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    América Latina en llamas: ¿problemas internos o injerencias externas?

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    La creciente desestabilización de América Latina pone en evidencia la necesidad de un nuevo contrato social entre la ciudadanía y los Gobiernos regionales. En ello coincidieron los protagonistas de un panel sobre el asunto convocado en Moscú por el prestigioso Club de Debates Valdái.

    El director del Departamento Latinoamericano de la Cancillería rusa, Alexander Schetinin, quien participó en la actividad, enfatizó la importancia de "buscar un nuevo equilibrio de intereses entre los distintos grupos —sean sociales, étnicos u otros—, que conforman las sociedades latinoamericanas".

    El diplomático, al igual que otros ponentes, atribuyó la complicada coyuntura latinoamericana actual a múltiples razones, llamando a no caer en echar toda la culpa a injerencias externas. Lamentó, en este contexto, que en algunos casos hasta se llegue a responsabilizar a Rusia.

    "Lo que responde a nuestros intereses es que los países de América Latina sean unidos, fuertes, política y económicamente estables", indicó.

    Al mismo tiempo, el funcionario ruso dio a entender que sí hay actores en el exterior quienes persiguen intereses malintencionados.

    "Lo que pasa es que en los últimos años surgió el interés por parte de EEUU de 'corregir' o 'reformatear' América Latina a fin de hacerla más controlable. Para ello, fue sacada del pasado la llamada Doctrina Monroe —que data de casi 200 años—, que volvió a convertirse en la guía principal de la política norteamericana hacia la región. Entre otras cosas, contempla los cambios forzados de los Gobiernos indeseables, la destrucción de muchos importantes proyectos de integración, así como la imposición de duras medidas neoliberales. Como consecuencia, está pasando lo que está pasando", apuntó.

    Asimismo, Alexander Schetinin dejó claro que la inestabilidad latinoamericana tiene raíces fundamentalmente internas.

    En ello coincidió el politólogo argentino Andrés Serbin, ejecutivo de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales, quien se mostró contrario a las "teorías de la conspiración" extranjera. Insistió en que la clave radica, particularmente, en que algunos Gobiernos latinoamericanos resultaron ineficaces en unas circunstancias en las que el boom de las commodities llegó a su fin.

    "Tenemos unas instituciones democráticas muy frágiles y unos políticos incapaces de responder a la complicada situación en la que nos encontramos, con lo cual la perspectiva a futuro es preocupante", afirmó.

    Otro ponente, el reconocido periodista ruso Sergey Brilev, presidente del Instituto Bering-Bellingshausen para las Américas, se pronunció de la misma manera.

    "Lo que estamos observando —y quizás América Latina sea la pionera en este sentido—, es que las instituciones democráticas, atendiendo las demandas del electorado, dejaron de solucionar los problemas de la sociedad, por muy paradójico que suene", manifestó.

    Al respecto, Alexander Schetinin indicó que "la gran decadencia del profesionalismo de élites políticas" es un reto pendiente a nivel mundial.

    "Hay una tendencia en que los populistas ganan las elecciones, pero la capacidad de captar apoyos electorales no es lo mismo que la habilidad para dirigir un Estado, sobre todo en el mundo de hoy, caracterizado por una muy complicada estructura de relaciones económicas, políticas y sociales. Es por ello que Rusia presta tanta atención a la formación y capacitación de futuros políticos que sepan manejar estos temas", señaló.

    El embajador de Ecuador ante el Kremlin, Julio César Prado Espinosa, hizo su balance del panorama latinoamericano, citando el caso de su país. Destacó la corrupción entre las causas de las revueltas populares en la región.

    "La corrupción no es solo una corrupción económica, es también una corrupción política, una corrupción moral, una corrupción en el sistema de justicia y, por lo tanto, es una corrupción a nivel democrático", denunció.

    A la vez, subrayó que "el derecho a manifestación es un derecho humano y no es un derecho a violencia". En este sentido, repudió ataques a medios de comunicación, fuerzas de seguridad, instituciones públicas o infraestructuras vitales para el funcionamiento de un Estado, calificándolos de acciones "vandálicos".

    Etiquetas:
    crisis, injerencia, desestabilización, Rusia, EEUU, América Latina
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