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    El club de la pelea: EEUU y China encarnizados

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    Javier Benítez
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    Tres en tres. Son la cantidad de golpes en idéntica cantidad de días que China y EEUU intercambiaron ratificando que oficialmente ya se encuentran en una guerra comercial. El lunes Pekín devolvió el primer zarpazo de Washington que entró en vigor ese día. El martes, EEUU volvió a atacar fuerte, y el miércoles, China le devolvió el favor.

    En la guerra, como en el amor, todo vale. Un refrán tan antiguo como eterno por su vigencia atemporal que ahora EEUU y China lo llevan a un nivel inexplorado hasta el momento. El mundo asiste paralizado a pesar del ataque de pánico que provoca.

    La secuencia: el lunes de esta semana el Ministerio de Comercio de China anunció aranceles comerciales a un conjunto de 128 productos provenientes de EEUU: 120 de ellos, entre los que se incluyen frutas, frutos secos y vino, tendrán un arancel del 15%, mientras que productos porcinos y relacionados, así como residuos de aluminio, serán cargados con el 25%.

    Trump asimiló el golpe y al día siguiente, el martes, redobló la apuesta. Anunció aranceles del 25% para unos 1.300 productos industriales, de tecnología, transporte y medicina. La lista que presentó la Oficina del Representante Comercial de EEUU encarna unos 50 mil millones de dólares anuales en importaciones que podrían golpear cadenas de suministro de varias manufactureras estadounidenses. La lista abarca desde productos químicos hasta televisores, vehículos motorizados y componentes electrónicos.

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    Y China no se quedó de brazos cruzados mirando cómo le daban un segundo golpe sin devolverlo. Al día siguiente, el miércoles, anunció la imposición de un gravamen del 25% a las importaciones a 106 productos estadounidenses, incluyendo automóviles, soja o whisky. De este modo, el Ministerio de Finanzas de China ha indicado que el alcance de las medidas del Gobierno equivaldrá a unos 50 mil millones de dólares, en lo que fue una respuesta espejo de Pekín a la medida anunciada por Washington. 

    Para el profesor de Economía Política de la Universidad del País Vasco Joaquín Arriola, "lo que hay detrás de todo esto es un cambio de tendencia de coyuntura histórica espectacular, porque no olvidemos que en los últimos 60 años ha sido un período de creciente apertura de los flujos de comercio internacional, proceso de liberalización liderado precisamente por EEUU. Que ahora EEUU aparezca como la potencia proteccionista refleja la gravedad y la profundidad del cambio en la estructura económica y por tanto también política mundial al que estamos asistiendo".

    En todo este tiempo, es decir, desde que Trump en marzo anunciara los aranceles al acero y al aluminio, China puso siempre de relieve su espíritu de no querer entrar en una guerra, sino más bien sentarse a conversar. Justamente el diálogo entre ambos países podría tener su oportunidad en las próximas reuniones del FMI y el Banco Mundial en Washington entre los días 20 y 22 de abril, a donde acudirán ministros de Economía y Finanzas, así como los banqueros centrales del mundo. 

    Es previsible que el nuevo jefe del Banco Popular de China, Yi Gang, encabece la delegación del gigante asiático y pueda reunirse con el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, así como con el asesor económico jefe de la Casa Blanca, Larry Kudlow, y el presidente de la Fed, Jerome Powell. Pero aquí retumban las palabras perturbadoras, tajantes y belicosas que lanzó Mnuchin durante la cumbre del G20 en Buenos Aires entre los jefes de las finanzas de esos países: declaró que EEUU no teme a una guerra comercial debido al gran tamaño de su economía.

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    Al respecto, el analista explica que "es bastante probable que este conato de guerra comercial pueda terminar con una serie de concesiones chinas a las exportaciones norteamericanas. (…) El problema es qué es lo que le pueda comprar China a EEUU, porque lo más probable es que lo que China quisiera comprarle, EEUU no se lo quiera vender, y lo que EEUU le quiere vender, China no lo necesita. Con lo cual la solución por esa vía tampoco es tan sencilla", observa Arriola.

    Y mientras la seguridad nacional es la bandera de Trump para lanzar estos ataques, también existen otros riesgos de seguridad económica y nacional menos visibles que podrían entrar en la ecuación. Entre ellos, la completa dependencia de EEUU de las exportaciones chinas de elementos químicos como el escandio, itrio y los 15 elementos del grupo de los lantánidos que son procesados en forma metálica, el estado requerido para la mayoría de sus aplicaciones tecnológicas y de defensa.

    También se manejan otros factores como estrategias políticas del lado chino, como son el nacionalismo y el control que tiene Pekín sobre los títulos de EEUU. En este sentido, sólo en 2017 China le hizo perder 6.800 millones de dólares en turismo a Corea del Sur al provocar que las visitas de sus nacionales a ese país cayeran un 67% que, según la revista Time, fue en respuesta a la decisión de Seúl de albergar el sistema de defensa antimisiles THAAD de EEUU que Pekín considera una afrenta. En el caso de los bonos del Tesoro de EEUU, China posee 1,19 billones de dólares a octubre de 2017 o el 18,7% del monto total de la deuda.

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    En el sentido nacionalista, el experto incide en que China puede dejar de comprar ciertos productos a EEUU, y sustituir al país norteamericano con otros proveedores, y cita el ejemplo de la soja, a la que podría importar de Brasil.

    Pero el tema de los bonos del Tesoro es otra cosa para el profesor. 

    "Es verdad que si China intenta vender en el mercado sus enormes reservas en dólares, bajaría brutalmente la cotización del dólar, pero también perdería valor sustancialmente sus reservas. Con lo cual da la impresión que China a este respecto va actuar siguiendo su tradición: sin prisa, pero sin pausa. Por ejemplo, la decisión reciente de pagar sus importaciones de petróleo con yuanes, es una medida que va en esa línea de intentar de desprenderse de la necesidad de acumular dólares para pagar sus importaciones, y  hacer que su propia moneda cumpla la función que le correspondería como una de las principales potencias comerciales del mundo", concluye Joaquín Arriola.

    En definitiva, quien dio 'el' diagnóstico de esta guerra, fue el propio presidente de EEUU, Donald Trump: ​​"No estamos en una guerra comercial con China, esa guerra se perdió hace muchos años por la gente estúpida, o incompetente, que representaba a EEUU".

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    Etiquetas:
    guerra comercial, aranceles, Donald Trump, China, EEUU