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    "Juncker fue el responsable del resurgimiento de partidos ultranacionalistas en Europa"

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    Si hay algo de lo que no pecó el expresidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, fue de pasar desapercibido. Político de la vieja guardia y europeísta, sí pecó de ejecutar políticas de favor para los países centrales de la UE, y de claros perjuicios con consecuencias que rozan la eternidad para los países de la periferia comunitaria.

    El año 2019 fue uno de esos en los que se producen grandes movimientos a niveles de terremoto, y en los que se rememoran acontecimientos de esos que han causado verdaderas reescrituras de la historia.

    Y en el periodo comprendido entre los años 2014 y 2019, dio la impresión de que Juncker no quiso ser menos. Para constatarlo, cerró 'la fiesta' –la de su mandato– a su estilo: tirando de su reconocido sentido del humor. "Estoy feliz de irme porque el trabajo de presidente de la Comisión Europa no es una tarea fácil", pronunció el luxemburgués.

    El historiador y Dr. en Sociología y Política social Sergio Fernández Riquelme, describió a Juncker "una persona afable, una persona hasta cómica".

    No obstante, el también profesor de la Universidad de Murcia subrayó que el ya expresidente de la Comisión en sus cinco años de gestión, a nivel histórico, "ha sido una marioneta fundamentalmente del eje franco-alemán, y en última instancia, del poder euro-atlántico".

    En opinión de Fernández Riquelme, Juncker "ha intentado mantener el poder, la influencia de la Unión Europea más allá de sus propios límites, pero no ha sabido afrontar los retos que el bloque tiene frente a la globalización; no ha sabido responder a las demandas ciudadanas, que han pivotado hacia rebeliones como los chalecos amarillos, o han provocado el ascenso de los partidos más ultranacionalistas. Y al volcarse simplemente en temas geopolíticos a los que realmente no podía controlar, se ha olvidado de esa agenda social, de esa agenda laboral, que es realmente el ejemplo que la UE puede dar al mundo".

    En algún momento de su mandato, Juncker desveló una estrategia: dijo que "cuando las cosas se ponen serias, tienes que mentir". Aquí cabe preguntarse en qué lugar queda su desmentido acerca de su presunto estado etílico en la cumbre de la OTAN de 2018 –y en otras tantas ocasiones–, cuando se excusó diciendo: "Tengo ciática, preferiría estar borracho".

    Un par de meses antes de su adiós, Juncker practicó un mea culpa que sonó tan auténtico como un playback. Afirmó que con demasiada frecuencia y durante demasiado tiempo "hemos pisoteado la dignidad del pueblo griego". Pero no pudo con su genio y matizó tirándose flores: afirmó que su Ejecutivo quiso "devolver a Grecia la dignidad que conviene darle".

    Ya en su discurso de despedida, Juncker, quien ha sido acusado de ayudar a las grandes multinacionales a evadir impuestos cuando era el primer ministro de Luxemburgo, denunció el "estúpido nacionalismo" que ha resurgido con fuerza durante los últimos años en Europa, y los peligros a los que puede conllevar.O

    "Él [Juncker] es el responsable, como máximo dirigente, del resurgimiento de partidos ultranacionalistas, de derechas alternativas, pero que son votados por ciudadanos a los que él [Juncker] no ha respondido. La crisis [que estalló en 2007-2008] se llevó por delante en Grecia, en Italia, en España, y en muchos otros países, el futuro y la dignidad de ciudadanos, de obreros, de trabajadores y de estudiantes. Y la UE sólo ha respondido a los intereses geopolíticos del que manda, y a intereses de lobbies y de corporaciones muy concretas, dejando a la mayoría de los ciudadanos, desprotegidos", se lamenta el Dr. Sergio Fernández Riquelme.

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    cumbre, OTAN, Brexit, UE, Jean-Claude Juncker, Comisión Europea
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