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    Desde hace décadas, los presidentes estadounidenses de ambos partidos distribuyen una parte de los títulos de embajadores a algunos de sus donantes de campaña más generosos. Se espera que el presidente electo de EEUU, Joe Biden, ponga fin a esta práctica.

    "Más allá de la pompa y el prestigio social, ganas una residencia de lujo, un salario de seis cifras y enseñanza en una escuela privada para tus hijos, un cómodo estilo de vida diplomático financiado por los contribuyentes", escribió el columnista de The New York Times, Mattathias Schwartz.

    Si bien la práctica de conceder puestos diplomáticos a personas a cambio de favores financieros está técnicamente prohibida por la ley, el Congreso estadounidense la ha aceptado silenciosamente durante mucho tiempo, apuntó el periodista.

    De hecho, durante los mandatos de los cuatro últimos predecesores de Donald Trump —Barack Obama, George W. Bush, Bill Clinton, George H.W. Bush— cerca del 30% de los puestos de embajadores han sido nombramientos políticos. El otro 70% de las embajadas se comandó por funcionarios del Servicio Exterior, es decir, los profesionales entrenados especialmente para el cargo. Con Trump, el número de nombramientos políticos aumentó al 43%.

    Si bien algunos de esos nombramientos políticos son veteranos competentes en la política exterior o tienen experiencia con relación al país de la embajada en la que se asignan, muchos están principalmente calificados por su "disposición a invertir dinero en la campaña política de sus patrocinadores", subrayó NYT.

    "Somos el único país del mundo que opera de esta manera. Nadie más tiene un mercado abierto para las embajadas", dice Dennis Jett, embajador retirado, diplomático de carrera y autor del libro 'American Ambassadors' —'Embajadores estadounidenses'—.

    El presidente Jimmy Carter, quien gobernó EEUU de 1977 a 1981, intentó reformar el sistema y convertirlo en un proceso basado en el mérito supervisado por una junta de selección bipartidista. El Congreso del país hizo otro intento de limitar los nombramientos políticos con la Ley del Servicio Exterior de 1980. Sin embargo, el sistema de "compra de títulos" sigue vigente, estimulado por los altos costos de campaña y las aspiraciones de los ricos.

    Los embajadores de Estados Unidos son responsables de cientos de empleados gubernamentales y desempeñan un papel de gran importancia en casi todos los aspectos de la política estadounidense en el país en el que actúan. Más allá del riesgo obvio de dar un trabajo tan importante a personas incompetentes, la práctica de nominar donantes desmoraliza al Servicio Exterior, desperdicia oportunidades para desarrollar futuros líderes y presenta al mundo una cara cínica de EEUU, consideró Schwartz.

    Como el principal demócrata en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el presidente electo, Joe Biden, siempre se ha posicionado en contra de este sistema durante muchos años. Cuando ocupe la Presidencia de EEUU el venidero enero, finalmente tendrá la oportunidad de reformarlo. Sin embargo, no está claro si lo hará. Al preguntarle acerca del tema a principios de este mes, Biden se mostró reacio y solamente dijo que "nombraría a las mejores personas posibles".

    Para Schwartz, hubo un tiempo en que las alianzas estadounidenses eran lo suficientemente fuertes como para resistir a algunos embajadores ineptos, pero esa ya no es la realidad a día de hoy.

    "Si el Sr. Biden se toma en serio la restauración de la posición de Estados Unidos en el mundo, debería confiar esa tarea a los profesionales", concluyó el periodista.
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    diplomacia, embajadas, embajador, EEUU
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