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    "¿Le limpio el parabrisas?", es común escuchar en algunos semáforos de Venezuela mientras la luz roja te obliga a detener el auto. Niños de todas las edades, desprotegidos en plena pandemia, van con sus cubetas de agua y jabón intentando que los conductores les den algo de dinero o comida a cambio de su trabajo, y no siempre reciben el mejor trato.

    Al estacionar el auto en una calle también es habitual escuchar una vocecita aguda de un niño de entre nueve y 11 años que se ofrece a vigilarlo mientras vuelves.

    En algunos casos, los pequeños no están solos, se encuentran con sus madres o padres, sumergidos en la economía informal.

    Incluso en horas de la madrugada hay niños en la calle trabajando con sus padres, contó a Sputnik la presidenta del Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (IDENA), Luisaura Ravicini.

    "Los niños con alta permanencia en calle son porque las madres trabajan en la economía informal se llevan a los niños y los niños terminan trabajando con la mamá (…) En las captaciones que hemos realizado a la una y dos de la mañana (4.00 y 5.00 GMT) nos conseguimos niños de cuatro años vendiendo chupetas, por ejemplo, con su papá que también está vendiendo otra cosa", expresó.

    La oscuridad de la noche no los detiene. En alguna parada de bus están ellos vendiendo alguna comida o golosinas "para que te endulces en la vía", es tal la insistencia y el poder de convencimiento que tienen que siempre alguno cede y termina comprándoles algo.

    Ravicini aseguró que Venezuela no cuenta con un registro de cifras sobre los niños que trabajan.

    "No tenemos cifras preestablecidas sobre el trabajo infantil, no tenemos un indicador que podamos decir tenemos tantos niños trabajadores", acotó.

    El trabajo después de los 14 años en Venezuela es legal, siempre que el niño cumpla con todos los requisitos de la ley, explicó la experta.

    Los padres tienen que otorgarle un permiso, pero el Consejo de Protección del Niño, Niña y el Adolescente es quien otorga el permiso.

    "Debe indicar dónde va a trabajar, con quién va estar como patrono, la cantidad de horas que no son ocho horas, son máximo seis horas, se recomiendan trabajos de oficina, nada que implique un riesgo para su integridad física, moral y emocional, tiene que ser supervisado, cada tres meses tiene que hacerse una evaluación médica", sostuvo.

    Aunque trabaje el niño está amparado por la ley. De acuerdo con las normativas venezolanas quien lo emplee debe permitirles cumplir con sus actividades escolares.

    Ravicini contó que recientemente sostuvieron una reunión con una reconocida cadena de farmacias de ese país, debido a que es muy común ver en sus estacionamientos a un grupo de niños pidiendo dinero u ofreciéndose para cuidar los vehículos de quienes van a comprar en ese establecimiento.

    "Pudiera entenderse que se está utilizando con negligencia la figura de una niño que pone en riesgo su vida, su salud, su desarrollo, el ejercicio pleno de sus derechos y que incluso pudiera considerarse una instigación a delinquir (…) Igualmente exponerlos a la mendicidad eso también es sancionada por la ley", acotó.

    La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización para el Trabajo (OIT) revelaron que la crisis generada por la pandemia de COVID-19 podría aumentar el trabajo infantil entre uno y tres puntos porcentuales en la región.

    Mientras, en algún semáforo de Venezuela un conductor accede a que el niño le limpie el parabrisas, pero cuando la luz cambia a verde debe correr al lado del carro y medio meter la mano por la ventana para tomar la propina, que con suerte podría alcanzarle para comprar un bollo de pan.

    Etiquetas:
    hambre, pobreza, Venezuela
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