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    Zagreb, la capital de Croacia

    A contracorriente: por qué este país europeo está apostando por la amistad con Rusia

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    Últimamente, Croacia ha estado cultivando sus relaciones con Rusia, que solían dejar mucho que desear.

    La presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, ha llamado a los países occidentales a normalizar las relaciones con Rusia y a entablar un diálogo con Moscú: "Veo a Rusia como un Estado fuerte, una potencia mundial con la que, en cualquier caso, tenemos que seguir hablando sobre muchos asuntos".

    Estas declaraciones causaron sorpresa, sobre todo porque se produjeron en un contexto de tensiones entre Occidente y el país euroasiático, aunque hay voces que apuntan a que las palabras de la presidenta croata pudieron estar motivadas por el temor a la carrera armamentista en los Balcanes, en la cual Rusia apoya inequívocamente a su socio histórico y estratégico: Serbia. La cuestión, sin embargo, es algo más complicada, considera Evgueni Krútikov, en su columna para Vzglyad.

    Pese a que la carrera armamentista ha sido un factor importante para explicar el giro croata, formalmente fue Zagreb quien inició la renovación de su artillería pesada —incluidos los lanzacohetes— de acuerdo con los estándares de la OTAN. Rusia, a su vez, entregó a Serbia seis MiG de segunda mano, lo que provocó alarma en Croacia.

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    La presidenta Grabar-Kitarovic primero se comportó "de una manera predecible, como lo haría cualquier exasesor del secretario general de la OTAN [cargo que ocupó]". Es decir, comenzó a acusar a Moscú de provocar una escalada en los Balcanes y de fomentar una nueva guerra al rearmar a la 'hostil' Serbia, recuerda el artículo.

    El comportamiento de la mandataria empezó a cambiar tras la elección del presidente estadounidense Donald Trump. En aquel momento entendió que las posiciones estadounidenses en los Balcanes eran cada vez más débiles y que Zagreb necesitaba con urgencia diversificar sus contactos internacionales, prosigue el análisis del periodista.

    La mandataria croata comenzó a allanar su camino hacia Moscú desde la esfera humanitaria. En el último año y medio, se erigieron en Zagreb, en un tiempo récord, monumentos a Alexandr Pushkin, Serguéi Yesenin y Yuri Gagarin —dos poetas rusos y el primer hombre en el espacio, respectivamente—.

    Ambos países también reforzaron su cooperación económica. El banco ruso Sberbank concedió un crédito de 1.000 millones de euros al gigante agrícola croata Agrokor, que se había declarado en quiebra tras tratar de expandirse sin éxito por los Balcanes. VTB, otro banco ruso, también invirtió en la empresa croata.

    Croacia consume una gran cantidad de petróleo y gas rusos, además, a través de sus puertos pasan más de 2,3 millones de toneladas de petróleo en su camino hacia los compradores de Europa del Este. A pesar de las sanciones, el comercio entre Croacia y Rusia también ha crecido de forma sostenida. 

    La presidenta de Croacia felicitó al líder ruso, Vladímir Putin, por su reelección como presidente de Rusia. Grabar-Kitarovic también "confirmó la invitación a Putin a visitar Croacia en plazos que sean aceptables por ambas partes".

    "No obstante, Croacia nunca se convertirá en un 'amigo para siempre' de Rusia por razones objetivas: su orientación hacia Occidente y la identificación casi total de la sociedad croata con Europa occidental simplemente no lo permitirían. Es un tema cultural y religioso, no económico o militar", concluye el columnista.

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    Etiquetas:
    relaciones bilaterales, cooperación, Kolinda Grabar-Kitarovic, Croacia
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