusia
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    71º aniversario de la victoria sobre el nazismo (64)
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    "San Petersburgo debe desaparecer de la faz de la tierra. Tras la derrota de la Rusia Soviética la existencia posterior de esta población tan grande perderá todo sentido".

    Con aquellas palabras pronunciadas el 22 de septiembre de 1941, Adolf Hitler firmó a la ciudad de Leningrado, a la que prefería llamar por su nombre histórico de San Petersburgo, la sentencia de muerte.

    La victoria del fascismo sobre la ciudad fundada por el zar Pedro el Grande en 1703 como la "ventana de Rusia hacia el mundo occidental" hubiese significado la destrucción de la cuna de la moderna cultura europea. Su importancia estratégica, además, consistía en que albergaba la fábrica de Kírov, en aquella época la única productora de tanques pesados y trenes blindados del mundo.

    Según algunas fuentes, 641.000 personas fueron víctimas mortales del asedio nazi. De acuerdo con otros datos, fueron más de un millón. En cualquier caso, la cantidad de fallecidos en los 872 días del bloqueo de Leningrado supera el número total de víctimas de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Fue un caso sin precedentes en la historia de la humanidad. Solo el 3 por ciento de las víctimas de aquel entonces murieron por el bombardeo de los alemanes, el resto por hambre.

    "Regreso a casa por las calles de la preguerra, entre objetos de la preguerra, pero que ya han cambiado su función. Todavía no hay miedo, ni angustia mortal; por el contrario, hay una emoción ligera por el sentimiento del fin de esta vida", describió sus impresiones de los primeros días del bloqueo la crítica, historiadora y sobreviviente, Lidia Guinzburg.

    Apenas empezó la Gran Guerra Patria, el 27 de junio de 1941 el secretario político Andréi Zhdánov anunció la movilización general en la que todos los hombres de entre 16 y 50 años de edad y las mujeres de 16 a 45 debían trabajar por 12 horas en las tareas de fortificación, excavación de trincheras y construcción de refugios antiaéreos. Siete días de trabajo y uno de descanso. Las normas establecidas, de hecho, se violaban.

    Se inició la evacuación de los objetos industriales, así como de las colecciones del Museo del Hermitage.

    En verano, 160.000 voluntarios, de ellos 32.000 mujeres, formaron la defensa civil y fueron enviados al frente sin preparación, ni armamentos suficientes, algunos llevaron puñales del museo local para apoyar a las unidades regulares del ejército, casi todos fallecieron. Las mujeres recibieron la instrucción de tirar piedras y agua hervida sobre los alemanes si estos irrumpían en la ciudad. Pero no fue necesario.

    El problema que presentaba Leningrado para el Eje fue la cantidad de población a la que alimentar, es decir, más de 3 millones de ciudadanos. En vez de asaltar la ciudad, Hitler tomó la decisión meramente pragmática de bombardearla desde el aire y hacer que la gente muriera de hambre.

    "Mientras más gente se quede en la ciudad, más rápido ellos morirán. Entonces entraremos en la ciudad sin ninguna dificultad, sin perder ni un solo soldado", resumió uno de los oficiales nazis.

    Las fuerzas alemanes se desplegaron a 11 kilómetros de la ciudad. Cualquier intento de escapar era una condena a muerte inmediata. Además, el 8 de septiembre, los almacenes de la ciudad fueron destruidos y con ellos 3.000 toneladas de harina y miles de toneladas de cereales. El chocolate derretido goteaba en las bodegas. En los meses de invierno, los habitantes comían la tierra alrededor de los almacenes de Badáev, que guardaba granos de azúcar.

    "Para el desayuno tenemos jalea de pegamento, y para la abuela un poco de fideos, ya que no come jalea", escribe en su diario una niña.

    Los pocos alimentos, como un plato de caldo de carne sin carne y 150250 gramos de pan hecho de cualquier cosa que consiguieran, se repartían mediante las cartillas de racionamiento. Las largas colas por los alimentos eran el blanco de los proyectiles nazis.

    En el primer invierno desaparecieron tanto los animales domésticos, como los pájaros.

    Las especies restantes tampoco tenían con qué sostenerse. "Escribo y escucho cómo junto a mis pies, en un cesto de papeles en dónde antes tirábamos las migas de pan, revuelve una rata enloquecida por el hambre. Ni siquiera puede estar contenta con que se hayan comido todos los gatos", escribió la poetisa Vera Ínber.

    Los cuerpos se hinchaban, la piel se cubría de úlceras. La gente moría en el camino hacia el hospital.

    Vera Ínber supo registrar esa línea fina que separa la vida de la muerte: "Natasha vio a la entrada de uno de los hospitales a dos cadáveres abrazarse el uno al otro".

    A quienes permanecían vivos les faltaban las fuerzas para sepultar a sus familiares. En el mejor de los casos, los cadáveres se echaban a las trincheras. En invierno, los cementerios se convertían en "morgues al aire libre".

    Las plomerías no funcionaban. Este obstáculo se convirtió en un verdadero desastre con la llegada de la primavera, ya que rápidamente se propagaron las enfermedades infecciosas, como la fiebre tifoidea y la disentería.

    A los muertos de enfermedades y hambre se sumaban los asesinados en los interminables bombardeos y explosiones.

    En el invierno de 1943, una maestra del jardín de infancia que cuidaba a niños de tres y cuatro años de edad confeccionó un gato a partir de harapos. Tan amado era, que al sonido de la alarma antiaérea los pequeños se preocupaban, en primer lugar, por este animal. Incluso, el minino infundió esperanza, es por esto que cuando la columna vertebral de uno de los niños quedó destrozada por una bomba, el pequeño no dejaba de preguntar por su amigo: "maestra, dime, ¿cuándo me coserán la pierna? Es que ha tardado tan poco tiempo en coser el gatito entero".

    El Día de la Victoria en la Gran Guerra Patria, 1941-1945
    © Foto : Photohost agency/Konstantin Chalabov

    La muerte de los padres dejaba a miles de niños abandonados. Uno de los vecinos describió la triste figura de una niña que perdió a todo el mundo en Leningrado.

    "Sujetaba una pequeña flor con unos pétalos marchitos. Por alguna razón la flor le hacía recordar a su familia. De pie en la cocina, balanceándose de un lado a otro, sosteniendo la flor en el pecho en un terrible estado de estupor. Pretendía, quizá, animarla".

    El estrecho corredor que unía a la ciudad aislada con el resto del país fue el ferrocarril de la ciudad de Tijvin, que facilitaba los suministros a Leningrado, hasta que la localidad fue capturada por los alemanes en noviembre de 1941. En estas condiciones, se ordenó crear una carretera de automóviles a través del lago Ládoga cubierta de hielo, el llamado "Camino de la Vida". A principios de enero de 1942, fue liberado Tijvin, y con el deshielo, Ládoga volvió a ser transitable para barcazas de nuevo. 

    Camino de la Vida
    © Sputnik / Alexandr Brodsky
    Camino de la Vida

    Otro acontecimiento que elevó el espíritu de los habitantes de Leningrado fue la reactivación de los generadores eléctricos. Poco a poco la ciudad volvía a la normalidad, la gente se llenaba de esperanza, se abrieron museos y teatros.

    Sin embargo, lo que más contribuyó al renacimiento espiritual fue la interpretación en la ciudad, de la Séptima Sinfonía de Dmitri Shostakóvich, célebre compositor nativo de Leningrado. La obra musical que se dedicó a "nuestra lucha contra el fascismo, la victoria que se aproxima y mi Leningrado natal", fue transmitida el 5 de marzo de 1942 por todo el país. Los altavoces se dirigían hacia donde estaban los alemanes. La ciudad quería que el enemigo lo escuchara.

    En enero de 1943, los nazis perdieron una de las batallas más crueles de la guerra en Stalingrado, por lo que se tomó la decisión de acabar con el bloqueo. En una semana, el Ejército Rojo consiguió romper el sitio. Por su parte, los alemanes seguían bombardeando la ciudad.

    Tras la siguiente gran derrota de Hitler en Kursk en julio de 1943, quedó claro que la liberación de Leningrado era cuestión de tiempo, la ciudad dejó de temblar de agonía. El 15 enero de 1944 se inició el bombardeo más violento de la guerra, medio millón de granadas cargaron contra los objetivos alemanes en una hora y media. Tomó doce días poder decir: "¡la ciudad de Leningrado está totalmente liberada!". Pero en realidad esta nunca fue conquistada, a pesar de que durante todo el tiempo del bloqueo, el enemigo bombardeó la ciudad y realizó innumerables intentos de tomarla.

    En otoño de 1944, los habitantes de Leningrado contemplaban en silencio las caras de los prisioneros de guerra alemanes que en columnas iban a restaurar lo que ellos mismos habían destruido.

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    71º aniversario de la victoria sobre el nazismo (64)

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    URSS, Historia de la Gran Guerra Patria, bloqueo, Gran Guerra Patria, Vera Ínber, Lidia Guinzburg, Leningrado
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