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    El expresidente de Argentina, Raúl Alfonsín

    Claves para entender el radicalismo, la histórica fuerza argentina que debate su alianza con Macri

    © AFP 2019 / Daniel Luna
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    El radicalismo argentino pone a prueba su unidad y decide su continuidad dentro de la coalición oficialista Cambiemos. Sputnik recorre la historia de este movimiento, el segundo con más afiliados del país y que nuevamente define su identidad y su futuro.

    El oficialismo se encuentra en uno de los momentos más difíciles de la precampaña. La Unión Cívica Radical (UCR), movimiento histórico que conforma a nivel nacional el bloque oficialista Cambiemos junto con el partido Propuesta Republicana —Pro, del presidente Mauricio Macri—, cuenta con sectores que plantean la necesidad de impulsar una interna en las primarias o tomar distancia para formar nuevas alianzas.

    ​A pocas semanas del cierre de las candidaturas para las elecciones de 2019, este es el principal tema que se discute en Parque Norte, el complejo de Buenos Aires donde se está realizando la Convención Nacional de la UCR, un evento sobre el cual están puestas las miradas de los analistas políticos.

    En el seno del radicalismo se disputan tres corrientes: una, que propone romper con el Pro y crear un frente con otros partidos; otra, que considera que se debe aliar con los peronistas no afines con el kirchnerismo; y finalmente, una corriente que se manifiesta proclive a seguir aliados con el macrismo, aunque con mayor participación y posibilidad de candidaturas alternativas a la del presidente.

    La convención dirá qué vía seguirá institucionalmente la UCR, un dato no menor en unos comicios marcados por la incertidumbre, en un convulsionado contexto de crisis económica. Con motivo de este evento, en Sputnik te explicamos todo lo que tienes que saber de este partido.

    Los inicios del radicalismo

    El peronismo y el radicalismo son los dos movimientos políticos que han forjado la democracia en Argentina, el primero como fuerza representativa de los intereses populares a partir de la segunda mitad del siglo XX y el segundo caracterizado como la plataforma de las clases medias en rechazo del poder de facto de la aristocracia y los militares, con grandes hitos a lo largo de todo el siglo pasado.

    La UCR fue fundada en 1891 por Leandro Alem, político que encabezó dos insurrecciones armadas frustradas contra los Gobiernos de la oligarquía, que impedía el voto libre y secreto y gobernaba de forma corrupta y despótica. Sus banderas eran: libertad política, honradez administrativa, impersonalidad de la coalición y sentimiento nacional.

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    Las revueltas fracasaron y el movimiento se desarmó debido a la segunda derrota en 1893 y el suicidio de Alem en 1896. En 1903, Hipólito Yrigoyen, sobrino de Alem y quien se había distanciado de su tío durante la revolución, refunda la UCR e impulsa dos años más tarde un nuevo alzamiento armado, que tampoco prosperó pero que les dio impronta y poder de presión.

    "El movimiento lo encabezan Alem e Yrigoyen, los dos próceres máximos del origen de la Unión Cívica Radical, destacada por el principismo y la escala de valores vinculada al primero y la intransigencia ante el régimen que representó el segundo", dijo a Sputnik Miguel Ponce, coordinador de la Comisión de Economía de la Convención Nacional de la UCR y director del Centro de Estudios para el Comercio Exterior Siglo XXI.

    En 1912, Yrigoyen consigue que el Gobierno del presidente Roque Sáenz Peña apruebe la ley de voto universal, secreto y obligatorio, pero exclusivo para varones, debido a la resistencia por parte de un Congreso conformado principalmente por conservadores. El voto femenino tendría que esperar hasta 1947, cuando se promulga la ley, y a 1951 para su primera puesta en práctica.

    El Gobierno de Yrigoyen

    En 1916, el radicalismo arrasa en las elecciones y al primer gobierno de Yrigoyen (1916-1922) le sigue el de Marcelo Alvear (1922-1928) y un nuevo mandato de Yrigoyen (1928-1930), interrumpido por el primero de numerosos golpes militares que durante el siglo XX demolerán los cimientos de la frágil democracia en el país. Cabe destacar que este golpe fue también respuesta a las rupturas internas dentro del partido y fue apoyado por radicales opuestos a la figura de Yrigoyen.

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    Los gobiernos radicales instalan políticas nacionalistas como la creación de la petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), el desarrollo de la red de ferrocarriles en el territorio, la reforma universitaria, una política exterior en pos de autonomía y cambios en leyes para regular los sistemas laborales con jornadas de ocho horas y domingos de descanso.

    Además, el desarrollo de los servicios de comunicación y tecnología así como la venta de automóviles se expanden debido al crecimiento de la clase media.

    Luego de un periodo de gobiernos militares autoimpuestos, aparece la figura de Juan Domingo Perón como gran líder popular en 1945 y sus dos mandatos como presidente (1946-1955), período en el que la UCR se posiciona en las antípodas. Aunque ciertas corrientes comparten la luchas sociales y la defensa de los trabajadores aplicadas por el peronismo, el radicalismo apoya las insurrecciones contra Perón y participa del golpe de Estado que lleva al presidente al exilio y proscribió su partido.

    Las fracturas en el radicalismo

    Luego del golpe, el radicalismo se divide entre quienes apoyan la 'Revolución Libertadora' y quienes buscan el regreso de la democracia. El candidato de la Unión Cívica Radical Intransigente, Arturo Frondizi, pacta en secreto con Perón y recibe el apoyo de las bases peronistas para las elecciones de 1958. Durante su mandato (1958-1962), impone la corriente del Desarrollismo en el país, que pretendía impulsar la industrialización de la Argentina a través de la apertura a las inversiones del capital extranjero.

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    Frondizi levanta la proscripción del peronismo y se niega a anular las elecciones en las que esta fuerza gana la gobernación de la provincia de Buenos Aires en 1962. Por esto es removido de su cargo a través de un nuevo golpe militar y es encarcelado, a la vez que el peronismo es nuevamente prohibido.

    El radicalismo vuelve a ganar otras elecciones presidenciales, monitoreadas por los militares, con Arturo Illia a la cabeza (1963-1966), tres años de un Gobierno en constante tensión y baja popularidad, muy criticado por los medios, y que sin embargo fue reivindicado por la historia.

    Durante su mandato, crecieron el PBI 17,5 % y la producción industrial 30 %, disminuyeron la desocupación y la deuda externa, se dedicó un 23 % del presupuesto a la educación y la alfabetización, y se sancionaron leyes fundamentales como la de salario mínimo y la de regulación de medicamentos.

    Illia es también derrocado por otro golpe militar autodenominado Revolución Argentina, que disuelve los partidos. Durante este período la política pasa a suceder en las universidades, donde el movimiento cordobés Franja Morada toma protagonismo, aliado a partir de 1968 a la Junta Coordinadora Nacional, un grupo de jóvenes radicales.

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    En 1973 se instaura nuevamente la democracia pero el radicalismo pierde las elecciones ante el peronismo que —primero bajo la figura de Héctor Cámpora, luego por el propio Perón y seguido por su mujer Isabel luego de su muerte en 1974— gobierna hasta 1976, año en que se instaura la última dictadura, conocida como el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983).

    Raúl Alfonsín y la restauración democrática

    "El siguiente Gobierno radical, interpretando un sentir muy grande de libertad y de reivindicación de los Derechos Humanos, es encabezado por Raúl Alfonsín [1983-1989]. Hace lo que ha pasado a la historia como el juicio a las juntas militares, algo inédito que no se pudo realizar en ningún otro país del mundo", opinó Miguel Ponce.

    "Con las características genocidas que tuvo el último gobierno militar en la Argentina, llevar a las juntas al banquillo de los acusados es considerado en términos históricos como un proceso superior que el juicio de Nuremberg [por los crímenes de lesa humanidad llevado a cabo por el régimen de la Alemania nacionalsocialista]", valoró el dirigente radical.

    El Gobierno de Alfonsín termina con una crisis económica que hunde al país en un período de hiperinflación que lo obliga a terminar su mandato unos meses antes de lo previsto. Desde entonces la UCR no ha logrado acceder al poder de forma autónoma. El peronismo vuelve al poder durante la década de los 90 con Carlos Menem como presidente y el radicalismo constituye en 1999 la Alianza, un bloque político en el que participan otros partidos.

    La crisis de 2001 y el rol del radicalismo en los últimos años

    El radical Fernando De la Rúa tuvo otro Gobierno interrumpido, esta vez por la crisis de 2001, la peor debacle financiera e institucional desde el regreso de la democracia. Este golpe económico y social, con un altísimo costo político, le ha costado al radicalismo su legitimidad popular desde entonces.

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    Los pesos argentinos
    © REUTERS / Marcos Brindicci
    Luego de doce años de gobiernos peronistas del matrimonio Kirchner (2003-2015), que contó en su momento con el apoyo de algunos exponentes escindidos del radicalismo, esta fuerza fue parte esencial para el armado de la coalición Cambiemos, con infructuosos accesos al Poder Ejecutivo sino principalmente limitado a ser contenedores en las provincias de esta fuerza, una coalición que pareciera causarle más dolores de cabeza que un lugar central en la política nacional.

    Hoy, la política argentina se define por las rupturas y las alianzas. Así como el peronismo se encuentra dividido en diversos frentes, el radicalismo sigue unido pero polarizado, envuelto en un dilema que lo obliga a continuar atado a un modelo económico que no comparte o ante la posibilidad de intentar acercamientos con los sectores más moderados del peronismo, un acercamiento que hubiera parecido insospechable en otras épocas.

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