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    Proceso de paz en Colombia (261)
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    Renso (*) decidió cambiar su vida cuando se vio inmerso en una pesadilla: "Cruz Roja", un menor reclutado por las FARC, moría en sus brazos la tarde de un 31 de diciembre en medio de un bombardeo del Ejército colombiano a un campamento del frente 37 de la guerrilla, en la región de los Montes de María, en el norte del país.

    Para entonces hacía dos años que Renso integraba las filas de esa organización guerrillera, a la cual llegó mientras huía de grupos paramilitares que lo obligaron a dejar su casa y la universidad en Cartagena (norte), donde se había convertido en líder estudiantil y se preparaba para licenciarse como historiador, lejos de las comodidades que cualquiera pudiera suponer.

    "Me levantaba a las cuatro de la mañana para trabajar en una fábrica de ladrillos de cemento hasta el mediodía. Luego, a la una de la tarde, entraba a la universidad, pero cuando estaba en quinto semestre me cansé. Me fui para Santa Marta (norte) y allá trabajé vendiendo limones y recogiendo café. Al cabo de dos años reuní dinero y me devolví a Cartagena, donde retomé los estudios", contó a Sputnik Nóvosti.

    Renso, por entonces de 24 años, comenzó a participar en la política de la universidad y se hizo representante del consejo superior, pero así como llegaron los reconocimientos, también los problemas.

    Después de crear un colectivo de fuerzas disidentes, los grupos paramilitares de la región lo hicieron su objetivo y entonces su vida comenzó a complicarse.

    "Varios hombres en camionetas se estacionaban cada día a las afueras de la universidad con el ánimo de amedrentarnos. Como vieron que no lograron nada con eso, un día decidieron secuestrar a uno de nuestros compañeros a plena luz del día, y entonces varios líderes estudiantiles comenzaron a dejar la ciudad", narró.

    Renso recuerda cómo 48 horas después su amigo fue liberado: "Se dirigió hasta mi casa y me dijo que nos teníamos que ir pronto, que me querían asesinar. Me contó que durante su secuestro pasó por dos retenes militares y que empezó a gritar, pero que los soldados hicieron caso omiso".

    Era la época de la "política de seguridad democrática" (de lucha contra la insurgencia) del Gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), un momento en el que para Renso "sino estabas con el Gobierno, eras de izquierda, y si eras de izquierda, entonces eras de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)".

    "Duré varios días escondido en varias casas —recuerda-, pero un día recibí una llamada de un conocido de la universidad que hacía trabajo organizativo justamente para las FARC. Me dijo que me tenía un sitio para que estuviera allá un tiempo. Yo sabía que iba para zona de influencia guerrillera. Sin embargo, con el fin de salvar mi vida, le dije que sí y al otro día un vehículo me condujo hacia los Montes de María", contó.

    Allí comenzó un "proceso de adaptación" a base de formación militar, manejo de armas cortas y largas, así como manipulación de explosivos.

    Debido a su formación académica, fue comisionado para instruir a los guerrilleros que no sabían leer ni escribir, pero al cabo de tres meses quiso irse.

    "Entonces el comandante me dijo que mi situación era difícil y que no podía irme así. Entendí que estaba a merced de muchos reglamentos internos, hasta que finalmente recibí la orden de que tenía que quedarme, lo cual me generó una serie de conflictos. Compartía sus ideales, pero no comulgaba con la doctrina militar", recuerda.

    Renso asegura que durante ese proceso fue testigo del reclutamiento de varios menores, incluyendo a un niño de 12 años a quien apodaban "Cruz Roja".

    El punto y final estaba por llegar. El bloque al que pertenecía Renso había recibido por entonces varios embates del Ejército, pero hizo falta uno más para impulsarlo a desertar.

    Ocurrió precisamente ese 31 de diciembre que recuerda, cuando se encontraba de guardia en el campamento y de repente una explosión lo sacó volando por los aires. Corrió para protegerse del fuego que se cobró la vida de una veintena de sus compañeros y en el camino, tendido en la yerba, vio a "Cruz Roja" herido.

    "Esa ha sido una de las cosas que más me ha impactado de todo este proceso. Me suplicaba que lo sacara de allí, que no lo dejara morir y que estaba arrepentido de haberse metido a la guerrilla. Pero en cuestión de minutos falleció en mis brazos, y entonces me dije: 'Esto se acabó para mí'", contó Renso.

    Tras escabullirse, Renso se entregó tres días después en una base militar, donde comenzó el proceso de reintegración a la vida civil, todo lo cual lo llevó no sólo a retomar sus estudios de Historia, sino también a graduarse como tecnólogo en Administración de Empresas.

    Luego de cuatro años de cumplir con el proceso de reintegración, Renso asegura ser otro. Hoy, con un hogar a cuestas y lejos de sus anteriores actividades, trabaja como promotor de reintegración en una dependencia del Gobierno colombiano, donde, dice, busca incentivar a otros que fueron como él a dejar las armas y reincorporarse a la vida civil.

    Cuando se le pregunta sobre el proceso de paz que el Gobierno adelanta con la guerrilla de las FARC en La Habana, Renso opina que "el tema no está en firmar los acuerdos, sino en afrontar los retos que quedan por delante, ante los cuales se debe tener la capacidad de asumirlos como sociedad".

    (*) El nombre de la fuente ha sido cambiado.

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    Etiquetas:
    FARC, Colombia
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