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    Mercados de carbono: cuando contaminar disminuye las ganancias

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    Ante la imperiosa necesidad de disminuir las emisiones del dióxido de carbón a la atmósfera, varias decenas de países empezaron a cobrar a las empresas por su contaminación. La práctica generó una disminución de las emisiones gracias a la necesidad de las compañías de innovar en pos de evitar mermas es sus ganancias.

    Si atenta contra el bolsillo es mal negocio. Esa es parte de la máxima detrás del surgimiento de los mercados de carbono. Estos están fuertemente instalados en Europa y algunos países de Asia y empezaron a surgir en América Latina hace pocos años. México, Costa Rica o Chile son algunos de los que ya empezaron a incorporar mecanismos y normativas al respecto. 

    "Se trata de la aplicación de una teoría económica para solucionar un problema ambiental. Son permisos que otorgan los gobiernos a distintos emisores de gases de efecto invernadero cuyo número desciende a medida que transcurre el tiempo", contó a Sputnik Eduardo Piquero, director de México2, Plataforma de mercados ambientales del Grupo Bolsa Mexicana de Valores. 

    El mecanismo surgió en 1979 en EEUU y se utilizó para limitar a las empresas que generaban sustancias causantes de lluvia ácida. Su resultado fue tan bueno que se extendió a otro tipo de empresas y de emisiones. 

    "Está basado en la teoría de la escasez: cuánto más escaso es un producto, más caro se vuelve. Por lo tanto, el costo de emitir a la atmósfera, a medida que transcurre el tiempo, se vuelve más caro. Esto envía una señal económica a los emisores de que cada vez va a ser más caro y de que deben crear soluciones para emitir menos y por tanto ahorrar", agregó Piquero. 

    El concepto de mercado radica en que los permisos son acumulables y comercializables por lo que una compañía que emite menos puede vender sus permisos a otras que no lo han hecho. En la actualidad, tanto países, ciudades, estados o bloques de países tienen en funcionamiento mecanismos de este tipo y sus compañías comercian internacionalmente. 

    "Lo que quieres es tener un precio, no importa si es bajo u alto, pero que puedas transmitirle a las empresas, por el cuál reducir tenga sentido. Por ejemplo, si comprar un permiso de emisión te cuesta 10 pesos y reducir te va a costar cinco pesos por tonelada, evidentemente vas a querer reducir para ahorrar ese costo de salir a comprar el permiso. Esto genera reducciones genuinas", concluyó.

    Etiquetas:
    dióxido de carbono, carbono, emisiones
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