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    La cara sucia de la industria digital

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    La era digital tiene su cara sucia. Literalmente. Su impacto ambiental no es para nada despreciable. Una realidad que se desconoce, o se prefiere ignorar, ante las comodidades que brinda a sus usuarios, o bien es ocultada por las grandes corporaciones del sector. Así lo denunció a Radio Sputnik el experto en la materia Pablo Gámez-Cersosimo.

    El periodista e investigador en temas de sostenibilidad y contaminación digitales llamó la atención sobre que "Internet es la infraestructura más grande jamás creada por el ser humano" que tiene un impacto ambiental difícilmente calculable, donde lo cierto es que es cada vez más "grande" y "severo", sobre todo teniendo en cuenta el auge de la digitalización en tiempos de pandemia.

    Un impacto ambiental que radica, tanto en lo que supone producir componentes de Internet, así como en generar energía para su funcionamiento.

    "Todos nuestros dispositivos digitales, desde los más pequeños hasta los más grandes, necesitan de una cantidad grande de metales y de minerales", constató Gámez-Cersosimo, al poner el ejemplo de América Latina, rica en "elementos indispensables" sin los que "la rueda digital no funciona", entre ellos, el litio. Algo que convirtió a la región en un centro global de la minería con todos los nefastos efectos ecológicos que esto acarrea.

    Al mismo tiempo, infraestructuras como "la gran telaraña de centros de datos de hiperescala", que no dejan de expandirse, tampoco "se alimentan de bambú", sino que necesitan de grandes volúmenes de electricidad para funcionar.

    Por ejemplo, Países Bajos, que "en los últimos 10 años ha pasado a ser la puerta digital de Europa", alberga ya a "más de 200 centros de datos", al tiempo que "un nuevo centro de datos requiere tanta energía como una ciudad con 35.000 a 140.000 habitantes", afirmó el periodista, citando datos de Alliander, operador holandés de la red de distribución energética.

    Según se desprende de las palabras del investigador, el énfasis que ponen corporaciones digitales como Google, Microsoft o Facebook en el uso de energías verdes —cuya limpieza también es cuestionable por los ingredientes que componen estas tecnologías, entre otras razones— sirve, en gran medida, para maquillar "el impacto ambiental que tiene la industria digital".

    "La huella de carbono de nuestros dispositivos, Internet, y los sistemas de apoyo, representa más del 3,7% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero", señaló, advirtiendo que, según el think tank francés The Shift Project, el sector de las tecnologías de la información y comunicación "podría ser responsable del 8% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero para 2025".

    Una polución digital —es decir, huellas fósil y de carbón— que es fruto del aprovechamiento que hacen las grandes corporaciones tecnológicas de unas legislaciones en el ámbito digital que necesitan ser actualizadas “en prácticamente todos los países, tanto en el hemisferio occidental como en el oriental".

    Asimismo, resaltó su enorme capacidad de lobby, tratándose de "empresas más poderosas económicamente, e incluso políticamente hablando, que naciones enteras".

    Estos temas se abordan en profundidad en el libro de Pablo Gámez-Cersosimo titulado 'Depredadores Digitales' que saldría a la luz en marzo de 2021.

    Etiquetas:
    ciberespacio, Internet, medio ambiente, energía renovable, ecología, contaminación
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