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    Contaminación sonora en el Ártico: cuando un ecosistema 'no suena bien'

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    La basura y los plásticos no son lo único que está afectando a los océanos. Existe un tipo de contaminación invisible pero muy peligrosa para los que habitan debajo del mar y se guían por su sentido auditivo. Te contamos cómo los ruidos que provocan los barcos y las extracciones de petróleo en el Ártico afectan al ecosistema marino.

    La ingeniera mecánica costarricense Melania Guerra es una apasionada de la exploración, los viajes y la conservación marina. Luego de realizar un doctorado en oceanografía, comenzó a estudiar la contaminación sonora en el Ártico, una de las zonas más afectadas por este problema. 

    El deshielo en esta región ha propiciado el desarrollo de actividades humanas como la extracción de gas, petróleo, y el comercio. Hoy los barcos de carga pueden cruzar al Océano Atlántico a través del Polo, en lugar de hacerlo por el canal de Panamá. Todo esto genera ruidos que repercuten en la vida debajo del mar. 

    "Se nos olvida que en el mundo submarino el sonido es la forma mediante la cual los animales entienden su entorno. Los ojos no funcionan muy bien debajo del agua por eso dependen del oído para comunicarse, encontrar sus presas o reproducirse. Cualquier ruido que nosotros agreguemos es un tipo de contaminación ya que limitamos su percepción del hábitat", indicó la oceanógrafa.

    Los científicos descubrieron ballenas que encallaban en la playa con afectaciones en sus oídos y a partir de este hecho comenzaron a investigar los efectos de la contaminación sonora en todo el ecosistema marino. 

    Entre otras cosas, hallaron cambios en los patrones migratorios y reproductivos de los mamíferos marinos, que generaban una reducción de sus poblaciones. Pero no son los únicos afectados. 

    "Estudios encontraron que hasta las larvas de los peces tiene una sensibilidad al sonido y hasta pueden diferenciar cómo suena un ecosistema saludable y cómo lo hace uno que está degradado", agregó Guerra.

    Ciencia en los dos polos

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    Melania trabajó 10 años en el Ártico junto a un equipo de científicos. Viajaban allí durante el verano y colocaban instrumentos debajo del mar para medir los sonidos, que luego retiraban al año siguiente. Cada año adelantaban los viajes ya que los deshielos ocurrían antes. 

    Este año la científica costarricense viajó también a la Antártida con el proyecto Homeward Bound—que busca desarrollar el liderazgo de las mujeres en la lucha contra el cambio climático— convirtiéndose así en la segunda mujer en Costa Rica en hacer ciencia en ambos polos.

    "Antes iba a medir cómo cambiaba el Ártico y esta vez dejé que Antártida me cambiara a mi y me diera nuevas perspectivas sobre cómo puedo ser más efectiva en mi mensaje y más visible en mi causa", concluyó.

     

     

    Etiquetas:
    deshielo, Antártida, Ártico, océano, contaminación
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