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    LIMA (Sputnik) — El aporte de la comunidad afrodescendiente a la cultura de Perú está ligado mayormente a la música, el baile y la comida, expresiones festivas propias de gente de igual carácter. Pero no todo es alegría, también hay lugar para el horror en un grupo marcado en sus primeras generaciones por la tragedia de la esclavitud.

    Los primeros negros llegaron con la conquista española en el siglo XVI y se asentaron en la costa. Allí, por siglos, fueron mano de obra esclava que trabajó en labores de campo en los valles y sobrevivieron como propiedad del dueño dentro de las haciendas.

    La comunidad afroperuana alcanzó su libertad en 1854, 33 años luego de que Perú logró su independencia. Eso no significó mejoras inmediatas en su calidad de vida, pero le permitió desarrollar con mayor intensidad sus expresiones culturales, entre las cuales está la poco difundida tradición literaria oral.

    Los relatos de los negros, que han pasado verbalmente de generación en generación, se han centrado en las vivencias aciagas de la opresión y en las anécdotas de la vida en el campo, pero también en su propio imaginario de horror, algo que no ha tenido hasta ahora un intento de compilación y rescate.

    Que siga la tradición

    Reparando en la existencia de una tradición de relatos de horror afro, jóvenes peruanos, agrupados bajo el sello editorial Aeternum, cuya especialidad es la literatura fantástica, emprendieron la tarea de rescate a fines del año pasado con la convocatoria de Saña, un concurso que buscaba que los miembros de la comunidad afroperuana escriban los relatos de miedo que han recibido de sus antepasados.

    "Como editorial nos movemos en el mundo de la literatura de terror, pero siempre hemos visto terror de los Andes o de la selva, pero no de la costa y más precisamente de la población afroperuana. Ahí empezó el interés de investigar y vimos que no existía una recopilación", explica Tania Huerta, directora de Aeternum, a Sputnik.

    El pishtaco es un bandido que ronda los Andes por las noches buscando indefensos para degollarlos, desollarlos, quitarles la grasa del cuerpo y venderla para fecundar la tierra.

    En la Amazonía, el tunche es una atormentada alma en pena que por las noches busca a quienes se internan en la espesura de la selva para darles muerte de maneras particularmente brutales.

    Perú está dividido en tres regiones principales: costa, sierra y selva; es en las zonas cercanas al litoral donde los negros se han encargado de levantar imaginarios de horror, aunque quizá por su poca presencia —la comunidad afro representa apenas un 3,6 de la población total según el censo de 2017— esta tenga menos popularidad que la de otras zonas o grupos étnicos.

    Miedo y pandemia

    El concurso Saña empezó a recibir relatos hasta que llegó la pandemia en marzo y todo quedó suspendido. El proyecto, que apunta a editar el primer libro de relatos de horror afroperuano, se ha postergado para 2021, cuenta la gente de Aeternum, pero antes de que llegue el COVID-19 se pudo vislumbrar, por una veintena de cuentos recibidos, la vena particular de horror negro.

    "Dentro de los relatos que recibimos existen dioses africanos, y muchos relatos que tienen como escenario las haciendas de la costa, pero también notamos la presencia de brujas que cambian a animales y la figura del pacto con el diablo, algo que también se ve mucho en la cultura andina", dice Luis Bravo, miembro de Aeternum.

    En ese sentido, la mezcla con tópicos andinos muestra que la tradición de horror afro no sólo se limitaría a los referentes traídos desde el continente negro, sino a un proceso de sincretismo con la cultura originaria andina, a su vez muy mezclada con la europea española.

    Como un primer intento de rescate, se espera que Saña —que debe su nombre a un pueblo de la costa habitado enteramente por gente negra— sea el primer paso para honrar una tradición que merece salir del olvido.

    Etiquetas:
    esclavos, esclavitud, literatura, racismo, cultura, afrodescendientes, Perú
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