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    El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, declaró el 12 de enero que su país no abandonó la idea de ingresar en la Unión Europea. Sin embargo, en los últimos años Ankara ha perseguido la política del neo-otomanismo. Ahora Turquía tiene que elegir si opta por la vía europea o trata de restaurar la gloria del antiguo Imperio otomano.

    Según el líder turco, la UE se está haciendo frente a una incertidumbre que fue provocada por el Brexit —el proceso de salida de Reino Unido que concluyó el 1 de enero de 2021—. Erdogan cree que el ingreso de Turquía pondría fin a esta situación incierta. 

    El mandatario declaró que el proceso de integración a la UE, que se ha extendido por casi 60 años, es la elección estratégica de Turquía. Según añadió, a corto plazo la tarea principal será acelerar el proceso.

    No fue la primera vez que Erdogan habló de un renovado vigor en la integración de Turquía a la UE. En noviembre de 2020 el presidente turco llamó a la Unión a cumplir con sus promesas respecto al ingreso de la nación euroasiática en el bloque. Según Erdogan, Ankara está decidida a integrarse a la Unión y quiere construir su futuro junto a Europa. 

    Entretanto, muchos políticos europeos parecen tener cierto grado de escepticismo en cuanto a la membresía de Turquía en la Unión. En diciembre de 2020 los jefes de los ministerios de Exteriores de la UE expresaron que el "comportamiento" de Turquía en algunos aspectos se ha deteriorado últimamente.

    En su discurso del 12 de enero Recep Tayyip Erdogan insinuó que Europa es imposible sin Turquía y que tampoco es posible imaginar a Turquía sin Europa. 

    El líder turco habló de que los países europeos se niegan a entregar a Turquía los ciudadanos que son acusados de crímenes graves. Erdogan también recordó que los países de la Unión tienen un enfoque sesgado hacia el Estado turco y agregó que numerosos individuos que estuvieron detrás de la intentona golpista de 2016 se esconden allí.

    También habló de los lazos civilizatorios entre Turquía y Europa. Según Erdogan, los turcos como una nación ven su futuro junto a Europa, pero, además, señaló que a causa del sesgo antes mencionado la fe de los turcos en la UE se está debilitando. Aun así, los turcos todavía quieren ser parte de la familia europea y esperan que los países europeos también hagan un gesto de buena voluntad.

    El discurso de Erdogan ha sido bastante simbólico teniendo en cuenta que el líder turco lo pronunció ante los embajadores de los países miembros de la Unión Europea a quienes convocó en el Palacio Presidencial Çankaya en Ankara.

    Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía
    © AP Photo / Geert Vanden Wijngaert
    Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía

    Discrepancias frente al posible ingreso a la Unión

    Turquía firmó el acuerdo de asociación con los países de la Comunidad Económica Europea —predecesor de la UE— en 1963, y en 1987 presentó su candidatura a la CEE. Pero las negociaciones sobre la adhesión de Ankara a la Unión arrancaron solo en 2005 y fueron suspendidas en reiteradas ocasiones debido a numerosas discrepancias. 

    Bruselas volvió a considerar la candidatura turca solo en 2016 a cambio de la disposición de Ankara de hacer esfuerzos encaminados a reducir el flujo de migrantes a Europa. 

    Turquía es un país problemático desde el punto de vista de la UE porque cuenta con la mayor población de refugiados y personas que buscan asilo en el mundo. El número gira alrededor de 4 millones de personas. A los países miembros de la Unión les gustaría que esas personas se queden en Turquía y que no continúen su viaje a los países europeos.

    La UE teme abrir sus fronteras a Turquía y en Ankara lo entienden muy bien: los refugiados y migrantes provenientes de diferentes países de Oriente Medio han sido moneda de cambio en las relaciones entre Ankara y Bruselas durante los últimos años. Según la percepción de los miembros de la UE, la adhesión de Turquía lleva consigo demasiados riesgos de ahí que tal paso no merece la pena. 

    Al mismo tiempo, el punto de vista europeo radica en la percepción de Turquía como un Estado poco democrático. Bruselas a menudo subraya que Ankara no consigue alcanzar los mismos valores democráticos que los europeos profesan. Estas acusaciones han estado obstaculizando el proceso de integración de Turquía a la UE durante un rato. Erdogan no les gusta a varios líderes europeos por lo tanto parece poco probable que el país ingrese en la Unión mientras él siga en el poder.

    Su partido, AK Parti, se destaca por su ideología conservadora, de derecha y neo-otomana —ideología basada en la restauración de la influencia turca en las regiones que en el pasado formaban parte del Imperio otomano y fueron sus dependencias—. Las políticas realizadas por Erdogan en los últimos años también en gran medida siguen el patrón ideológico neo-otomano. Por lo tanto, es inusual oírle decir que su país no ha abandonado la idea de ingresar en la UE.

    Soldado turco sube la bandera de Turquía
    © AP Photo / Burhan Ozbilici
    Soldado turco sube la bandera de Turquía

    La agenda geopolítica turca y la incertidumbre que trae consigo

    Las posibles explicaciones para sus recientes retóricas proeuropeas serían: primero, las declaraciones se debían a un intento de volver a establecer las buenas relaciones con los países miembros de la UE que en los últimos años se han estancado y, segundo, la retórica de Erdogan es la respuesta a la popularidad de la idea de la adhesión de Turquía a la UE entre la población. Un sondeo en 2020 mostró que el 60% de los turcos apoyan esta opción.

    El partido creado por el legendario fundador de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Ataturk, CHP, tiene una agenda proeuropea, pero actualmente no tiene mayoría en el Parlamento turco ni juega un papel determinante en la política exterior turca, que últimamente ha sido caracterizada como neo-otomana. Al mismo tiempo, debe tenerse en cuenta que la Administración Erdogan rechazó el uso del término neo-otomanismo.

    En cualquier caso, es un hecho que Turquía participa activamente en los conflictos armados en Siria y Libia, cuenta con presencia militar en Chipre y apoyó a la ofensiva azerbaiyana en Nagorno Karabaj —que tuvo lugar entre septiembre y noviembre de 2020—. Todos estos territorios son de extrema importancia para Ankara y todos, sea coincidencia o no, pertenecieron al Imperio otomano en ciertas etapas de la historia. 

    Por cierto, el apoyo a Azerbaiyán tiene un lugar especial en la agenda geopolítica de Ankara: como los turcos y los azeríes dicen sus pueblos son bir millet, iki devlet, que se traduce al español como un pueblo, dos estados. 

    Para Erdogan la agenda neo-otomana no contradice las aspiraciones europeas de Turquía, pero los países miembros de la UE opinan lo contrario. La adhesión de Turquía a la Unión, creen ellos, podría introducir más incertidumbre en la situación en torno a la UE comparable solo con los efectos perjudiciales del Brexit, si bien para el líder turco evidentemente no es así. 

    Para Turquía el ingreso a la UE tampoco es buena idea ya que perdería parte de las cosas que valora más que todo: su soberanía y su influencia.

    Soldados turcos cerca de la frontera con Siria (archivo)
    © AFP 2020 / Ilyas Akengin
    Soldados turcos cerca de la frontera con Siria (archivo)
    Etiquetas:
    Azerbaiyán, Nagorno Karabaj, Europa, la Unión Europea, Recep Tayyip Erdogan, Turquía
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