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    ¿LA INVIOLABILIDAD DE LAS FRONTERAS O EL DERECHO A LA AUTODETERMINACIÓN?

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    Piotr Romanov, RIA Novosti Para El Confidencial Digital

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    Piotr Romanov, RIA Novosti

    Si uno afirma que la pared es blanca y negra a un mismo tiempo o que en la botella hay coñac y champaña a la vez, los otros creerán tener que ver con un enfermo mental. Pero se considera normal cuando los políticos y los juristas dicen "sí" y "no" a un mismo tiempo, porque lo supone la profesión de ellos. Hasta la Carta de la ONU sigue proclamando dos principios que se excluyen mutuamente: la inviolabilidad de las fronteras y el derecho de los pueblos a la autodeterminación, aunque esta obvia contradicción ya ha provocado numerosos conflictos internacionales y ha costado la vida a centenares de miles o hasta millones de personas. Algunos de tales conflictos con el devenir del tiempo se desvanecen de por sí, otros se resuelven con la ayuda de armas, pero la mayoría se mantienen en forma latente, obligando a todos a vivir en estado de permanente zozobra.

    En torno a cada uno de tales focos de tensión hay una muchedumbre de intermediarios internacionales, políticos y juristas en su mayoría, los cuales a menudo no hacen sino enredar aún más la situación. Lo que es natural, porque en sus enfoques predominan los de doble rasero, y en cada caso concreto la decisión no se toma partiendo de las normas por todos reconocidas, sino en la mayoría de los casos prestando oído a los intereses egoístas de una u otra potencia u organización internacional. Los intereses de los propios pueblos, compuestos por personas concretas con sus pasiones y aspiraciones legítimas, se consideran en el último lugar.

    Los ejemplos de ello sobran, y cada uno huele a sangre. Dejemos aparte los conflictos que se desarrollan en los lugares alejados de la civilización, como el de Darfur, limitándonos a ver aquellos que se desenvuelven ente los ojos de Europa, la que, al parecer, ya tiene bastante experiencia histórica y suficientes instrumentos políticos y jurídicos para saber extinguir las llamas de contradicciones.  Pero no sucede nada de eso. Nadie puede explicar de modo convincente y sin mostrarse hipócrita por qué la Unión Europea opta por la variante de la autodeterminación para los albaneses de Kosovo, en detrimento de la integridad de las fronteras de Serbia, mientras que los conflictos análogos surgidos después de la desintegración de la URSS entre Moldavia y Transdniestria o Georgia, por una parte, y Abjasia y Osetia del Sur, por la otra, deben zanjarse a favor de Tbilisi? Los habitantes de Transdniestria, Abjasia y Osetia del Sur, estaban dispuestos a defender con armas su independencia igual que los albaneses, y lo mismo que éstos últimos no desean vivir controlados por un poder central que odian.

    Por la contradicción contenida en el Derecho Internacional, pueblos enteros de Europa se ven excluidos del proceso europeo, lo cual es malo tanto para ellos mismos como para los demás europeos. Lo de estar esas zonas muertas al margen del control por parte de la comunidad mundial origina numerosas tentaciones. Por ejemplo, el propio Kosovo se ha convertido en una base de transbordo para el narcotráfico. Además, la falta de inyecciones intelectuales por parte de otros países frena artificialmente el desarrollo de dichas zonas. Y por último, en todos los puntos de éstas ya se ha derramado sangre, y volverá a derramarse, si no se da una rápida solución al problema.

    Hablando concretamente de Abjasia y Osetia del Sur, el contingente de paz ruso no podrá estar presente allí hasta lo infinito, separando las partes en conflicto. Pero Moldavia tragaría aunque sea mañana a Transdniestra, si le alcanzasen fuerzas para ello. Georgia dirigida por Saakashvili está acumulando potencial militar, sin ocultarlo, para recuperar a sangre y fuego a Abjasia y Osetia del Sur. En tal contexto, no tiene nada de extraño el que hace unos días los líderes de estas tres repúblicas no reconocidas por la comunidad mundial crearon unas fuerzas de paz conjuntas, a las que se encomienda la tarea de defender su independencia no reconocida hasta ahora.

    En opinión del líder de Osetia del Sur, Eduard Kokoity, en más de un decenio de la existencia independiente, las tres repúblicas han probado ser Estados independientes. Los líderes de estas repúblicas secesionistas sostienen que el contingente de paz ruso tiene que seguir permaneciendo  en las zonas de conflictos hasta su arreglo total. Si los "cascos azules" rusos se ven obligados a irse, su lugar será ocupado inmediatamente por las fuerzas conjuntas de Abjasia, Osetia del Sur y Transdniestria, dice Kokoity.

    Casi paralelamente con la firma de este "convenio de los no reconocidos" se desarrollaba un encuentro entre el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el de Georgia, Mijail Saakashvili, pero sin conseguir comprensión mutua. El señor Saakashvili, haciendo caso omiso a la opinión que tienen los abjasios y los osetios, se manifestó por el más rápido retorno de estas repúblicas al seno de Georgia, mientras que Putin procuró convencerlo de que hace falta respetar la opinión de los pueblos. "Hace falta mostrar paciencia y el deseo de buscar componendas. Los propios pueblos deben querer vivir juntos (...) Es inadmisible pretender arreglar conflictos con la ayuda de la navaja o el cuchillo", dijo.

    Parecería que para un político que cree ser demócrata  ello es una perogrullada, pero el presidente georgiano no ha comprendido nada. Además de la espada, existen otros métodos eficaces para eliminar contradicciones, lo que probó magníficamente Vaclav Gavel, logrando separar de modo pacífico a la República Checa y Eslovaquia. Actualmente se está operando una separación pacífica entre Serbia y Montenegro, aunque es obvio que a Belgrado lo alegra poco la ida de éste último.

    Lamentablemente, Mijail Saakashvii no es Vaclav Gavel, y las fuerzas de paz de Abjasia, Osetia del Sur y Transdniestria no están creadas en vano, al parecer.

    Dicho sea a propósito, no veo en ello ninguna violación del procedimiento democrático. La Constitución de todo país auténticamente democrático en una u otra forma  - a veces no muy obvia para los no versados en la materia - contiene  el postulado de que el pueblo tiene el derecho a la autodefensa, si las autoridades no actúan en interés de él sino en su propio. Los pueblos de Abjasia, Osetia del Sur y Transdniestria están categóricamente en contra del poder existente en Georgia y Moldavia, y por ende tienen el derecho a la autodefensa.

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