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    Tensiones entre Francia y el islam (81)
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    La complicada situación que atraviesan las relaciones entre Francia y Turquía plantea varias cuestiones. Hacemos un repaso por la historia entre estos dos países y las razones que han llevado a que cada uno tome un camino opuesto, que los ha llevado a la situación actual.

    El traumático asesinato de Sammuel Paty, el profesor de secundaria que mostró caricaturas de Mahoma antes de ser decapitado, pone sobre la mesa una dura realidad: tras décadas de debate, seguimos sin saber si es más importante la libertad de expresión o el respeto a los sentimientos religiosos y, mientras tanto, aumentan cada año las víctimas de ataques terroristas, principalmente islámicos.

    Emmanuel Macron ha visto en este acto un claro "ataque a la República" y a los valores en los que se fundó la revolución de 1789 y que cuentan con un amplio apoyo del pueblo francés. Uno de los más importantes es, sin duda, el laicismo, por el que destaca el Estado francés desde 1905 y que ahora le está costando a París un boicot islámico generalizado orquestado por Ankara.

    Dos titanes enfrentados

    Los hechos que han encarado a París y Ankara han puesto de relieve que tanto Francia como Turquía están dispuestas a ir muy lejos por defender sus convicciones y valores más profundos.

    Y es que, con el embajador francés retirado temporalmente de Ankara y ante la controvertida puesta en duda de Recep Tayyip Erdogan sobre la salud mental de su par francés, las relaciones turco-francesas atraviesan momentos especialmente tensos.

    En estas condiciones, lejos quedan los buenos tiempos en que franceses y otomanos se daban la mano en una firme alianza en los siglos XVII y XVIII. Entonces, la adversidad, en forma de la Casa Habsburgo, unía a ambos pueblos en la defensa de sus intereses comunes, lo cual quedó plasmado en el segundo sitio de Viena de 1683, cuando los Borbones apoyaron a los turcos.

    Sin embargo, ahora parece que Francia y Turquía encuentran cada vez más razones para la discordia: en solo un año los hemos visto enfrentarse por las operaciones turcas en territorio kurdo del norte de Siria sin permiso de la OTAN, por las exploraciones de hidrocarburos de Ankara en el Mediterráneo oriental, por intereses contrapuestos en Libia… Y ahora también por el conflicto de Nagorno Karabaj.

    ¿Quién tiene razón?

    Ninguno de los dos países parece dispuesto a renunciar al liderazgo que un día los aupó a la clase de potencias de primer orden y que, a ojos de ambos, los legitima a cada uno para reafirmarse en su posición. En el caso del hexágono, siguen muy vivos los valores que nacieron de la Revolución francesa de 1789 y que allanaron el camino de las revoluciones venideras.

    Por su parte, Turquía es la heredera del Imperio otomano, que en su máximo esplendor llegó a expandirse por tres continentes y que estuvo en el centro de las interacciones entre Oriente y Occidente durante seis siglos. 

    Todo eso quedó atrás con la fundación de la República de Turquía en 1923 por parte de su primer presidente, Kemal Ataturk, quien inició una nueva etapa aconfesional en el país que llega hasta nuestros días. 

    No obstante, no hay que olvidar que en el país gobernado por Erdogan, durante 450 años los líderes espirituales del mundo musulmán suní fueron los califas y el actual presidente no parece querer desprenderse de esa parte de su historia. 

    De hecho, desde su llegada al poder en 2003, como primer ministro, el sistema ha visto un viraje hacia lo tradicional en la política, el derecho y la sociedad, alejándose del secularismo y de la occidentalización que caracterizó al kemalismo.

    Desde hace 15 años, entre los rumores del llamado Neotomanismo, Recep Tayyip Erdogan se viene erigiendo como uno de los grandes líderes del mundo musulmán: ya sea en lo que respecta a la diáspora en Europa, a Palestina o, en este caso, a todos los musulmanes que se han sentido atacados por la actitud de Macron.

    No es fácil saber qué pasos concretos o qué compromisos debería adoptar cada parte en este conflicto, pero resulta claro que tanto París como Ankara harían un buen gesto si enterraran el hacha de guerra e hicieran una apuesta firme por la diplomacia. Tras un duro año de pandemia y de sus terribles consecuencias, tanto Francia como Turquía saldrían ganando si no es el pasado y su antigua grandeza lo que ponen en primer plano y aprenden a ir más allá.

    Tema:
    Tensiones entre Francia y el islam (81)
    Etiquetas:
    conflicto, alianza, Recep Tayyip Erdogan, Emmanuel Macron, Francia, Turquía
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