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    Orula, un santo africano adorado en Cuba, de fiesta cada 4 de octubre

    © AFP 2018 / Miguel Gutierrez
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    LA HABANA (Sputnik) — Una de las divinidades que más se adoran en Cuba, Orula, es de las más importantes figuras del culto yoruba traído de África por los esclavos entre el siglo XVI y XVII, y que cada 4 de octubre es venerado por miles de seguidores.

    "Orula es la vida misma, a través de él podemos buscar en el pasado, actuar en el presente y predecir el futuro; su palabra no cae al suelo, y mientras yo viva, jamás dejaré de adorarlo", comentó a Sputnik el babalawo (sacerdote de este rito religioso de origen africano) Rafael Martínez.

    Sincretizado con la figura católica de San Francisco de Asís –de ahí que se celebre en su misma día de conmemoración-, esta deidad africana tiene gran arraigo por su "vocación" de adivinar y describir cada acontecimiento de la vida mundana.

    Poseedor del oráculo supremo de los yorubas, Orula, también es conocido como Orunmila (que significa "solo el cielo conoce quienes se salvaran"), es el dios de la adivinación, considerado como gran benefactor de la humanidad y su principal consejero, que permite una comunicación con todos los orishas (santos yorubas) a través de sus métodos adivinatorios que "predicen" los acontecimientos por venir de cada ser humano.

    El babalawo, su principal representante, es un personaje popular dentro del entramado socio-religioso de la isla. A él acuden los creyentes cuando tienen necesidad de saber algo, de buscar soluciones a sus problemas y en el mejor de los casos, cuando quieren estar al tanto si algún proyecto pendiente de emprender puede resultar beneficioso o no.

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    Ataviado con su collar de cuentas verdes y amarillas y su pulsera de la misma combinación de colores en su brazo izquierdo, el babalawo establece un "diálogo" entre las deidades y sus seguidores o ahijados, a través del ekuele o cadena sagrada.

    Se trata de un instrumento que consta de una fina cadena donde se engarzan ocho pedazos de cáscara de coco, o del tablero de Ifá (que simboliza al mundo), donde ejecuta múltiples operaciones utilizando un grupo de semillas de nuez de kola conocidas como ikines.

    Con estos instrumentos, el babalawo consigue identificar hasta 256 signos diferentes, conocidos como oddunes, cada uno de ellos cargados de historias y patakines (profecías), con aleccionadoras advertencias para quien busca ayuda espiritual en este oráculo adivinatorio.

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    La práctica del culto de Ifá, donde todo gira alrededor del orisha Orula, no fue muy expandida en Cuba desde finales del siglo XIX, hasta bien avanzada la década de 1980, por razones de origen étnico, racial, e incluso por limitaciones socio-ideológicas, pero a partir de ese momento, inició una explosión de consagraciones en toda la geografía isleña.

    "Hasta hace 40 años los babalawos se contaban con los dedos de una mano, y ahora hay uno en cada cuadra, ahora todo el mundo va corriendo a hacerse Ifá", comentó a esta agencia Eulogio Sarmiento, un viejo santero, jubilado de los muelles del puerto de La Habana.

    La práctica de este culto ha traspasado fronteras, y existen concilios de babalawos en México, Panamá, Venezuela, Colombia, en el sur de Estados Unidos, incluso en algunos países de Europa, que periódicamente visitan Cuba, principalmente en el primer día de enero, cuando se emite la Letra del Año, una suerte de profecía para todos sus seguidores.

    De cualquier manera, el orisha Orula es parte de la mezcla religiosa y cultural de los cubanos, presente en su música, su literatura y sus festividades. 

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    religión, Cuba