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    A pesar de las garantías de Seúl de resolver la cuestión con la labor de los activistas que violan los acuerdos intercoreanos, Corea del Norte ha dejado claro en una serie de declaraciones que no va a confiar en su vecino y actuará como con un enemigo.

    Corea del Norte ha destruido la simbólica oficina de enlace intercoreano ubicada en la ciudad fronteriza de Kaesong. Asimismo, se estudia la posibilidad de enviar las tropas a la zona desmilitarizada entre las dos Coreas. Además, los militares están listos para abrir la frontera para que los "norcoreanos comunes" que están furiosos con las acciones de Seúl puedan enviar sus folletos.

    El uso de propaganda antigubernamental y otras operaciones psicológicas por parte de Corea del Sur siempre ha sido motivo de preocupación para Pyongyang. En este contexto se proclamaba una prohibición explícita de tales acciones tras las negociaciones intercoreanas de 1972, 1992, 2004 y, más recientemente, en 2018. 

    Folletos de propaganda antinorcoreana

    Pero si al principio se trataba más bien del uso de estos métodos por los militares, a partir de la década de 2000 el papel principal en la distribución de folletos y otros artículos que socavan la confianza en las autoridades de la República Popular Democrática de Corea comenzó a ser desempeñado por las ONG. Las más activas organizaciones son lideradas por desertores, que piden abiertamente el derrocamiento del Gobierno norcoreano.

    En 2014, tras varias advertencias oficiales, el ejército norcoreano ya entró en acción al derribar de cañones antiaéreos los globos que transportaban folletos a través de la frontera el Día de la Fundación del Partido Laborista de Corea. Nadie resultó herido en ese momento, pero parte de la munición cayó sobre estructuras militares y civiles en Corea del Sur, lo que provocó un intercambio de disparos entre los puestos de guardia y casi dio lugar a un enfrentamiento en toda regla con artillería y aviones.

    Después de eso, las autoridades comenzaron a oponerse periódicamente al lanzamiento de folletos, en respuesta a lo cual los activistas trataron de protestar contra la decisión, exigiendo una compensación del Estado por el sufrimiento moral causado. Sin embargo, tras largos procedimientos, el Tribunal Supremo del país dictaminó en 2016 que, dado que sus acciones habían puesto en peligro considerablemente la vida de otros ciudadanos, era lícito y justificado restringir la libertad de expresión en este caso. También ha habido repetidos intentos en el Parlamento de Corea del Sur de convertir la prohibición de la distribución no autorizada de folletos en una ley, pero todavía sin éxito. 

    En los últimos 10 años, los activistas han enviado más de 20 millones de folletos a Corea del Norte. Al principio eran unos 30.000 a la vez, ahora son medio millón junto con billetes de dólar y tarjetas de memoria.

    A pesar del continuo tono amistoso en la relación entre Seúl y Pyongyang, en 2019 hubo diez descargas de folletos, y tres más este año. La última tuvo lugar el 31 de mayo, poco antes de la primera declaración de Kim Yo-jong, que planteó la pregunta seriamente. 

    Sin embargo, según el jefe de la ONG que organiza los lanzamientos, la fuerte reacción de Corea del Norte se debió a un lanzamiento anterior realizado con un dron en abril. Supuestamente había hecho un vuelo exitoso hasta Pyongyang, y los rumores ya se propagan en la capital. Seúl niega oficialmente que ningún avión haya cruzado la frontera con el vecino del norte.

    Volver a las raíces

    De esta manera, en sólo 2 semanas las relaciones intercoreanas han pasado de un estancamiento pacífico a una amenaza directa de enfrentamientos militares. En la víspera del vigésimo aniversario de la primera cumbre de líderes del Norte y del Sur, la RPDC cortó todas las líneas de comunicación con Corea del Sur, incluidos los canales militares directos que se habían establecido justo en virtud de los acuerdos intercoreanos de 2000.

    La insatisfacción norcoreana con el cumplimiento de las promesas hechas por Seúl comenzó a manifestarse en noviembre pasado cuando Kim Jong-un anunció la necesidad de demoler los edificios viejos en la zona turística de Kumgangsan, que era uno de los símbolos de la cooperación bilateral. La pandemia del coronavirus aplazó la realización de esta decisión. 

    No obstante, desde entonces en las relaciones intercoreanas no hubo progreso. 

    Por la falta de una reacción adecuada a la distribución de folletos Pyongyang amenazó con demoler el complejo industrial de Kaesong y retirarse del último acuerdo militar.

    Por su parte, Corea del Sur retiró el registro legal a las organizaciones responsables de la distribución de folletos y pidió a las autoridades investigadoras que llevaran ante la justicia a los activistas antinorcoreanos por violaciones de la legislación vigente en materia de intercambios y cooperación intercoreanos y de seguridad aérea.

    La policía, a su vez, vigila la dirección de los vientos y registra todos los sitios desde los que se puede hacer el lanzamiento. Sin embargo, dado que los grupos de desertores ya han anunciado su intención de enviar otro lote de folletos al 70 aniversario del estallido de la guerra de Corea, el 25 de junio, la situación podría pronto descontrolarse, cree Cheong Seong-Chang, director del Centro de Estudios de Corea del Norte del Instituto Sejong. 

    Según su opinión, la designación de Corea del Sur como enemigo significa que Pyongyang vuelve a los métodos aplicados durante la Guerra Fría.

    "Esto significa no solo la posibilidad de detener los intercambios y la cooperación, sino también de realizar operaciones especiales o activar la labor del Frente Único con miras a organizar un golpe de Estado o un cambio de Gobierno en el Sur", enumera el experto.

    El especialista ve las señales de esta política en las reuniones de los residentes norcoreanos en espacios abiertos y realización de la educación ideológica, llamando al Sur el enemigo.

    "La probabilidad de que todo se limite a una retórica formidable es pequeña, así que a menos que el Gobierno [surcoreano] tome medidas urgentes, la situación ya no puede revertirse", alertó.

    Explicó que tras la demolición del Complejo Industrial de Kaesong, las unidades del Ejército que antes estaban en la retaguardia serán puestas en primera línea, seguido de la ruptura del acuerdo militar del 19 de septiembre de 2018.

    En su opinión, de esta manera Pyongyang traslada su descontento por el fracaso de las negociaciones con EEUU a Corea del Sur. 

    Sin embargo, Corea del Norte se aleja de los principios establecidos en la Declaración Conjunta Norte-Sur de hace 20 años, en la que se proponía que todas las cuestiones relativas a las relaciones bilaterales se resolvieran "dentro de nuestra nación", considerándose mutuamente como un interlocutor de pleno derecho, indicó.

    La reanudación de la carrera de armamentos y el enfrentamiento de los sistemas solo conducirán a la destrucción mutua y a la pérdida de bienestar de los ciudadanos, subrayó Cheong Seong-Chang, por lo que las partes no deben retrasar la cooperación en epidemiología, medicina y otras esferas en las que la cooperación es posible y los intereses de los países obviamente se superponen. 

    El enemigo sigue siendo el enemigo

    Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Sur, la mayoría de los folletos enviados al Norte en globos o botellas que se producen en las aguas costeras no llegan finalmente al territorio de la República Popular Democrática de Corea y se acumulan en el Sur, formando solo montones de basura. Sin embargo, las autoridades norcoreanas reiteran que nunca perdonarán a aquellos que "insulten nuestra sagrada dignidad superior".

    Sin embargo, el lanzamiento de los folletos es solo un pretexto para Pyongyang, cree Kim Dong-yup, profesor del Instituto de Estudios del Lejano Oriente de la Universidad de Kyungnam. 

    "La situación no se limita solo a los folletos, Corea del Norte solo buscaba una excusa para expresar su descontento y desconfianza acumulados en relación a Corea del Sur, y los folletos fueron muy útiles, señaló al precisar que la situación actual no puede ser calmada por un solo asunto.

    Con esta escalada de las relaciones con Corea del Sur, Pyongyang busca no reiniciar el diálogo con Seúl, sino lograr la no interferencia en los asuntos internos para que Corea del Norte pueda concentrarse plenamente en el desarrollo económico, afirmó.

    "Veo en esto un sincero llamamiento a Seúl para que deje de hablar de la básicamente fallida mediación entre los Estados Unidos y la República Popular Democrática de Corea, o de la asistencia y la cooperación, con la vista puesta constantemente en las sanciones", declaró el experto.

    Según su opinión, Pyongyang necesita explicar a sus ciudadanos por qué el país está en una situación tan difícil, teniendo en cuenta las sanciones agravadas por la pandemia

    "La ruptura de las relaciones con el Sur no es una medida de cohesión interna ni una señal externa de preparación para las negociaciones, sino una demostración de que no se rendirán, no harán concesiones y continuarán su camino", cree el científico.

    Según él, los planes anunciados por el Estado Mayor del Ejército Popular de Corea explican las promesas anteriores de iniciar "trabajos en las zonas fronterizas que darán dolor de cabeza al Sur" y al mismo tiempo "dar al menos alguna salida a la indignación de nuestro pueblo".

    En este contexto el anuncio de la distribución de los folletos por parte de los norcoreanos "no es tan inofensivo como podría parecer", cree el experto.

    "Al fin y al cabo, el envío masivo de folletos por parte de los norcoreanos está previsto mediante "la apertura del frente terrestre y de numerosas zonas marítimas en el suroeste y las medidas de seguridad necesarias", recordó. Explicó que estas medidas pueden incluir la participación de los militares. 

    El regreso de las tropas norcoreanas a las "zonas desmilitarizadas en virtud de los acuerdos intercoreanos" significa también, como mínimo, la renuncia al acuerdo militar de 19 de septiembre de 2018, que preveía el establecimiento de zonas de amortiguación en las áreas fronterizas en las que antes se producían enfrentamientos, señaló. 

    Sin embargo, en el futuro también puede interpretarse como el regreso de las tropas norcoreanas al Complejo Industrial de Kaesong, actualmente inactivo debido a las sanciones, situado a solo 50 km de Seúl, alertó Kim Dong-yup.

    "En cuanto a las posibles soluciones, solo expresaré la esperanza de que las medidas preventivas destinadas a gestionar los riesgos para la paz a largo plazo ocupen un lugar central en vez de la eliminación o evitación de las amenazas a la seguridad a corto plazo", concluyó el experto.
    Etiquetas:
    Zona Desmilitarizada, península de Corea, Corea del Sur, Corea del Norte
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