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    Macron, ¿sin antídoto para la epidemia de 'fiebre amarilla' en Francia?

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    Un cambio profundo en la democracia francesa y su administración, una mejor justicia social con menos impuestos, instalar la lucha contra el cambio climático en el corazón del proyecto de país, y la defensa del arte de ser francés y los principios de la identidad nacional. Es la Francia que quiere en adelante, su presidente, Emmanuel Macron.

    En esas líneas maestras que dejó ver, Macron aprovechó para hacer el anuncio y la promesa de que bajará impuestos y subirá las pensiones, a modo de revulsivo ante la crisis de los chalecos amarillos. Eso sí, tiene muy claro que no traspasará sus propias líneas rojas. Y es que dentro de esa 'justicia social' que propugna, no hay cabida para la restauración del impuesto a las grandes fortunas. "Dirigir una democracia es aceptar la impopularidad. Lamento parecer duro, por momentos", soltó.

    Además: Los 'chalecos amarillos' se manifiestan por el Día de los Trabajadores

    El columnista de Sputnik y exdirector de Euronews Luis Rivas advierte a propósito de eso que "de antemano se sabía que esta serie de medidas no iban a calmar las peticiones de los chalecos amarillos, pero que tenían un carácter institucional y otro económico. […] Son medidas muy vagas y generales que no van a calmar, ni a los chalecos amarillos, ni a los sindicatos, ni a los partidos de oposición".

    Causalmente mostró estas líneas maestras en vísperas de la conmemoración del Día de los Trabajadores. Unos trabajadores que no acusaron buen recibo de ellas. Tanto, que el pasado 1 de mayo, muchos de ellos volvieron a enfundarse en sus chalecos amarillos, en un día cuyos principales reclamos histórica y tradicionalmente en Francia lo han llevado los sindicatos, en especial CGT.

    Pero los pobres resultados concretos a nivel social y económico que los sindicalistas han logrado arrancar a los Gobiernos de turno con sus manifestaciones, tienen en los chalecos amarillos una suerte de alter ego, a estas alturas una suerte de fiebre amarilla que Macron no logra bajar ni combatir.

    Rivas explica que la novedad de este año del 1 de mayo en Francia era que por primera vez en una manifestación sindical iban a participar los chalecos amarillos. "Se pensaba que iban a hacerlo separados de las manifestaciones sindicales clásicas, en este caso del sindicato CGT que es el que se manifestó con más numerosa participación. Al final hubo un acuerdo no tácito entre los sindicatos que se manifestaban, y los chalecos amarillos".

    En este sentido, el analista incide en que hubo grupos de chalecos amarillos también se manifestaron en contra de esos sindicatos, "reprochándoles también que esas movilizaciones típicas de 1 de mayo donde en París y en todas las ciudades de Francia los sindicatos hacen manifestaciones simpáticas con música, o asando comida para que participe toda la gente en la calle, no han dado resultado durante décadas y que la situación no ha mejorado". 

    Vea más: Una protesta de los 'chalecos amarillos' vista con los ojos de Sputnik (vídeo 360º)

    Para la ocasión, indica Rivas, se esperaba la llegada del grupo de izquierda anticapitalista 'black blocs' "que lo que hacen es entrar en las manifestaciones pacíficas para atacar mobiliario urbano y enfrentarse a la policía". 

    "Al final lo que pasó es que estos ultraviolentos lo que hicieron fue enturbiar las manifestaciones de los trabajadores, de los sindicatos tradicionales, y al protagonismo, las fotos y las imágenes se la llevaron los enfrentamientos [entre manifestantes], los enfrentamientos con la policía, los botes de humo, antes que hablar en claro de los problemas de los trabajadores franceses", concluye Luis Rivas. 

    Etiquetas:
    cambio, promesas, trabajadores, manifestación, Emmanuel Macron, Francia
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