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    Trump: ¿vendió 'su alma al diablo'?

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    Javier Benítez
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    Un muro a sus ideales. Es lo que parece que el tiempo y las circunstancias erigieron alrededor del presidente de EEUU, Donald Trump, incluso por encima de su propia voluntad y su mentalidad, y que busca exteriorizarse en 'su' muro al que tasó en 5.700 millones de dólares, por el cual ha sido capaz de parar a su país y dejarlo en un dique seco.

    Y Trump sucumbió. Devorado por el sistema, incapaz de honrar sus propios principios que blandió, de los que ha hecho su pregón de vida ejemplar ante egresados universitarios, en su empecinamiento que roza el berrinche a cuenta de ofertas electorales, ha decidido arrastrar a su país y a su Gobierno hasta las últimas consecuencias: pararlo en seco, pese a querer que sea siempre primero. De paso, entra en el Libro Guinness de los récords: el cierre de su Administración ya es el más largo de la historia de EEUU.

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    "No se rindan. No permitan que eso pase. Si hay un muro de concreto frente a ustedes, atraviésenlo, pasen por encima de él, rodéenlo, pero vayan al otro lado de la pared", dijo en 2004 ante graduados del Wagner College de Staten Island, en Nueva York, con un espíritu propio de un soñador sin complejos.

    Para el Dr. en Geopolítica de la Universidad de Pisa, Rolando Dromundo, este cambio de idea de Trump, por más que sus palabras ante los estudiantes hayan sido una metáfora, "obviamente da risa, como da risa una gran cantidad de las cosas que dice el presidente de los EEUU". 

    "Realmente es una más de tantas contradicciones. No debería sorprender la dinámica demagógica en la cual él se mueve. […] Pero el asunto es más complejo. Más allá de la parte chistosa, de la parte demagógica del discurso, al final de cuentas él [Trump] se está aferrando a buscar imponer la dinámica del muro que es parte de la campaña que lo ayudó a ganar las elecciones en 2016 y que en este momento, después de dos años, el público que lo apoya –que se ha reducido un poco– no ha visto de manera concreta ningún resultado", explica Dromundo.

    Así, con su aire desafiante se plantó en la mismísima frontera de México para decir al mundo: "Necesitamos un muro, ya sea de acero o concreto, llámenlo como quieran, pero lo necesitamos. […] De una forma u otra, lo haremos", arguyó Trump en un mensaje registrado en un vídeo en su visita a Texas, donde aparece rodeado de agentes de la Patrulla Fronteriza y que se viralizó en Twitter.

    Algunas fuentes anónimas hablaron a The Washington Post sobre una posible declaración de Estado de Emergencia por parte de la Casa Blanca que cumpliría dos funciones: por un lado, echar mano a dinero fresco destinado en principio a otros fines, y por otro, salir de la encrucijada que significa el cierre del Gobierno, donde unos 800.000 trabajadores se fueron a sus casas y no podrán percibir su salario, en el mejor de los casos, o seguirán trabajando sin recibir sus emolumentos correspondientes jamás.

    Dromundo opina que "esta situación, la declaración de emergencia que existe legalmente en EEUU, no se encuentra lo suficientemente matizada, porque es importante ver el parteaguas y el criterio con el cual realmente se adjudica el significado de una emergencia. Y por eso seguramente terminará siendo resuelto en tribunales". 

    En este sentido, el analista deja ver que se trata de un arma de doble filo.

    "Porque así, de la misma manera que él [Trump] declara que una emergencia es construir el muro, un futuro presidente puede declarar que es una emergencia nacional el sistema de salud y habrá que asignar crear un sistema de seguridad social para todos. O bien, puede darle el enfoque como quiera, y eso abre la caja de Pandora", advierte Rolando Dromundo.

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    Muro México, Casa Blanca, Donald Trump, EEUU, México
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