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    AMONA/SILWAD, PALESTINA (Sputnik) — La colonia de Amona nació en la cima de una colina con vistas al asentamiento de Ofra, al nordeste de Ramala, cuando en 1996 se levantaron las primeras caravanas, sin autorización oficial del gobierno israelí, en tierras de agricultores palestinos.

    Por eso se la denomina "outpost", una colonia de las que Israel considera ilegales. Según el derecho internacional, todos los asentamientos en territorio palestino están fuera de la ley.

    Tras años de batalla judicial, el Tribunal Supremo de Israel reconoció a varios agricultores como propietarios de los terrenos de Amona y ordenó demolerla en 2012.

    Pero una serie de retrasos por demandas del Estado dilataron el proceso hasta que hace unos días, el Supremo marcó el 25 de diciembre como fecha límite para evacuar la colonia y destruirla.

    Las 40 familias que viven en Amona aseguran que no se van a mover. "Llevo aquí 13 años con mi esposa, llegamos, en 2004. Tenemos ocho hijos, el mayor está sirviendo en el ejército, pagamos nuestros impuestos y nos vamos a quedar aquí", declara a Sputnik Eli Greenberg, colono de Amona.

    "El gobierno alentó a construir esto", asegura. Nahum Schwartz, colono pionero de este asentamiento, defiende la misma versión. "Cuando Ariel Sharon era ministro de Vivienda, vino y nos dijo que empezáramos a construir casas", recuerda Schwartz, que llegó a Amona en 1996.

    Nahum Schwartz, colono pionero del asentamiento Amona
    © Sputnik / Ana Alba
    Nahum Schwartz, colono pionero del asentamiento Amona

    "Esta tierra nos pertenece, fue un regalo de Dios en el 67", dice en referencia a la Guerra de los Seis Días, en la que Israel ocupó los territorios palestinos de Gaza, Cisjordania y Jerusalén este, entre otras tierras.

    Greenberg está convencido de que instalándose en Amona cumplió "con el retorno de los judíos a casa, a Judea y Samaria", términos bíblicos para referirse a Cisjordania. Schwartz y Greenberg son judíos ortodoxos.

    Los dos recalcan que antes de que los colonos instalaran sus caravanas, en Amona "no había nada". La documentación de la Administración Civil Israelí y los palestinos propietarios de los terrenos niegan este argumento.

    El palestino Issa Zayed es dueño de 40 dunam (4 hectáreas) en la tierra donde se encuentra Amona. "Teníamos olivos e higueras y varios cultivos en nuestros terrenos. Somos de Taybeh, pero íbamos a las tierras todos los fines de semana", cuenta Zayed.

    "Para nosotros estos terrenos eran una fuente de ingresos porque vendíamos lo que cultivábamos, así que el hecho de que nos los robaran significó una gran pérdida económica", señala.

    En 2002, el padre de Zayed estaba enfermo y le pidió que lo llevara a las tierras de Amona para verlas antes de morir, pero no pudieron acercarse porque les dispararon.

    El agricultor Attallah Hamed, de 64 años, recuerda perfectamente el último día que pudo trabajar en sus tierras, en 1996.

    "Trabajé con mi tractor aquel día. Cuando acabé, me fui hacia mi casa, en Silwad (a un kilómetro de Amona) y vi cómo los colonos estaban abriendo un camino que iba a parar a mis terrenos directamente. Ya no pude volver nunca más", explica.

    Las tierras de Hamed son contiguas a las de Mariam Hammad, de 82 años. Esta anciana relata con detalle que cuando tenía 7 iba con su padre a los 24 dunam (2,4 hectáreas) de terreno que poseen donde se construyó Amona "para ayudarlo a trabajar la tierra, a plantar, cultivar y recolectar, teníamos toda clase de alubias y tomates".

    "Me han robado la tierra y también me quieren quitar los recuerdos", lamenta Hammad, que desde hace 20 años no pone un pie en su terreno. Para ella, su tierra es "como un hijo, nada puede compararse a mi tierra, no quiero dinero a cambio porque nada puede pagar su valor".

    Hammad, Zayed y Hamed tienen los documentos de propiedad de sus terrenos. Constaban en el registro que los jordanos elaboraron entre 1949 y 1967, cuando controlaban Cisjordania, y en el que luego realizaron los israelíes al ocupar el territorio.

    ​Junto a otros siete propietarios de terrenos en Amona, llevaron su caso a los tribunales con la ayuda de la ONG israelí Yesh Din.

    Greenberg propone "negociar con los árabes y darles una compensación económica" para que cedan su tierra y rechaza la propuesta estatal de mudarse a unos centenares de metros de su casa actual.

    Una señoras palestinas que reclama sus tierras en Amona
    © Sputnik / Ana Alba
    Una señoras palestinas que reclama sus tierras en Amona

    Greenberg y Schwartz confían en que nadie vendrá a desalojarlos gracias a un proyecto de ley impulsado por el ministro de Educación, Naftali Bennett, líder del partido ultranacionalista-religioso La Casa Judía.

    La propuesta pretende legalizar de forma retroactiva todas las colonias hasta ahora ilegales a ojos de Israel que se hayan fundado con el respaldo del Gobierno, aunque solo fuera verbal. Amona tiene instalaciones de electricidad y agua oficiales.

    El proyecto de ley logró el apoyo del ejecutivo, y la Kneset (Parlamento israelí) lo aprobó de forma preliminar, en primera lectura, el pasado 16 de noviembre.

    "La Kneset no tiene soberanía en Cisjordania sino el ejército, y nunca ha aprobado una ley sobre tierras en este territorio. Hasta ahora, solo ha dado el visto bueno a leyes referidas a ciudadanos israelís (colonos)", señala Gilad Grossman, portavoz de Yesh Din.

    Esta ONG apunta que el Supremo podría invalidar la ley si prospera en la Kneset, pero teme que a pesar de que se demuela Amona, el Ejército israelí impida el acceso de los palestinos a sus tierras por "cuestiones de seguridad".

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    Etiquetas:
    asentamientos, Israel, Palestina
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