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    Macron golpeado por la brutalidad de su custodio

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    La brutalidad de la actuación ilegal contra unos transeúntes el pasado 1 de mayo de Alexandre Benalla, a la sazón jefe de seguridad del presidente de Francia, Emmanuel Macron, terminó tumbándolo de su pedestal, donde había sido colocado por el jefe de Estado galo, quien también resultó magullado al no inmutarse ante los hechos que trató de ocultar.

    Dime de lo que presumes, y te diré de lo que careces. Muchos en Francia, pero también en el resto del mundo, se acuerdan de esta frase ahora que Emmanuel Macron quedó en evidencia: tras haber creado una imagen de sí de nunca haber tirado una piedra, y jurar que su Gobierno sería irreprochable, un modelo de ejemplaridad, transparencia, ahora se convirtió en el faro de todo lo que se rechaza en el presidente de una nación.

    El columnista de Sputnik y exdirector de Euronews, Luis Rivas, explica que "el escándalo de Alexandre Benalla representa una crisis muy grave dentro del Estado francés, no sólo del Gobierno y del presidente Macron. Porque volviendo a los hechos, el 1 de mayo hizo esta actuación absolutamente ilegal en contra de dos manifestantes sin ninguna autoridad para hacerlo porque Benalla no es policía: lucía un brazalete de policía lo cual es ilegal, y se comunicaba con los mandos policiales con un walkie-talkie, lo cual es alucinante puesto que no es policía".

    La 'luna de miel' del mandatario galo con su custodio más próximo y favorito, terminó abruptamente por la brutalidad y la ilegalidad con la que actuó Alexandre Benalla, arropado tras la infamia – de la que Macron estaba al tanto desde el principio –, durante casi tres meses, en su cargo y con todos los beneficios.

    Unos beneficios que incluían disfrutar de una vivienda en Quai Branly, muy cerca de la Torre Eiffel, donde sobra glamour y discreción, gracias a los auspicios del propio Elíseo, y donde una vez el socialista François Mitterrand supo alojar a Anne Pingeot – mujer con quien guardó una relación oculta de largo aliento –, y a la hija de ambos, Mazarine, según destapó Le Monde. Allí había colocado Macron a Benalla. 

    "La posición de Macron es indefendible desde el punto de vista incluso de que no ha querido comentarlo personalmente. Como toda la oposición de extrema derecha y de extrema izquierda dice, (Macron) es el único que puede explicar por qué Benalla disfrutaba de estas prerrogativas; por qué Benalla tiene un sueldo de 10.000 euros mensuales – algo inaudito para un funcionario del Estado francés –; por qué Benalla disfruta de  un apartamento en uno de los barrios más caros de París, donde por cierto el expresidente Miterrand había dado ese apartamento a su amante y a su hija de su relación extraconyugal", explica el analista.

    Los franceses le reprochan a Macron que haya actuado con nocturnidad en este caso, intentando barrer bajo la alfombra y de defender lo indefendible, y que echó a Benalla sólo cuando el caso se hizo público gracias a la prensa. Más aún, el suceso es ilegal desde donde se lo mire. 

    Para Rivas el 'caso Benalla' "se ha convertido en un escándalo mayúsculo para Emmanuel Macron que ha intentado ocultarlo, simplemente porque se trata de su principal colaborador en el aspecto de seguridad, saltándose todas las normas policiales, legales, incluso judiciales, y no ha tenido más remedio que reaccionar ya el domingo pasado diciendo que la actuación de Benalla es inaceptable".

    En este sentido, los medios califican como un escándalo de Estado al 'caso Benalla'. Libération títuló 'Mentiras', un artículo en el que afirma que tanto el Elíseo como el Ministerio del Interior "prefirieron el disimulo", imponiendo una sanción mínima a Benalla – dos semanas de suspensión de sueldo y empleo –, a hacer cumplir la ley, que "obligaba a denunciar este caso a la justicia". 

    Mientras, Le Monde critica que "el poder haya elegido proteger a un individuo por su pertenencia al primer círculo del macronismo, despreciando el respeto a la ley y las normas". Algo que se conoce como impunidad.

    "El grave problema es que siendo el principal guardaespaldas de Emmanuel Macron, incluso los policías le conferían una cierta autoridad. Los policías han denunciado que este señor ya había tenido actuaciones parecidas en otros momentos y que no se atrevían a contradecirle precisamente porque sabían que estaba apoyado por el presidente francés", indica Rivas.

    Al respecto, y llamado a declarar por el caso en la primera audiencia de la comisión de investigación parlamentaria, el ministro francés del Interior, Gérard Collomb, no echó balones fuera: por el contrario, disparó con artillería pesada contra el Elíseo.

    Ante una sala donde no cabía un alfiler, Collomb se justifició. "Mi director de gabinete y mi jefe de gabinete me dijeron que habían hablado con el prefecto de policía y que habían trasladado esta información al gabinete de la Presidencia, una acción apropiada ya que corresponde a la autoridad jerárquica tomar todas las medidas que se imponen tanto en el plano administrativo como en el judicial. Consideré que las acciones habían sido tomadas y no me ocupé más de este caso".

    Collomb explicó que la responsabilidad de sancionar a Benalla, como de informar a la justicia de que se había cometido un posible delito, tal como estipula la ley, recaía sobre el Elíseo.

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    Rivas observa que "se descubre que el Elíseo había intentado enterrar el asunto porque no reaccionó en absoluto, como se ha comprobado también según unas declaraciones que han hecho en una Comisión parlamentaria el propio ministro del Interior".

    "En el caso de Macron su silencio le acusa porque, como está comprobado, la Comisión Parlamentaria que él y su partido han intentado que  no se celebrara por todos los medios, pero al final la fuerza de la oposición, a pesar de ser minoritaria en las dos Cámaras, lo ha obtenido, deja clara la absoluta responsabilidad de Macron en estos hechos. (…) Esto significará una mancha indeleble para la presidencia de Francia y para la función de un jefe del Estado francés", concluye Luis Rivas.

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    Etiquetas:
    guardaespaldas, impunidad, escándalo, Alexandre Benalla, Emmanuel Macron, Francia
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