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    Adaptación a la falta de oxígeno: el descubrimiento ganador del Nobel de Medicina

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    El 7 de octubre el británico Peter Ratcliffe, junto a los estadounidenses Gregg Semenza y William Kaelin, fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina por sus hallazgos sobre la adaptación a la hipoxia, es decir, a las bajas condiciones de oxígeno. Conversamos con Pablo Wappner, el científico argentino que trabajó junto a Ratcliffe.

    El descubrimiento acerca de cómo las células perciben el oxígeno que hay en el entorno y se adaptan a él fue lo que llevó a estos tres científicos a compartir el Nobel de este año.

    El doctor Pablo Wappner, jefe del Laboratorio de Genética y Fisiología Molecular del Instituto Leloir e investigador principal del CONICET en Argentina, trabajó por primera vez junto a Ratcliffe hace más de 20 años, en estudios sobre la hipoxia.

    "En 1996 coincidimos en un congreso de hipoxia en Madrid, que recién se comenzaba a estudiar en esa época. Él se interesó en mi proyecto y me propuso pedir un subsidio a la fundación Wellcome Trust. Este fue aprobado y luego lo renovamos varias veces, manteniendo una colaboración a lo largo de los años que derivó en publicaciones en conjunto y en una amistad", contó Wappner.

    Su vínculo inició a través de la mosca Drosophila, que el científico argentino utilizaba para intentar identificar el sensor del oxígeno de las células. Ratcliffe se encontraba en busca de lo mismo pero con otros modelos de investigación, que incluían ratas y ratones. La mosca despertó su interés, al tener ciertas ventajas en comparación con otros.

    ¿Qué es la hipoxia?

    "Los animales en general, desde los gusanos más simples y primitivos hasta el hombre, tienen la capacidad de adaptarse a condiciones variables de oxígeno, en particular a bajo oxígeno. Esto es propio de diversas enfermedades como el cáncer, infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares, anemia. En todas ellas está involucrada la adaptación celular a la hipoxia", indicó el investigador del CONICET.

    Conocer esos mecanismos de adaptación permite inhibirlos o activarlos según requiera el tratamiento de esa enfermedad, de ahí la importancia de este descubrimiento ganador del Nóbel.

    "Un ejemplo es cuando en el corazón está faltando irrigación sanguínea por un bloqueo de arterias coronarias. El miocardio empieza entonces a sufrir hipoxia y se tiene que adaptar a esa condición. Si esa adaptación se da en forma eficiente no ocurre un infarto", añadió.

    Pero también hay condiciones externas que generan falta de oxígeno, como la altura. La gente que vive en zonas altas, de hasta 5.000 metros por nivel del mar, ya está adaptada, pero los que viven en lugares bajos tardan días, incluso meses, en hacerlo.

    "Se trata de un quiebre en el conocimiento sobre la biología celular el entender de qué forma una célula detecta las condiciones de oxígeno que hay en su entorno y altera la expresión de los genes para poder adaptarse a la hipoxia", concluyó Wappner.

    Etiquetas:
    genética, ciencia, Premio Nobel de Medicina
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