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    La semana en que el mundo se excitó

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    Javier Benítez
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    Cumbre Xi-Putin, cumbres del G7 y de la Organización de Cooperación de Shangái, cumbre Trump-Kim. Cumbres, cumbres, y más cumbres. Y en medio de tantos picos de ebullición, EEUU aprovechó su nocturnidad para dictar más sanciones contra Rusia; y para congelar otras tantas, unas 300 según dicen desde Washington, que apuntaban a Corea del Norte.

    Lo que pasó entre el 8 y el 12 de junio quedará en los libros de historia como unos días frenéticos marcados a fuego en el calendario geopolítico. Hubo de todo. Un huracán mundial que tuvo como principal e incidental escenario la región Asia-Pacífico, aunque Canadá aportó sus pinitos. 

    El mismo día en que Pekín acogía el encuentro entre los mandatarios de China y Rusia, Xi Jinping y Vladímir Putin, iniciaba en Canadá, pero con algunas horas de diferencia por culpa del huso horario, una cumbre del G7 que dejó una postal: en un arrebato, Trump decidió soltar los hilos de las marionetas y abandonar raudo el encuentro, decepcionado de sus colegas.

    Más información: Rusia y China, en equilibrio, el G7, desquiciado

    Al respecto de todos estos hechos, la primera impresión que tiene de ellos el Dr. Armando Fernández Steinko, "es que hay una situación de imprevisibilidad, de caotización que ha inaugurado Trump, pero que está afectando a todas las cancillerías de todo el mundo. Los cambios de opinión, los cambios de criterio, todo esto, genera un desconcierto que antes no existían en las relaciones internacionales: era casi lo más previsible de la política mundial". 

    Antes, y luego de su encuentro con su homólogo chino, el presidente Putin había afirmado: "La cooperación entre Rusia y China tiene un carácter estratégico y se basa en los principios de la igualdad de derechos, la buena vecindad y la confianza". Un contraste en toda regla con lo que estaba pasando en las antípodas.

    En Canadá, el mandatario norteamericano había calificado como imprescindible la presencia de Rusia en ese formato que los convocaba, para que vuelva a ser el G8, a lo que la canciller alemana, Angela Merkel, como si estuviera libre de todo pecado, sentenció que Rusia no podía sentarse a su mesa por no respetar el derecho internacional. Lo dijo delante de líderes de países que son los que realmente lo violan y de forma sistemática, y no hay que echar la vista muy atrás para encontrar ejemplos.

    Entonces Trump se indignó, soltó las cuerdas que sostenían a sus contrapartes que allí quedaron como marionetas arrumbadas, y el G7 se convirtió en el G6+1. El salvoconducto que utilizó para la huida, fue la cita que tenía en Singapur. Lejos de amilanarse, el G6, salvo la disensión de Italia, se amotinó contra el inquilino de la Casa Blanca, y unas declaraciones del premier canadiense Justin Trudeau, complicó todo mucho más. Y Trump le tiró la caballería encima: "Traidor, débil y sumiso", le endilgó.

    Trump tuiteó: "Basado en las declaraciones falsas de Justin en su conferencia de prensa y en el hecho de que Canadá cobra aranceles enormes a nuestros agricultores, trabajadores y empresas de EEUU, he instruido a nuestros representantes que no respalden el Comunicado mientras estudiamos los Aranceles sobre automóviles que inundan el mercado de EEUU".

    ​​Lo hizo mientras viajaba en el Air Force One rumbo a Singapur, donde tras la cumbre histórica y tan esperada con su homólogo norcoreano, Kim Jong-un, llegaron a una declaración de cuatro puntos.

    1. Estados Unidos y la República Popular de Corea se comprometen a establecer una nueva relación entre ambos acorde al deseo de los pueblos de ambos países de alcanzar la paz y la prosperidad.

    2. Estados Unidos y la República Popular de Corea unirán sus fuerzas para construir un ambiente de paz duradero y estable en la península coreana.

    3. Reafirmándose en la Declaración de Panmunjom del 27 de abril de 2018, la República Popular de Corea se compromete a trabajar por la completa desnuclearización de la península coreana.

    4. Estados Unidos y la República Popular de Corea se comprometen a recuperar los restos de los prisioneros de guerra y de aquellos desaparecidos en combate ya identificados para su inmediata repatriación.

    Pero dos días antes de la cumbre de Singapur, en la ciudad china de Qingdao, pasaron cosas muy distintas. Allí tenía lugar la cumbre de la Organización de Cooperación de Shangái. "La OCS se ha establecido como una asociación regional única, influyente y con autoridad, cuyo potencial ha aumentado significativamente con la adhesión de la India y Pakistán", reza la declaración conjunta.

    De acuerdo con el documento, los miembros hicieron hincapié en la necesidad de contrarrestar el terrorismo y el narcotráfico, así como en la prevención del uso indebido de estupefacientes y sustancias psicotrópicas. Además prometieron cooperación en el campo de la seguridad de la información, y el apoyo a nuevos esfuerzos en la educación espiritual y moral de las generaciones más jóvenes, así como en la protección del medio ambiente, entre otros.

    Entonces, el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, aprovechó el barullo para lanzar nuevas sanciones contra cinco empresas informáticas rusas y tres personas físicas, alegando que suponían un peligro para la seguridad de EEUU y sus aliados.

    "Las entidades designadas hoy han contribuido directamente a mejorar las capacidades cibernéticas y subacuáticas de Rusia a través de su trabajo con el FSB y por lo tanto ponen en peligro la seguridad de los Estados Unidos y nuestros aliados", dijo Mnuchin.

    En particular, las sanciones de EEUU contra el grupo de compañías Sovfracht que suministró combustible a las Fuerzas Aéreas rusas de hecho muestra el apoyo de Washington a los terroristas, declaró el Ministerio ruso de Exteriores. Para ser EEUU un país que está combatiendo el terrorismo, como dicen que hacen, lo disimula muy bien.

    En este sentido, el experto señala que "se generan contradicciones muy importantes entre una lógica geopolítico-militar y la lógica económica, no hay forma de ver los límites entre una y otra", explica. (…) El analista recuerda que hace años "los norteamericanos se sentían muy inquietos porque los chinos estaban comprando infraestructuras portuarias de EEUU que estaban a la venta como consecuencia de la crisis. (…) En ese momento empezaron a decir que eso era una amenaza para la seguridad nacional, y ahí empezó todo". 

    "Y ahora también es una amenaza para la seguridad norteamericana, por ejemplo, el importar aceitunas españolas, o coches alemanes, o parece ser una amenaza el no castigar a las empresas rusas o de cualquier otro sitio que han proporcionado combustible a las tropas rusas (para combatir a los terroristas en Siria)", ironiza el analista. "Es un discurso muy peligroso porque está falto completamente de lógica, y este es el gran problema de lo que está desencadenando Trump", sentencia Armando Fernández Steinko.

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