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    Chalecos amarillos: "el fin de un modelo"

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    El grupo caracterizado por el uso de chalecos amarillos se ha convertido en la piedra en el zapato del gobierno de Emmanuel Macron. Para el analista internacional Adrián Zelaia detrás de sus reclamos hay un modelo de desarrollo que ya no conforma a la cansada ciudadanía.

    Convocados a través de videos personales grabados por ciudadanos "cansados" y "excluidos" que viralizaron sus reclamos en redes sociales, el movimiento ha calado fuerte en la Francia de Macron. Tanto así que sus reivindicaciones han completado un heterogéneo movimiento político que aspira a una banca en el parlamento europeo.

    "En seguida estuvo claro que esto no había sido más que el detonante de un malestar acumulado en la sociedad francesa y que una vez producido ese estallido el problema no se iba a solucionar arreglando simplemente el detonante. Es decir que los problemas de fondo habían estallado (…) y la dinámica de este movimiento iba a ser dura e iba a ir para largo", dijo Zelaia.

    De acuerdo al analista de la consultora Ekai Center, hoy es claro que lo que cuestionaban los chalecos no era una medida concreta del gobierno sino "el cansancio de la sociedad francesa" a un modelo de desarrollo dominante en las últimas tres décadas", instalado también en Estados Unidos y el resto de Europa, que "no es sostenible" por la inequidad que lleva intrínseca para los miembros de la sociedad.

    "Hay un claro agotamiento del modelo que se inició en los años 80, que iba generando desigualdades crecientes, con una evolución de los salarios que crecía siempre por debajo de la productividad, tanto en las situaciones de crisis como en las situaciones de crecimiento. En definitiva es el fin de ese modelo", apuntó.

    En tal contexto, la fuerza del descontento de aquellos que se sintieron excluidos no ha de sorprender, pero tampoco llama la atención la falta de definiciones sobre los caminos a seguir que aún son inciertos para el heterogéneo grupo que compone las manifestaciones.

    "Estas situaciones de crisis suelen ser confusas porque es relativamente fácil que la población se vaya poniendo de acuerdo en la necesidad de combatir el modelo actual", señala el experto, "pero es más difícil que se vayan poniendo de acuerdo a la hora de proponer cómo sustituirlo".

    Por eso, no es descartable que surjan de este movimiento alternativas políticas con propuestas concretas, aunque es más difícil que estas alternativas "tengan capacidad de representar al conjunto del movimiento de chalecos amarillos". 

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    Etiquetas:
    chalecos amarillos, modelo económico, protestas, desigualdad social, Francia