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    Protestas de los taxistas españoles en España

    Los 'chalecos amarillos' del taxi español, una mecha que no termina de prender

    © AP Photo / Manu Fernandez
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    MADRID (Sputnik) — Las protestas de los taxistas madrileños contra plataformas como Uber subieron de tono, colocándose chalecos amarillos para emular las movilizaciones en Francia y buscando la visibilidad que les ofrece concentrarse frente al recinto donde se celebra la Feria Internacional de Turismo (Fitur).

    La Fitur cada año recibe cientos de miles de visitantes.

    Cortes de carretera, quemas de neumáticos e intentos no demasiado exitosos de acceder al recinto ferial de Madrid (Ifema) por parte de los manifestantes se toparon con la respuesta de un amplio dispositivo policial, con varios centenares de antidisturbios protegiendo la infraestructura y los accesos a Fitur.

    "Nos tienen enjaulados, hay que hacer algo", grita un joven que encabeza uno de los grupos más dispuestos a hacer ruido entre los manifestantes frente al recinto ferial.

    Al grito de "se acabó la paz", este joven, vestido con ropa deportiva gris, anima a sus compañeros a mover la protesta al aeropuerto, que se encuentra solo a un par de paradas de metro, con la intención de buscar algún enfrentamiento con conductores de Uber.

    A su llegada a la estación de metro, los policías impiden que varias decenas de manifestantes pasen los tornos hacia el andén e incluso repelen a varios de ellos a porrazos.

    De vuelta a la superficie, este grupo de taxistas, que arrastra a alrededor de un centenar de las miles de personas concentradas ante Ifema, intenta acercarse a la autovía de acceso al recinto ferial para cortar el tráfico, encontrando de nuevo un cordón policial que se lo impide.

    En un corro improvisado, los taxistas concluyen que, si la policía les mantiene "inmovilizados" frente a Ifema, la mejor alternativa es entrar al recinto.

    Con ese objetivo en mente, un grupo recorre el vallado exterior del recinto hasta encontrar una zona donde el alambre es vulnerable.

    A base de tirones, los taxistas finalmente consiguen abrir una brecha en el alambre, lo que les abre las puertas del recinto.

    Más de un centenar de ellos consigue entrar y, tras unos minutos de confusión, al ver llegar a los antidisturbios, deciden iniciar una sentada y corear lemas como "somos taxistas, no terroristas".

    Los agentes identifican al joven de la ropa deportiva gris como el cabecilla de la protesta e inician una negociación con él para buscar una solución a la situación.

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    Finalmente, los taxistas acuerdan abandonar el lugar por su propio pie, escoltados por los antidisturbios, que les acompañan hasta el agujero por el que entraron, ahora rodeado por una multitud de taxistas que aplaude a sus compañeros.

    "Ahí fuera se está muy cómodo ¿Habéis visto? La policía nos respeta. No nos va a pegar si no actuamos con violencia primero. Debéis moveros más, no se puede hacer una huelga sentado", grita el joven de la ropa deportiva.

    Consultado por esta agencia sobre su conversación con los antidisturbios, el joven —que no quiere identificarse— dice que negoció la salida del recinto con la policía consciente de que algo más de un centenar de taxistas, muchos de ellos de avanzada edad, no hubiesen podido plantar cara a los antidisturbios en un escenario de enfrentamiento directo.

    "Si fuera por mí, haríamos mucho más. Somos miles frente a Ifema, pero solo nos movemos unos pocos, y así es fácil que nos controlen. Tendríamos que estar quemando coches de Uber y no haciendo sentadas", cuenta en conversación con Sputnik.

    Según relata, está "dispuesto a todo" para "defender su puesto de trabajo", que "está siendo atacado por una empresa extranjera".

    En contraposición con la rabia de este joven y el reducido grupo que le acompaña, la mayoría de los taxistas, que desde ayer se identifican portando chalecos amarillos, pasan la jornada de huelga de forma tranquila, apoyados sobre el capó de sus vehículos.

    Melisa, una mujer de unos cuarenta años que pasa la jornada de protesta frente a las puertas del Ifema, se muestra dispuesta a seguir con la huelga tanto tiempo como sea necesario para que los políticos cedan a sus exigencias para regular la actividad de plataformas como Uber.

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    Sin embargo, aboga por no dar pie a ningún enfrentamiento, ya sea con los antidisturbios o con los conductores de Uber, porque en su opinión eso sería "contraproducente" y les daría "una mala imagen" que les dificultaría alcanzar sus exigencias.

    En esa dualidad entre los intentos de hacer ruido y la protesta tranquila se mueven las protestas de los taxistas en Madrid, que pese a identificarse con chalecos amarillos aún están lejos de seguir el camino de las movilizaciones vistas en Francia durante los últimos meses.

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    chalecos amarillos, protestas, feria, taxistas, Uber, Madrid, España
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