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    Alemania: ¿Misión: desguazar las empresas de países del sur de Europa?

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    Cuánto, cómo, cuándo, qué y dónde. Todo eso decidieron sobre el fondo de reconstrucción europeo Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca, los frugales, con tal determinación en las negociaciones que estuvieron dispuestos a romper la baraja: los puñetazos sobre la mesa del presidente de Francia, Emmanuel Macron, no les hicieron ni cosquillas.

    Pronóstico reservado

    La sangre no llegó al río, como dijo Macron, pero la cosa casi que fue de tajo y puñalada durante las cuatro jornadas de negociaciones que llegaban casi al amanecer a cuenta del fondo de reconstrucción europeo.

    Y al final del día —negociaciones—, no fue un amanecer con sol brillante y una leve brisa junto al mar lo que les esperó principalmente a los países más necesitados, como España e Italia, sino un huracán que arreció y que parece haber comprometido la luz del sol casi definitivamente, no sólo para la economía en sí de esos países, sino además puntualmente, para sus industrias.

    Reportan que Macron fue el que más se remangó y hasta casi se paró de manos —como dicen en Argentina cuando alguien se va a pelear— con el primer ministro holandés, Mark Rutte, y vino a tildar de necio al canciller austríaco, Sebastian Kurz, al acusarle de "no escuchar, bloquear, y dedicarse exclusivamente a atender a su prensa". 

    La realidad es que Holanda tendrá derecho a frenar el flujo de liquidez hacia España si ese país no cumple estrictamente con las reformas a las que se comprometió para lograr el rescate. Asimismo, los frugales, más Alemania, reclamaron mantener un descuento en su contribución.

    El único tanto que dejaron anotar a los del sur fue que por primera vez en la historia Bruselas emitirá deuda europea común a gran escala en los mercados. Su finalidad es la de financiar la recuperación con el presupuesto de la UE como garantía. Dicho de otra forma, una mutualización de la deuda.

    En este sentido, el presidente de la Consultora Ekai Center, Adrián Zelaia, entiende que Alemania quiere a toda costa mantener el proyecto económico de Europa, una vez que se ha producido el Brexit y que las diferencias con EEUU en el ámbito geopolítico son cada vez mayores.

    "Esta nueva mutualización de la deuda es un paso muy claro en ese reforzamiento del proyecto, y asegurar esa Europa unida a la vez se convierte en el instrumento fundamental de desarrollo y consolidación de la propia industria alemana. Cuando hablamos del poder de Alemania en Europa, estamos hablando de una industria alemana potentísima que es en definitiva la que controla las claves fundamentales de la UE en su conjunto", apunta el experto.

    Durante las negociaciones, Alemania supo venderle espejitos de colores a los países de la periferia, incluidos los del sur.

    Para Zelaia, el papel de Alemania es muy interesante. "Alemania durante los años de la crisis financiera a partir del año 2010-2011 adoptó una política liderada por la misma Angela Merkel, de una tremenda agresividad con respecto a los países del sur, y en concreto desde la perspectiva de resistencia a canalizar ayudas hacia los mismos, incluso con un posicionamiento personal de Merkel que consiguió de alguna forma modificar la dialéctica, modificar el debate europeo, y transformar lo que había sido una dialéctica entre economía real y economía financiera, en un debate tremendamente agrio entre países del norte y países del sur, y esto fue obra casi personal de Angela Merkel", recuerda el analista.

    El analista contrasta aquella conducta con el accionar actual de Berlín al indicar que en las recientes negociaciones Alemania ha adoptado muy rápidamente una actitud proactiva a la hora de hacer frente al fondo de reconstrucción europeo.

    "Yo creo que esto tiene mucho que ver con razones geopolíticas y con el papel en que la propia Alemania se ve dentro de Europa durante los próximos años. Estamos en un contexto en el que, como consecuencia de esta situación geopolítica, EEUU se está viendo como cada vez más lejano de Europa", advierte el economista.

    Añade que Alemania, que ha estado desde la Segunda Guerra Mundial, de alguna forma controlando Europa, pero a la vez siempre viviendo bajo la protección y la vigilancia de EEUU, de pronto se ve ante la obligación y la necesidad de asumir el protagonismo frente a lo que Europa tiene que ser de cara al futuro.

    En este sentido, Zelaia avisa que "dentro de ese protagonismo hay una cuestión clave, y es que Alemania se ve ante el riesgo, un riesgo enorme, de pérdida de mercados exteriores. No olvidemos que Alemania, junto con China, se ha dicho que son las economías más desequilibradas del mundo, desde la perspectiva de exceso de dependencia de las exportaciones, y además se encuentra con problemas muy serios en su relación con uno de esos mercados de exportación clave, como es EEUU".

    "Entonces lo que no puede es arriesgarse a tener problemas con su segundo mercado de exportación clave, que es el resto de Europa, o los países dependientes, los países más consumidores y menos industrializados de Europa del sur o los países periféricos. No puede arriesgarse a que, como consecuencia de la crisis de la COVID-19, se produzca un hundimiento de estas economías que hunda de alguna forma, indirectamente, también la industria alemana. Por eso Alemania ha tenido desde el primer momento muy claro de que esto no podía suceder y que había que apostar por el mantenimiento de esos países como mercados", indica Zelaia.

    Conservar los clientes, pero acabar con sus empresas

    Por si fuera poco, la gran inyección de millones de euros por parte de Alemania a sus empresas hace temblar y tragar saliva a los países del sur. Y es que el boceto previo de Bruselas en las negociaciones incluía un fondo de 31.000 millones de euros para rescatar empresas, para movilizar más de 300.000. Pero como vio que eso empantanaba aún más las negociaciones, el presidente del Concejo Europeo, el belga Charles Michel, primero rebajó la partida inicial, para luego acabar con ese instrumento.

    De acuerdo a Zelaia, la supresión de este fondo de ayuda para el rescate de empresas de alguna manera nos está diciendo cómo ven Alemania y los países del norte, a los países periféricos: "como países que evidentemente tienen que mantener su capacidad de consumo, no se pueden hundir económicamente porque 'nos compran productos', pero no nos interesan como competidores".

    Zelaia abunda que "esto es algo que de alguna forma se ha manifestado ya desde la entrada de países como España y Portugal a la Comunidad Económica Europea en los años '80. Es decir, ha habido ya procesos condicionados desde el primer momento a un desarme de la industria española y portuguesa, un desarme progresivo que de alguna forma está teniendo continuidad todavía ahora en el marco de este tipo de medidas".

    Zelaia profundiza en su argumento: "Es decir, Alemania y los países del norte están haciendo unos esfuerzos impresionantes para mantener a sus empresas, y se retiran las ayudas a los países periféricos para que rescaten a sus empresas. […] Al final, no importa que estos países pierdan peso empresarial, pierdan peso productivo, 'lo que nos importa es que se mantengan sus economías como países consumidores'. Parece que este es el esquema clave en el que Alemania está pensando", remacha Adrián Zelaia.

    Etiquetas:
    economía, empresas, COVID-19, recuperación, fondos, UE
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